La marca del psicópata Capítulo 102
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Capítulo 102

—¡Anda, ve! —susurró Maddie, forzando las cuerdas vocales dañadas.

—No voy a dejarte —respondió Ethan—. Tenemos que ir al hospital.

—No servirá de nada si él sigue ahí fuera. —Los ojos se le llenaron de lágrimas—. Por favor, Ethan, ¡encuéntralo!

Ethan asintió.

—De acuerdo —susurró mientras acariciaba la mejilla de Maddie, todavía afectada por la parálisis de Bell desde la primera vez que Francis Bernard le había puesto las manos encima.

Se volvió y salió corriendo de la cabaña hacia la noche, bajo la lluvia ensordecedora e implacable.

Su Bronco había dejado bloqueado el Range Rover en la entrada, impidiendo que Bernard lo utilizara para escapar.

Miró en todas las direcciones. Un relámpago iluminó la oscuridad y le permitió divisar una figura que cruzaba por un lado del jardín en dirección al río.

Corrió tras él hacia la orilla, resbalando en la hierba y tropezando con las piedras.

A medida que se acercaba al río Heaven, vio que la corriente bajaba con furia y los rápidos rugían aún más que la lluvia.

No tardó en alcanzarlo. Cuando la distancia entre ellos se redujo a unos pocos pasos, Ethan se lanzó sobre él. Ambos rodaron por el terraplén y cayeron al agua embravecida. Gritó de dolor por la herida de bala en el hombro izquierdo mientras luchaban en el agua.

Al ponerse de pie, sintió que un golpe le rozaba la sien: Francis había intentado alcanzarlo con una pesada piedra que había cogido del lecho del río.

Ethan le dio una patada en el pecho y lo hizo retroceder hacia los rápidos. Como una cinta transportadora desbocada, la corriente arrastró a Francis Bernard río abajo. Sin pensarlo, Ethan se lanzó tras él y dejó que la corriente colaborara con la persecución.

Conocía bien el río por haberlo recorrido infinidad de veces pescando truchas.

Entendía su topografía y sabía que la lluvia torrencial había elevado el nivel del agua hasta cubrir las rocas que normalmente sobresalían de la superficie.

Adoptó una posición casi sentada para atravesar los rápidos, y levantó las piernas para rebotar contra las rocas sin que los pies se le engancharan.

Francis estaba más abajo en la corriente y Ethan se dio cuenta de que no tenía idea de cómo moverse en los rápidos.

Rebotaba contra las rocas como una bola de pinball ; finalmente, desapareció bajo la superficie.

Un instante después volvió a emerger. Ethan casi no alcanzó a ver su cabeza cuando pasó a su lado a toda velocidad.

Lo sujetó de la camiseta blanca, y juntos se precipitaron por un canal de agua y atravesaron los rápidos siguientes.

Cuando salieron a aguas tranquilas, el nivel había descendido lo suficiente como para que Ethan pudiera ponerse en pie.

Aún sujetaba a Francis, que estaba empapado y exhausto.

Le lanzó un golpe seco a la cara; justo cuando comenzaba a arrastrarlo hacia la orilla, cayó un rayo poderoso sobre un árbol río arriba.

El crujido de la madera al partirse fue ensordecedor.

El árbol se incendió al instante y cayó al río como si un leñador lo hubiera hachado por la base.

La furia del agua lo arrancó de la orilla y lo lanzó hacia los dos hombres.

Solo tardó un segundo en alcanzarlos. Ethan soltó la camiseta de Francis y se sumergió.

Justo antes de hundirse, alcanzó a ver que Bernard no había reaccionado con la misma rapidez.

Un remolino hizo girar a Ethan bajo el agua. Su pie encontró una roca y se impulsó con ella; tras liberarse del remolino, volvió a mezclarse con la corriente veloz. Los rápidos lo arrastraron río abajo y lo hicieron rebotar contra las rocas, hasta que por fin lo expulsaron al lago Morikawa.

Nadó perpendicular a la corriente hasta alcanzar aguas más tranquilas y se quedó mirando, esperando que Francis Bernard emergiera. El agua helada le había adormecido el hombro y mitigado el dolor. Pero se mantenía a flote solo con las piernas y el brazo derecho, y no podría resistir mucho tiempo.

La lluvia dificultaba la visibilidad. Ethan vigiló la desembocadura del río en el lago durante un minuto y luego nadó hacia la orilla.

Se arrastró sobre las rocas, jadeando, sin dejar de mirar a su alrededor, buscando a Francis bajo la lluvia. Pero el río no lo entregaba a las aguas del lago.

Supuso que había quedado atrapado bajo el tronco caído y corrió río arriba hasta el lugar donde había quedado encajado entre dos grandes rocas.

El agua hervía alrededor del tronco y se arremolinaba sobre él. Ethan tuvo la suficiente sensatez como para no volver a meterse en el agua. Exhausto tras la lucha y con un solo brazo útil, no sería rival para la corriente una segunda vez.