La marca del psicópata Capítulo 29
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Capítulo 29

El teléfono de Callie había sido recuperado en el muelle de North Point, en el lago Okoboji, donde también encontraron amarrada la lancha familiar que Callie había usado para ir a una fiesta en la isla Crest la noche en que desapareció.

Nadie volvió a verla después de que abandonase la isla.

La lancha apareció el domingo por la mañana en el muelle de North Point, junto con el teléfono y restos de sangre de Callie al final del muelle.

Pete Kramer y su equipo habían investigado a fondo el móvil de Callie años atrás, rastreando minuciosamente casi todas las llamadas y mensajes recibidos y enviados.

Solo había un número de teléfono que no habían logrado identificar ni asignar a ningún usuario.

Ese número había sido vinculado a un teléfono de prepago desechable que nunca apareció.

El equipo de Pete Kramer se tomó la molestia de rastrear el número de serie de ese aparato y su código de barras para determinar la marca y el modelo: un Samsung de prepago comprado en una gasolinera de Cherryview.

Pete utilizó la base de datos del Departamento de Justicia de Wisconsin y a los técnicos forenses de la DIC para establecer la fecha de compra y obtener después las grabaciones de las cámaras de seguridad de aquel día en la gasolinera.

El vídeo de baja calidad mostraba a Callie Jones acercándose a la caja y pagando el teléfono en efectivo.

Qué hizo Callie con él y a quién se lo entregó era un enorme interrogante en la investigación inicial de Pete Kramer.

Pero ahora, diez años más tarde, Ethan estaba en su casa contemplando el Samsung que Callie había comprado, confirmado por su número de serie.

Y Francis Bernard lo había llevado hasta él.

Ethan marcó el número de Pete Kramer, que respondió al primer tono.

—Oye, estoy revisando los registros del teléfono de Callie Jones y creo que he encontrado algo. ¿Qué puedes decirme sobre el número no identificado que aparece en el historial de llamadas?

—Investigamos ese teléfono a fondo —dijo Pete—. Nuestros técnicos confirmaron que hubo llamadas y mensajes entre los dos números, el de Callie y el del teléfono de prepago.

—No veo las transcripciones de los mensajes.

—Porque nunca pudimos recuperarlos. Mis técnicos creen que Callie usaba una app de mensajería cifrada que borraba automáticamente los mensajes después de enviarlos. Encontraron rastros de conversaciones, pero nada más. Fue un callejón sin salida. ¿Por qué lo preguntas? ¿Has encontrado algo?

—Puede ser. Veo una sola llamada desde el móvil de Callie al número del teléfono de prepago que se conectó a una antena situada en Chicago el 16 de julio.

—Sí, eso también lo vimos —respondió Pete, recitando el caso de memoria—. La llamada salió del teléfono de Callie hacia el Samsung de prepago, pero no llevó a ninguna parte. Ese teléfono fue un fracaso total en la investigación, nunca lo encontramos.

Ethan aún no estaba preparado para mencionar que el móvil que la DIC no había logrado localizar diez años atrás se encontraba en ese mismo momento sobre su escritorio.

Sobre todo, porque no estaba listo para explicarle a su antiguo compañero cómo había dado con él.

Pero le intrigaba saber qué hacía Callie Jones en Chicago dos días antes de desaparecer.

—El teléfono de la chica —dijo Ethan—, ¿sigue bajo custodia como prueba?

—Seguro que sí.

—¿Hay alguna posibilidad de que pueda acceder a él?

—¿Tienes algo?

—No estoy seguro, pero necesito ese teléfono para averiguarlo.