La marca del psicópata Capítulo 57
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Capítulo 57

Francis estaba sentado en su celda sin ventana cuando oyó el zumbido que indicaba que la puerta estaba a punto de abrirse.

Así entraban los funcionarios de manera oficial, no como hacía Andre Monroe a altas horas de la noche.

Desde comienzos del verano, el jefe de funcionarios se colaba en su celda y le suministraba un flujo constante de noticias sobre la investigación del caso de Callie Jones, además de las últimas novedades sobre el caso de Portia Vail.

A cambio, Francis le daba lo que quería.

Negarse a las exigencias de Monroe habría significado una paliza que Francis no podía permitirse.

Una estancia prolongada en la enfermería echaría por la borda sus planes, por lo que había terminado cediendo a sus exigencias.

Pero aquel día estaba ocurriendo algo distinto.

—Arrodíllate en el rincón —ordenó un funcionario por el intercomunicador.

Francis se levantó del catre.

—De cara a la pared, las manos detrás de la espalda.

Francis se arrodilló en el rincón, apoyó la frente contra la pared y extendió las manos hacia atrás. Entraron los funcionarios y, tras esposarle las muñecas, lo hicieron ponerse de pie. Cuando se volvió, Andre Monroe estaba frente a él.

—Te llaman, Francis.

Guardó silencio. Una imagen de dos noches atrás le vino a la mente: Andre Monroe, con los pantalones por las rodillas, jadeando mientras se cernía sobre él.

—Tienes una consulta psicológica. Seguro que les preocupa que vayas a matarte.

El jefe de funcionarios se inclinó hacia él.

—¿Quieres matarte, Francis?

Él miró más allá de Monroe y guardó silencio.

La voz de Andre adoptó un tono burlón e infantil: —¿Necesitas hablar con alguien sobre tus sentimientos?

Silencio.

—Sacadlo de aquí —ordenó Andre.

Los dos funcionarios que lo sujetaban por los brazos lo condujeron fuera de la celda. Al cruzar el umbral, Francis supo que Ethan Hall había puesto en marcha el traslado. Le quedaban tres días más en esa ratonera infernal.