Capítulo 42
Ethan conducía el Jeep Wrangler mientras Maddie revisaba papeles en el asiento del copiloto.
Debido a que no estaba asignada formalmente al caso de Portia Vail, decidieron no utilizar su coche policial sin identificación para dirigirse a la finca Prescott, donde trabajaba Blake Cordis.
El día anterior, después de hablar con el novio de Portia, Maddie volvió a la comisaría y reunió toda la información que pudo sobre el caso.
Ambos pasaron la noche en casa de ella revisando los expedientes.
Entre bocado y bocado de la comida china para llevar y una cerveza rubia, Ethan puso a Maddie al día sobre la confusa conexión entre Portia Vail, Blake Cordis y Callie Jones.
Cordis había sido el entrenador de voleibol de Callie, pero más allá de eso Ethan no lograba entender cómo encajaba en el rompecabezas que Francis Bernard estaba construyendo.
Cuando llegó la medianoche, devolvieron los documentos a la caja que Maddie se había llevado de la comisaría y decidieron que la mejor opción de obtener respuestas sería ir a ver a Blake Cordis.
Hicieron el amor hasta bien entrada la madrugada, intentando apartar de su mente a Bernard, el hombre que, tras alterar trágicamente sus vidas, había quedado grabado para siempre en ellas.
—Ciento veintisiete llamadas o mensajes en noventa días —dijo Maddie mientras recorrían las carreteras largas y solitarias del centro de Wisconsin rumbo a Beaver Dam—. ¡Vaya relación intensa!
—Eso parece.
Maddie pasó la página.
—Escucha esto: aproximadamente una semana antes de que Portia desapareciera, se interrumpieron las llamadas entre ella y Blake Cordis. En realidad, no del todo. Ella dejó de llamarlo, pero él siguió llamándola. Muchas veces. Y enviando mensajes. Pero Portia no respondía.
—Entonces Portia y Nicholas deciden darse un tiempo —dijo Ethan—.
Ella empieza algo con Blake Cordis como relación de rebote y, tras tres meses, decide que quiere volver con Nicholas.
Deja de responder a las llamadas y mensajes de Cordis y se queda a dormir con Nicholas el 27 de junio, por primera vez desde la ruptura.
Se levanta el sábado y se va. Nadie la ha visto desde entonces.
—Excepto tú, en la foto que Francis Bernard te hizo llegar con sus indicaciones.
Mientras conducía, Ethan trataba de encajar las piezas: por un lado, el gobernador que lo había designado para revisar el caso de su hija; luego Blake Cordis, que había sido el nuevo entrenador de Callie, y ahora Portia Vail, que había mantenido algún tipo de relación con Cordis.
Y entre todos ellos, enredado como una maleza descontrolada, Francis Bernard.
—Portia lleva un mes desaparecida —dijo Maddie—. Tenemos que asumir que se le está acabando el tiempo.
—Tengo la sensación de que eso es justo lo que Francis quiere que hagamos.
“Date prisa, agente especial Hall. Callie Jones está muerta y enterrada, pero el reloj corre para esta… tic, tac, tic, tac”.