La marca del psicópata Capítulo 61
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Capítulo 61

Caía la noche del domingo cuando Ethan por fin recibió la llamada de Christian.

—¿Lo has conseguido? —preguntó en cuanto atendió.

—Por desgracia, no. La doctora Larkin no bromeaba cuando dijo que tenían un cifrado de primer nivel. Hackearlo me está llevando más tiempo del que pensaba. Voy a conseguirlo, Ethan, pero no antes del lunes. Lo siento, amigo.

Ethan inspiró hondo.

—No te preocupes. Sigue trabajando, sé que estás haciendo todo lo posible. Necesito saber qué encuentras, aunque sea dentro de dos días.

—De acuerdo. Pero escucha esto: por fin logré recuperar los mensajes de texto del teléfono de Callie Jones.

Christian le tendió una cerveza cuando le abrió la puerta.

—Pasa. Los hilos de mensajes están bastante dañados, pero creo que he podido rescatar la mayor parte.

Ethan tomó un trago de cerveza mientras seguía a Christian por la mansión hasta su guarida tecnológica, donde hacía mucho más frío que en el resto de la casa para mantener funcionando con eficiencia la batería de ordenadores y procesadores.

Por todos los rincones brillaban y parpadeaban las pantallas.

Christian se sentó frente a una de ellas y atacó el teclado con dedos vertiginosos.

—Te dije que la chica usaba una aplicación para cifrar los mensajes y luego borrarlos después de enviarlos.

Esa app ya no existe, por eso tardé tanto en recuperarlos.

Tuve que hacer ingeniería inversa con la tecnología antigua para poder acceder.

Y, aun así, no pude conseguir todo. Pero encontré el hilo del sábado 18 de julio de 2015.

Esa es la noche en que desapareció, ¿verdad?

Ethan recordó su excursión a la isla Crest con Lindsay Larkin, que recordaba haber visto a Callie marcharse de repente tras recibir un mensaje. Nadie la había vuelto a ver, salvo Jaycee Jones, su hermana menor, cuando Callie pasó brevemente por su casa a buscar una sudadera.

—Sí, fue esa noche.

—Lo imaginaba —dijo Christian—, porque es el último hilo que apareció en su móvil. Entró a las 21.02.

Tecleó hasta que el intercambio apareció en pantalla. Apoyó las manos en el escritorio y deslizó su silla con ruedas hacia un lado para que Ethan pudiera acercarse a leer.

¿Qué pasa?

Necesito verte.

¿Dónde estás?

En la isla.

¿Todo bien?

Necesito hablar contigo del bebé. Voy a tenerlo.

¿No seguiste adelante con lo que habías decidido?

No. Quiero tener este bebé CONTIGO. Quiero empezar una vida juntos. Necesito verte esta noche.

¿Tienes la lancha de tus padres?

Sí.

Nos vemos en el muelle North Point. Estaré esperándote en el embarcadero.

Te quiero, Blake.

Yo también te quiero.

Ethan levantó la vista del monitor.

—Entonces —dijo Christian— te haré la pregunta del millón: ¿sabes quién es Blake?

Ethan dejó la cerveza sobre el escritorio y echó a correr hacia la puerta.

—¡Sí!