La marca del psicópata Capítulo 77
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Capítulo 77

Lindsay se detuvo delante del portón de la finca Prescott. Estaba cerrado y a esa hora de la noche la garita estaba desierta. Pulsó el botón del intercomunicador, sabiendo que el timbre sonaría en la cabaña de Blake. No era la primera vez que iba allí tan tarde.

—¿Sí? —La voz de Blake chisporroteó por el altavoz.

—Hola, soy yo.

Hubo una breve pausa antes de que el portón se abriera con un traqueteo. Lindsay entró con el coche y siguió el camino serpenteante hasta divisar la pequeña cabaña destartalada a la que habían relegado a Blake Cordis diez años atrás. Verlo allí le provocaba una sensación agridulce.

Blake abrió la puerta cuando ella aparcó. Lindsay bajó del coche y sintió que la humedad de la noche se le pegaba en la piel.

—Hola —dijo, con su mejor tono sensual.

—Hola —respondió Blake.

—¿Puedo pasar?

Blake se encogió de hombros.

—No voy a dejarte fuera en este calor de sauna. Además, no duraríamos ni cinco minutos con estos mosquitos.

Lindsay lo siguió al interior; al pasar junto a él, percibió un leve aroma a loción de afeitar. Desde la primera vez que lo vio en el instituto, ese hombre le había puesto el mundo patas arriba. Y esa fragancia, a pesar de los años transcurridos, había quedado grabada en su memoria.

—¿Quieres tomar algo? —preguntó Blake, mientras cerraba la puerta.

—Encantada.

—Tengo cerveza o whisky.

Lindsay se encogió de hombros.

—Whisky, entonces.

Se sentó en el sofá. Blake sirvió dos vasos de whisky y le tendió uno.

—Salud —dijo, y brindó con ella.

Lindsay sonrió y dio un sorbo.

—¿Qué pasa? —preguntó Blake mientras se acomodaba a su lado.

—Son las diez de la noche de un lunes, Blake. ¿Qué crees que pasa? —Lindsay sonrió y arqueó las cejas.

—Es una mala idea, Lindsay.

—Somos adultos, Blake. Tenemos derecho a tomar malas decisiones.

Blake no respondió cuando ella se levantó y dejó el vaso sobre la mesita baja.

Llevaba una camisa sin mangas, con los dos primeros botones desabrochados.

Tomó el tercero entre los dedos y lo desabrochó, dejando al descubierto un profundo escote y mostrando que no llevaba sujetador.

Blake se movió, inquieto. Lindsay sabía que no iba a oponer resistencia esa noche.

Se acercó y se sentó a horcajadas sobre sus muslos.

—¿Por qué nos resistimos? —susurró, con los labios muy cerca de los de él—. ¿Por qué no hacemos de una vez lo que llevamos todo el verano deseando?

Por supuesto, Lindsay sabía por qué Blake se había negado a acostarse con ella a principios del verano.

Era porque había empezado a salir con otra mujer.

Pero de momento, Portia Vail estaba fuera de juego y ella sabía que Blake llevaba casi cinco semanas sin acostarse con nadie. Un récord para él, probablemente.

Presionó los labios contra los de él y ambos abrieron la boca. El vaso de whisky resbaló de la mano de Blake y cayó al suelo justo cuando Lindsay sintió que le aferraba los muslos y le subía los pantalones cortos. Esto iba a ser más fácil de lo que había pensado.

Blake se puso de pie y la levantó del sofá; ella le rodeó la cintura con las piernas.

Se besaron mientras iban hacia el dormitorio, donde la tumbó en la cama y cayó sobre ella.

Lindsay cambió de posición enseguida para quedar encima de él.

Esta vez sería ella quien llevaría el control, para así recuperar lo que Blake le había robado años atrás.