Capítulo 103
El martes por la noche, Ethan logró enfrentarse a la tormenta y llevar a Maddie al hospital de Duluth, que contaba con un centro especializado en traumatismos graves.
Se detuvo para montar a Kai en el asiento trasero, aunque sabía que ya era demasiado tarde.
Al llegar al hospital, solo se pudo certificar la muerte del anciano de la tribu chippewa.
A Maddie la trasladaron de inmediato a un quirófano.
Ethan recibió atención en urgencias, lo ingresaron esa misma noche y le dieron el alta el jueves por la mañana.
Pasó la mayor parte del miércoles en una cama de hospital, hablando con policías y detectives sobre la carnicería que había tenido lugar en su amada cabaña de pesca junto al lago.
El médico forense identificó a la mujer rubia como Harriett Alshon y se confirmó que era la que aparecía en las fotografías de la cámara del furgón de traslado de presos.
Su cadáver fue encontrado dentro de la cabaña de Ethan.
El forense determinó que la causa de su muerte había sido la pérdida masiva de sangre provocada por una herida punzante en el abdomen que había perforado la vena cava inferior.
Pete y Ethan, con un brazo colgado de un cabestrillo, se encontraban ahora en la orilla del río Heaven.
La cabaña estaba detrás de ellos, acordonada con cinta amarilla.
El río se había calmado, aunque seguía crecido.
Los buzos de la DIC salían a la superficie y volvían a sumergirse para rastrear el lecho del río en busca del cuerpo de Francis Bernard.
Tres embarcaciones, también de la división, recorrían de un lado a otro el lago Morikawa, dragando el fondo.
Finalmente, uno de los buzos emergió con algo en la mano. Se quitó la máscara y el regulador de buceo.
—He encontrado una camiseta, jefe.
Otro agente se acercó al buzo en la orilla y metió la prenda en una bolsa de plástico, que luego entregó a Ethan y a Pete. Ambos la examinaron a través del plástico. Estaba manchada de sangre y muy desgarrada. Ethan recordó haber sujetado a Francis de la camiseta la noche del martes.
—¿Es tuya o de él? —preguntó Pete.
—Yo no llevaba camiseta. Se la di a Maddie para taponarse la herida. Tiene que ser suya.
—Ya hemos dragado dos veces —dijo el agente—. Aún no hemos encontrado nada.
—El río estaba desbordado —dijo Ethan—. No me sorprendería que la corriente lo hubiera arrastrado hasta el centro del lago.
—Seguiremos buscando —dijo el policía—. Y traeremos un sonar para facilitar la tarea.
A pesar de los esfuerzos, el viernes a última hora el cuerpo de Francis Bernard seguía sin aparecer.