Capítulo 83
Ethan aparcó el Jeep Wrangler junto a la acera frente a la casa en el barrio del Lower East Side que pertenecía a la doctora Lindsay Larkin.
Apagó las luces y esperó. En menos de diez minutos, llegaron otros dos vehículos: el de Pete Kramer y el de Maddie Jacobson.
Pete conducía su coche camuflado de la DIC; Maddie iba en su coche patrulla de la policía de Milwaukee.
Detrás aparecieron otros dos coches oficiales.
En ellos iban cuatro agentes asignados a la protección de Maddie Jacobson, la única superviviente de los asesinatos del lago Michigan hasta que capturaron a Francis Bernard.
Ethan había solicitado la presencia de la policía de Milwaukee para proceder a la detención de Lindsay Larkin.
Quería interrogarla para entender cómo lo había orquestado todo, cómo había involucrado a Francis Bernard y qué papel había desempeñado en su fuga.
También deseaba conocer el motivo por el que había matado a su mejor amiga y por qué había elegido a Blake Cordis como chivo expiatorio.
Aquella mujer era una fuente inagotable de información, pero primero debían detenerla.
Ethan sabía que, a partir de ese momento, cada uno de sus pasos sería examinado con lupa por las fuerzas del orden, los fiscales y los poderosos abogados defensores de Lindsay Larkin, por lo que no tenía intención de cometer ningún error.
Por eso había pedido a Maddie que fuera ella quien la arrestara.
Su acuerdo con la DIC tenía ciertos matices confidenciales y Ethan quería evitar cualquier vulneración del protocolo.
También por eso había dejado su arma en la guantera.
Los tres se reunieron en la calle, frente a la casa.
—Tú ve adelante —le dijo Ethan a Maddie—. Todo debe hacerse según el reglamento.
—Entendido.
Maddie avanzó hacia la casa, con Ethan y Pete detrás.
Cuando se disponía a llamar a la puerta, el primer golpe de nudillos bastó para que esta se abriera lentamente.
Maddie miró a sus compañeros. El Lower East Side era un barrio acomodado.
Sus residentes solían dejar la puerta sin llave, pero no abierta.
Sacó su pistola. Pete hizo lo mismo. Maddie entró primero, seguida de cerca por Ethan y Pete, y tras empujar la puerta de la casa en penumbra, gritó: —¿Doctora Larkin? ¡Policía de Milwaukee! ¿Se encuentra en la casa?
No hubo respuesta.
El vestíbulo estaba a oscuras, pero al fondo del pasillo se veía la luz de la cocina encendida.
—¡Doctora Larkin! —volvió a gritar Maddie.
Ante el silencio, avanzaron hacia la cocina, revisando al pasar las habitaciones a ambos lados del pasillo. Cuando llegaron, Ethan oyó que Maddie ahogaba una exclamación.
—¡Dios mío…!
Ethan pasó junto a ella apresuradamente.
Lindsay Larkin estaba sentada a la mesa de la cocina, con un cable ajustado alrededor del cuello.
Tenía el rostro hinchado, la piel pálida, casi como mármol.
Un hilo de sangre descendía por su cuello, allí donde el cable se le había incrustado en la carne.
Al acercarse, Ethan vio que la sangre de Lindsay Larkin también estaba esparcida sobre la madera clara de la mesa.
“Tan cerca, Ethan. Tan cerca”.