La marca del psicópata Capítulo 80
73%

Capítulo 80

Lindsay abandonó la finca Prescott en su coche con una sensación de satisfacción, a pesar del sexo mediocre.

Habían pasado diez años, pero por fin el círculo estaba a punto de cerrarse.

Si Ethan Hall hacía bien su trabajo, pronto Blake estaría entre rejas.

Si Blake Cordis no quería una vida con Lindsay, entonces no tendría ninguna.

Mientras conducía en plena noche, su mente volvió a una década atrás.

Casi no podía creer que hubieran pasado tantos años desde aquel verano y que hubiera tardado tanto en llevar a cabo un plan en el que había pensado tantas veces.

En aquel entonces perdió el valor y no fue capaz de seguir adelante.

Como una ingenua, creyó que una vez que Callie desapareciera, ella y Blake podrían estar juntos.

A pesar de que él la rechazó en los meses posteriores a la desaparición de Callie, Lindsay seguía convencida de que aún había una posibilidad.

Pero en los años siguientes, Blake nunca cedió a sus insinuaciones.

Hasta esa noche. Pero era demasiado tarde.

La estrategia a largo plazo se había estado gestando durante bastante tiempo y Lindsay creía haberla ejecutado a la perfección. Empezó a caer una llovizna fina que moteaba el parabrisas y difuminaba los faros de los coches que venían de frente; su mente volvió al día fatídico en el que todo empezó.

Desde que se habían acostado, él se mostró distante.

Se preguntó si todos los hombres reaccionaban así después de acostarse con una chica.

Pero su caso era distinto, ¿o no? Tenía que serlo.

Blake Cordis era el atractivo profesor de Historia y entrenador de voleibol por el que suspiraban todas las chicas, pero la había elegido a ella.

Coqueteaban en los entrenamientos, hasta que un día, se ofreció a llevarla a casa después de que ella se quedara hasta tarde repasando las líneas de la pista en el suelo del gimnasio.

Pero, en vez de dejarla en su casa, terminaron en el apartamento de él.

Lindsay estaba nerviosa cuando entraron en el dormitorio.

Nunca olvidaría el instante en que él se desabrochó los vaqueros.

Comprendió que ya no había marcha atrás e hizo todo lo posible por ocultar que era su primera vez.

Se alegraba de que no hubiera sido con un chico cualquiera la noche del baile de graduación ni con un amigo después de beber demasiado.

Había sido con Blake Cordis, el hombre del que estaba enamorada.

Pero nada de lo que esperaba que sucediera después de aquella noche sucedió.

No hubo romance incipiente. No hubo cortejo.

No hubo encuentros secretos en los que era imposible ignorar la intensidad de un amor prohibido.

En lugar de eso, el entrenador Cordis desapareció de su vida.

Le dijo que había sido un error involucrarse con una de sus jugadoras y que debían terminar con eso y volver a una relación estrictamente profesional.

Lindsay quedó destrozada, pero no estaba dispuesta a dar la relación por perdida. Decidió hablar con él en su despacho el sábado por la mañana, después del entrenamiento. Ese acabaría siendo el sábado en que Callie Jones desaparecería, aunque Lindsay aún no lo sabía.

No le informó. Esperó a que terminara el entrenamiento y sus compañeras se marcharan. Entonces se dirigió a su despacho.

—Hola, Lindsay —dijo Blake cuando ella dio unos golpecitos al marco de la puerta—. ¿Qué ocurre?

—Tenemos que hablar.

—De acuerdo. ¿Tiene algo que ver con el equipo?

—Tenemos que hablar de lo nuestro.

Blake se levantó del escritorio y miró por encima de su hombro hacia el pasillo. Bajó la voz al hablar:

—Creía que habíamos acordado mantener nuestra relación clara. Yo soy tu entrenador y tú eres jugadora de mi equipo. ¿Lo recuerdas?

—No, la verdad es que no lo recuerdo, porque ese nunca fue mi plan.

Era el plan de él, y pretendía que ella lo aceptara sin hacer preguntas ni crear problemas. Pretendía quitarle la virginidad y no volver a hablarle jamás.

—Mira, Lindsay, podríamos meternos en un buen lío por lo que pasó.

—Lo que hiciste no es justo —dijo ella; dio unos pasos dentro del despacho.

—¿Profesor Cordis?

Blake miró hacia la puerta. En el pasillo estaba Curt McGee, el director de deportes de la escuela.

—Hola, Lindsay —la saludó McGee.

Lindsay sonrió.

—Hola, señor McGee.

Curt miró a Blake y ladeó la cabeza.

—Tenemos que revisar el presupuesto. La reunión está a punto de empezar arriba.

—Sí, claro —respondió Blake—. Lindsay y yo solo hablábamos del equipo. —Se volvió hacia ella—. Hoy estuvo muy bien el entrenamiento. ¿Nos vemos el lunes?

Lindsay forzó una sonrisa y asintió.

—Nos vemos el lunes.

Blake salió con el director de deportes, dejando a Lindsay sola en el despacho.

En cuanto él se fue, los ojos se le llenaron de lágrimas.

Sus suaves sollozos se interrumpieron cuando oyó un sonido agudo.

Era el timbre amortiguado de un móvil. Escuchó un momento y se acercó al escritorio de Blake.

Abrió el cajón superior y vio un teléfono plegable Samsung iluminado con un mensaje reciente.

Tras echar una rápida mirada a la puerta abierta del despacho, cogió el teléfono. Un nombre brillaba en la pantalla.

Callie.

Abrió el teléfono y leyó el mensaje.

Voy a ir a una fiesta en la isla esta noche. Pero quiero verte. Te llamo cuando me vaya.

Te quiero.

Lindsay se quedó mirando el teléfono. La voz de su amiga resonaba en su cabeza.

Te quiero.

Sintió una oleada de náuseas. Se guardó el teléfono en el bolsillo y salió corriendo del despacho de Blake.