Capítulo 106
La empresa Trasteros Lakeside estaba a las afueras de Madison, a orillas del lago Mendota.
Ethan y Maddie habían pasado dos horas en la laguna después de informar del lugar donde se encontraba el cadáver de Callie.
Ethan respondió a las preguntas de los agentes que acudieron primero, esperó para hablar con los detectives y pasó media hora conversando con Mark Jones cuando el gobernador apareció a las once de la noche.
—Mantén el teléfono encendido —dijo Ethan, de pie junto a la ventanilla del conductor.
Maddie levantó el móvil.
—Listo.
—Y estate preparada para disparar.
Ella alzó su pistola semiautomática Smith le dolía el hombro y no había vuelto a colocarse el cabestrillo.
Cuando introdujo la llave que había recibido por correo, la puerta se abrió con un chirrido.
Vio un interruptor en la pared y, cuando lo accionó, el interior se iluminó.
En el centro del espacio de unos seis por seis metros, había una mesa con una caja de cartón encima.
Avanzó despacio hasta allí, luchando contra una fuerza invisible que le decía que no debía ver lo que le esperaba sobre la mesa.
Al acercarse, divisó más de veinte fotos dispuestas pulcramente sobre la mesa, alrededor de la caja.
La primera imagen que vio lo hizo caer de rodillas: una fotografía brillante de 20 x 25 centímetros que lo dejó sin aire.
Intentó ponerse de pie, pero las piernas no lo sostenían.
Se desplomó y al girar para caer sentado, arrastró consigo la caja de cartón y el contenido se desparramó por el suelo.
Decenas de antiguas cintas de audio y de vídeo chocaron contra el cemento a su alrededor y una lluvia de fotos cayó desde la mesa.
La imagen que había desencadenado todo aterrizó en su regazo.
Ethan la acercó a su rostro. Mostraba a una Maddie Jacobson de dieciséis años, inconsciente y atada a una silla.
En el pecho, tallado en su pecho izquierdo, se veía un corazón negro.
De pie a cada lado de ella, sonrientes y orgullosos de su trofeo estaban un joven Francis Bernard y el padre de Ethan. El detective Henry Hall.