La marca del psicópata Capítulo 76
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Capítulo 76

El sol se ponía el lunes al anochecer. La casa de Eugenia Morgan estaba acordonada con cinta policial amarilla.

Por todas partes había vehículos mal aparcados: patrullas, coches policiales camuflados de detectives, una furgoneta del forense y un camión de la policía científica forense.

Las disputas territoriales entre las distintas jurisdicciones involucradas en el caso ya habían comenzado.

La DIC se hizo cargo de la escena del crimen porque Pete Kramer fue el primero en llegar y en encontrar a Eugenia Morgan, degollada recientemente y tendida sobre un colchón ensangrentado en un sótano convertido en un perturbador santuario dedicado a Francis Bernard, donde una de las paredes estaba cubierta de fotos suyas y una bandera blanca con un corazón negro.

Pero la comisaría del condado de Wood también hacía valer su autoridad y buscaba tomar el control.

Dado que la escena del crimen parecía estar vinculada a la desaparición y al rescate casi milagroso de Portia Vail, ocurrido en la localidad vecina gracias a la intervención de la detective Maddie Jacobson, los agentes del Departamento de Policía de Milwaukee también merodeaban por el lugar.

Y, por último, como aún se intentaba esclarecer qué papel había desempeñado Eugenia Morgan en la fuga de Francis Bernard, también se habían personado funcionarios del Departamento Penitenciario de Wisconsin.

Ethan, que junto con Maddie había encontrado a Portia Vail con vida y en buen estado en una cabaña abandonada, no lejos de la casa de Eugenia Morgan en Nekoosa, pasó la tarde respondiendo a las preguntas de la policía.

Para su sorpresa, Portia se encontraba bien, no había sufrido ningún tipo de maltrato.

Relató que había estado cautiva, pero con acceso a una ducha, un retrete, comida diaria, además de televisión y libros con los que pasar el tiempo.

Lo único que pudo decir de su secuestradora fue que era una mujer alta que le dejaba la comida todos los días a través de una ranura de la puerta.

Siempre llevaba una máscara y una sudadera con capucha, y el día en que tomó su foto —esposada a la puerta del baño y sosteniendo un ejemplar del Milwaukee Journal Sentinel — llevaba gafas de sol para ocultar los ojos.

Ethan permanecía dentro de la zona acordonada, pero apartado del movimiento en la casa. Pete y Maddie estaban con él.

—¿Qué has oído sobre la fuga? —preguntó.

Pete negó con la cabeza.

—Todavía estamos reconstruyendo lo ocurrido, pero lo que sabemos con certeza es que encontraron el Ford Focus de Eugenia Morgan en medio de la carretera, con el capó levantado.

Los funcionarios lo habían comunicado. Sospechamos que la furgoneta se detuvo o, al menos, redujo la velocidad por el vehículo averiado.

Entonces Eugenia disparó y mató a los guardias.

Todavía estamos investigando cómo ocurrió.

A uno lo mataron con una pistola Sig Sauer que se encontró en la escena.

Se están analizando el arma y los proyectiles, pero creemos que es la pistola que Eugenia compró en una armería de Milwaukee.

—¿Y el otro funcionario?

—Le dispararon con la escopeta que iba dentro de la furgoneta. Por lo que he oído, el que lo mató le introdujo la escopeta en la boca y apretó el gatillo.

Ethan suspiró lentamente.

—A ver, entonces: ¿qué tenemos? Eugenia Morgan visita a Francis Bernard en la cárcel de Boscobel.

Es la única persona que figura en el registro de visitas de los últimos tres años, aparte de mí.

El sótano de su casa es un santuario dedicado a él: hasta hay una bandera con un corazón negro; a todas luces, estaba obsesionada con él.

Su coche aparece en la escena donde interceptaron la furgoneta de traslado.

El arma que compró es la que se usó para matar al funcionario.

¿Y luego qué? Después de que lo hubiera ayudado a escapar, ¿Bernard la trae de vuelta aquí para degollarla?

Pete volvió a negar con la cabeza.

—No sé qué decirte. Nada encaja aún, pero estamos intentando colocar las piezas en su sitio.

Y ahora viene lo más fuerte —dijo Pete, mientras abría una carpeta—: es información nueva, así que no la compartas con nadie.

—Miró a Maddie—. No queremos a la policía de Milwaukee metida en esto hasta que sepamos qué tenemos entre manos.

Maddie asintió.

—No diré nada.

Pete sacó unas fotos en blanco y negro de la carpeta.

—Se tomaron con la cámara del salpicadero de la furgoneta de transporte.

—Entregó una de las fotos a Ethan, que la inspeccionó junto con Maddie—.

El funcionario llamó para informar de la presencia de un vehículo averiado, como indica el protocolo, y dio una breve descripción de la mujer.

Sus palabras textuales —dijo Pete, mientras buscaba las notas en la carpeta— fueron estas: “Una mujer blanca, alta, rubia, con un tatuaje de una serpiente enroscada en la pierna derecha ” .

Pete señaló la foto que sostenía Ethan. Era una imagen de la mujer que había ayudado a escapar a Francis Bernard.

—Eugenia Morgan es alta, pero no tiene tatuajes y su cabello es negro.

—Entonces, ¿quién mierda es esta? —exclamó Maddie, señalando la foto.

—No lo sabemos. Las imágenes no son muy claras. Podría ser Eugenia Morgan disfrazada, pero no estamos seguros.

Sonó el móvil de Ethan.

—Hola.

—Hola, Ethan —dijo Christian—. Llego un día tarde y con lo justo, pero he logrado desentrañar el cifrado.

—¿Has encontrado algo?

—Lo he encontrado todo . Ven ahora mismo.

—Estoy más al norte, a tope de trabajo. Iré en cuanto pueda.

Ethan cortó y miró a Pete y a Maddie.

—Ha surgido algo de lo que tengo que ocuparme ahora. Pete, ¿puedo llevarme tu coche?

—¿Se trata de algo que deba saber? —preguntó Pete.

—Todavía no lo sé.

Pete metió la mano en el bolsillo y le lanzó las llaves.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó Maddie.

—Por ahora no, hasta que no tenga toda la información. Pete, cuídala, ¿quieres?

—Maddie no necesita que la cuide un agente cojo de la DIC. Tiene protección las veinticuatro horas de la policía de Milwaukee. Pero en la DIC añadiremos más agentes a su equipo hasta que encontremos a Bernard. El gobernador incluso ofreció algunos de sus agentes si ella los necesitaba.

Maddie apoyó la mano en el hombro de Pete.

—Aun así, me quedo con Pete sin dudarlo. Pero ya he hablado con mis muchachos —añadió—. No me van a perder de vista hasta que Bernard vuelva a estar detenido.

—Cuando termines aquí —le dijo Ethan—, ve a mi casa. Quiero que te quedes conmigo esta noche.