Capítulo 46
La canción Goodbye, Yellow Brick Road , de Elton John, resonaba en el baño cuando salió de la ducha y se miró en el espejo.
Un tatuaje de una serpiente pitón se enroscaba alrededor de su pantorrilla y ascendía por el muslo y la cadera; la cabeza de la serpiente asomaba junto a su ombligo, con la boca abierta y los colmillos a la vista.
Se giró de lado, alzó el brazo y se apartó el pecho derecho para observar el tatuaje más reciente: un corazón negro en el costado.
Mientras se secaba el cabello y se maquillaba —delineador oscuro y rímel espeso—, revivió su viaje al almacén abandonado de dos semanas atrás, y la eficiencia con la que alquiló el depósito donde había colocado el contenido del baúl.
Anhelaba contarle a Francis que había colocado las fotos tal como él le había pedido; había seguido cada una de sus instrucciones al pie de la letra.
Pero tendría que esperar hasta la próxima vez que lo viera, lo cual, si todo salía según lo previsto, no tardaría en ocurrir.
Pronto podría ver a Francis siempre que quisiera.
Por fin estarían juntos. Pero solo si ella seguía el plan a la perfección.
Terminó de maquillarse y se vistió. Miró el reloj. Faltaban cinco minutos para que empezara su sesión de terapia obligatoria. Se dirigió a la mesa de la cocina, abrió el portátil y siguió los pasos de acceso.