La marca del psicópata Capítulo 81
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Capítulo 81

Con el recuerdo de aquella noche todavía vívido en la mente, Lindsay llegó a casa.

Su formación le había enseñado mecanismos para sobrellevar y compartimentar las emociones ligadas a aquella etapa de su vida.

En los días posteriores, se distrajo intentando volver a ganarse a Blake.

Le dio un mes para que hiciera su duelo y superara el golpe de perder a la madre de su hijo.

También esperó a que la investigación se enfriara.

Después trató de reavivar lo que una vez hubo entre ellos.

Cuando Blake rechazó sus intentos, decidió darle más tiempo.

Durante su tercer año de universidad fue a visitarlo de noche a su apartamento, pero descubrió que no tenía el menor interés en ella.

Lo intentó de nuevo tras graduarse y poner en marcha su negocio, creyendo, como una ingenua, que su éxito lo impresionaría.

Con el paso de los años, sin embargo, comprendió que por mucho que deseara recuperar la magia que habían compartido, Blake no sentía lo mismo.

Así, tras años de rechazos, su motivación dejó de ser el deseo y se transformó en venganza.

Había tratado a pacientes atrapados en obsesiones amorosas y no estaba tan ciega como para no reconocer en sí misma los síntomas reveladores.

Sabía que estaba atrapada en esa obsesión y que la única manera de superarla era darle un cierre.

Y ese cierre solo llegaría cuando hiciera justicia con Blake Cordis.

Durante mucho tiempo pensó cómo hacerlo, hasta que se convenció de que el móvil de prepago que había mantenido oculto durante años sería la herramienta perfecta.

Sabía que era el medio ideal para ejecutar su plan, pero nunca había logrado dar el paso.

A pesar de su frustración, aún ardía en su interior una brasa de amor por Blake Cordis que, por desgracia, se negaba a extinguirse.

Representaba una mínima esperanza de que algún día pudieran volver a estar juntos.

Durante años, esa brasa le había impedido poner en marcha su plan.

Pero cuando se enteró de la relación de Blake con Portia Vail, se apagó para siempre.

En una noche de alcohol y Valium en exceso, Lindsay empezó a dar forma a la idea de secuestrar a Portia Vail y culpar a Blake.

El plan terminó de consolidarse cuando asignaron a Ethan Hall la reapertura del caso de Callie.

De pronto, supo a quién entregaría el móvil Samsung de prepago.

Y cuando Eugenia Morgan comenzó a acudir a ella como clienta, las piezas de su venganza empezaron a alinearse.

La pobre mujer padecía hibristofilia y estaba enamorada del asesino de un policía llamado Francis Bernard.

Al investigar su pasado, Lindsay descubrió que su historia estaba íntimamente ligada a Ethan Hall.

Fue entonces cuando su plan dio un giro inesperado, pero de una perfección absoluta.

Durante años, Clientes Anónimos había colaborado gratuitamente con los sistemas penitenciarios de todo el país, ofreciendo atención psicológica a los reclusos.

Al revisar las solicitudes pendientes de aprobación, Lindsay inspeccionó la lista de presos de la prisión de máxima seguridad de Wisconsin que habían solicitado una evaluación psicológica.

En ella figuraba nada menos que Francis Bernard.

Aceptó el caso y, una semana después, estaba sentada frente al hombre que había matado al padre de Ethan Hall.

En la cárcel de Boscobel, los únicos que podían tratar con los reclusos eran los abogados y los médicos.

La primera sesión de Lindsay con Bernard tuvo lugar en una pequeña sala de reuniones, no en el locutorio donde las conversaciones se podían oír a través del sistema telefónico de la cárcel.

En aquel espacio privado, Lindsay le expuso los detalles de su oferta.

Le bastó una sola sesión para darse cuenta de que Francis Bernard estaba desesperado por conseguir el traslado a una prisión más humana y que haría todo lo posible por escapar del aislamiento.

Lindsay le informó que, para acceder a la posibilidad de lograrlo, debía superar una evaluación psicológica, algo que ella estaba dispuesta a facilitar si él le daba algo a cambio.

Si Bernard aceptaba guiar a Ethan Hall hasta determinadas pruebas que ella misma ocultaría —concretamente, el Samsung de prepago y el paradero de Portia Vail, que él podría utilizar como moneda de cambio—, ella firmaría una evaluación favorable que lo liberaría de la prisión de Boscobel y lo encaminaría hacia el Centro Penitenciario Columbia.

El plan de Lindsay era tan meticuloso que en ningún momento se le ocurrió que Francis pudiera tener uno propio.