La marca del psicópata Capítulo 67
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Capítulo 67

Salió de la prisión a la carrera y fue directo al aparcamiento. Maddie lo esperaba en su coche policial camuflado. Ethan subió de un salto y dio un portazo.

—Al parque de los Veteranos, en Milwaukee —dijo.

Salieron disparados del aparcamiento y enfilaron hacia el este. Esta vez estaban en servicio oficial y Maddie llevaba las luces y la sirena encendidas.

—¿Qué demonios es una pequeña biblioteca gratuita? —preguntó Ethan.

—Es como esos cuencos con el cartel de “si necesitas una moneda, coge una” que hay en las gasolineras, pero con libros en lugar de monedas. Están por todas partes. ¿Quieres deshacerte de un libro? Lo dejas ahí. ¿Quieres uno gratis? Lo coges y te lo llevas.

—¿En serio? Nunca las he visto.

—Claro que las has visto. Solo que nunca les has prestado atención.

A casi 160 kilómetros por hora y con el tráfico apartándose para dejarlos pasar, llegaron a Milwaukee en poco más de dos horas.

Encontraron el parque de los Veteranos y, tras dejar el coche en el aparcamiento, echaron a correr entre los árboles del extremo norte.

Ethan divisó la caseta de intercambio de libros: una estructura de madera con forma de cabaña y techo a dos aguas, montada sobre un poste anclado al hormigón.

Respiraba con dificultad cuando abrió la pequeña puerta. Dentro había libros de tapa dura y de bolsillo alineados en un único estante. Los apartó abruptamente y metió la mano. Al palpar la parte superior, se topó con la esquina de un sobre y lo despegó de la cinta que lo sujetaba.

Miró a Maddie mientras lo quitaba de allí, tratando de no pensar en cómo Francis movía los hilos. Rompió el sobre y extrajo una única tarjeta rectangular.

Portia Vail

Calle Summerset 286

Lago Sherwood

Rome (Wisconsin)

—Una dirección en Rome —dijo.

—¿Dónde es eso?

Ethan tecleó la dirección en el teléfono.

—Parece un pueblecito cerca de Nekoosa. —Recordó que Eugenia Morgan vivía en Nekoosa y que Pete había estado vigilando su casa—. Al norte de Madison —añadió—. A dos horas y media de aquí.

—¡Vamos! —dijo Maddie.

Ambos regresaron corriendo al coche.