La marca del psicópata Capítulo 101
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Capítulo 101

La mujer abrió mucho los ojos, dejó caer la pistola y miró la lanza que le había atravesado la cavidad torácica. La sujetó con ambas manos y, de forma increíble, tiró de ella a través de su propio cuerpo, sacándola por completo.

Ethan yacía en el suelo, incapaz de hacer otra cosa que contemplar la escena.

Maddie, que estaba detrás de la mujer rubia, soltó la lanza en el momento en que ella la arrastró fuera de su cuerpo.

Ethan sabía que si no se le habían perforado órganos vitales, tal vez habría existido alguna posibilidad de que la mujer sobreviviera a una herida así, pero solo si la lanza hubiera permanecido en su sitio hasta llegar a un cirujano.

Al quitarla, esa posibilidad desaparecía.

Cuando la lanza salió de su pecho, empezó a brotar sangre como de un grifo abierto.

Aturdida y desconcertada, la mujer se quedó mirando la sangre, sin siquiera intentar detenerla.

Empalideció de pronto y cayó al suelo junto a Ethan.

A pesar de que le zumbaban los oídos y sentía un dolor punzante en la sien, él todavía estaba consciente como para sentir la sangre tibia de la mujer extendiéndose a su alrededor.

Maddie retrocedió tambaleándose, se llevó la mano al costado y se desplomó en una silla. Ethan consiguió ponerse a cuatro patas y se arrastró hasta ella.

—¿Qué te ocurre? —preguntó.

—Una herida de bala —respondió Maddie con voz ronca, las cuerdas vocales dañadas por la presión del cable—. Me atravesó de lado a lado. Salió por delante.

Ethan sacudió la cabeza para despejar la mente.

Con un ardor insoportable en el hombro izquierdo, arrancó lo que quedaba de la camiseta de Maddie para ver la herida de salida.

Supuraba sangre roja y espumosa. Se quitó su propia camiseta por la cabeza, haciendo una mueca de dolor, y la apretó contra la herida.

—Presiona ahí.

Le revisó la espalda y encontró la herida de entrada. Era más pequeña y casi no sangraba.

—Bien —murmuró, preguntándose cuánto tiempo podría resistir Maddie la hemorragia interna. ¿Lograrían llegar al hospital de Duluth?

—¡Ethan! —exclamó Maddie entre jadeos.

Ethan levantó la vista y vio a Francis Bernard abrir la puerta principal y salir tambaleándose bajo la tormenta.