La marca del psicópata Capítulo 88
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Capítulo 88

Tardaron dos horas en poner a Kai al tanto de todo lo sucedido durante el verano y de los acontecimientos que se habían desencadenado desde el fin de semana del Día de los Caídos, la última vez que estuvieron en el lago Morikawa.

Ethan le habló de Francis Bernard y de la perturbadora conexión que ese hombre tenía tanto con su vida como con la de Maddie.

Kai oyó a Maddie mientras revivía la estremecedora historia de cómo, siendo adolescente, logró escapar del hombre que la llevó a la orilla del lago Michigan para matarla del mismo modo en que había asesinado a otras ocho mujeres aquel verano.

Ambos le contaron cómo se conocieron dos años atrás, en la primera audiencia de libertad condicional de Francis, y se enamoraron casi de inmediato.

Maddie también le habló de las diez cartas que había recibido —todas con matasellos de Boscobel y firmadas con un corazón negro— en las que él le prometía terminar lo que había empezado años antes.

—¿Y ese hombre se ha fugado de la cárcel? —quiso saber Kai.

—Ayer por la mañana —respondió Maddie.

—Y creemos que mató a una mujer en Milwaukee.

Una terapeuta que lo trataba y que ayudó a facilitar su traslado.

También es posible que esté implicado en otro homicidio, el de una mujer llamada Eugenia Morgan, que creemos que fue su cómplice en la fuga.

Las autoridades todavía están intentando encajar todas las piezas.

Pero hasta que lo encuentren, pensé que este sería el mejor lugar para Maddie.

Kai asintió.

—Aquí estaréis a salvo. Es un lugar tranquilo, aislado. Espero que os quedéis mucho tiempo.

—El tiempo que haga falta, hasta que mis compañeros encuentren a Francis —dijo Maddie.

Kai miró por la ventana del frente.

—Habéis llegado justo a tiempo.

El viento arreciaba y el lago estaba cubierto de pequeñas crestas blancas que habrían hecho imposible el descenso de la avioneta. Los partes meteorológicos anunciaban ráfagas durante la noche. Una vez más, Kai había acertado.

—Me voy a casa antes de que esto se ponga feo —dijo.

Ethan se levantó.

—Te acompaño.

Salieron por la puerta principal y se detuvieron en el camino de entrada. Una ráfaga de viento levantó la larga trenza del anciano chippewa.

—Tengo que ir al pueblo a buscar provisiones —dijo Ethan—. Vinimos de improviso y no tuvimos tiempo de hacer la compra de siempre antes de salir. Vamos a necesitar comida y agua, sobre todo si la tormenta nos impide salir de la cabaña mañana.

Kai alzó la vista al cielo.

—Será mejor que te des prisa.

—Voy ahora mismo. ¿Te importaría vigilar la cabaña y a Maddie por si necesita algo? Sabe cuidarse sola, pero todavía está bastante asustada.

—Por supuesto. Estaré justo ahí arriba.

La casa de Kai se alzaba en un promontorio sobre la cabaña de Ethan. Unos pinos altos formaban una barrera natural de privacidad, aunque Ethan sabía que nunca habían sido obstáculo para la vista y la intuición de Kai.

—Gracias —dijo, mientras un relámpago parpadeaba en el horizonte.