La marca del psicópata Capítulo 28
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Capítulo 28

“No todos los que vagan están perdidos, pero todos los que están perdidos vagan, de eso no hay duda”.

Parpadeó e intentó acallar la voz de Bernard, pero seguía retumbando en su cabeza.

“Así que voy a ayudarte, Ethan. Voy a ayudarte a dejar de vagar en la oscuridad. Te daré un rumbo. ¿Quieres un rumbo para tu vida, Ethan?”.

“Hay un sobre ahí, Ethan. Haz tu magia, señor Cien por Cien de Casos Resueltos”.

Llegó a las afueras de Milwaukee y minutos después se internó en la ciudad.

El valle del Menomonee estaba situado en pleno corazón de Milwaukee; era un conjunto de antiguos corrales que en otro tiempo alojaban ganado para el distrito de procesamiento de carne.

Desatendidos desde hacía mucho, habían caído en el abandono con el paso de las décadas.

El valle, ahora en gran parte reconstruido, aún conservaba zonas deterioradas que la mayoría de la gente evitaba.

El sol se estaba poniendo y sombras largas reptaban por las calles.

Ethan cruzó unas vías de tren de carga y giró a la derecha hacia una calle en mal estado, llena de baches.

De las alcantarillas subía una niebla que se disipaba enseguida en el calor de la tarde.

Cuando llegó a los almacenes, redujo la velocidad.

Todos los edificios tenían una gran puerta de carga metálica.

Junto a cada una había una puerta pintada con un número.

La mayoría de ellos estaban gastados e ilegibles, pero Ethan distinguió con claridad el número 3 en una de las puertas.

Pasó junto a varios almacenes hasta llegar al número 9.

A lo lejos veía las luces del estadio American Family Field.

El equipo profesional de béisbol, los Brewers, jugaba en casa, enfrentándose tanto al calor como a los Pittsburgh Pirates.

El bullicio del estadio parecía pertenecer a otra galaxia, comparado con la inquietante hilera de almacenes abandonados adonde lo había enviado Francis Bernard.

Se detuvo junto al número 9 y observó el valle desolado.

Antes de bajar del coche, abrió la guantera y sacó su pistola Beretta 92FS.

La DIC no le había dado un arma oficial, pero él era propietario legal de un arma de fuego y rara vez salía de casa sin ella.

Las viejas costumbres no mueren con facilidad.

Se acercó a la puerta del almacén y miró a través del cristal.

El edificio estaba tan abandonado como el valle en el que se alzaba.

Revisó la pistola para asegurarse de que hubiera una bala en la recámara, luego giró el picaporte y empujó.

La puerta se abrió con un chirrido y una bocanada de aire caliente salió del interior.

Aunque el sol se estaba poniendo, la temperatura exterior rondaba los treinta y cinco grados.

Tras un largo día de verano con el sol sobre el techo del almacén, Ethan calculó que dentro debía de hacer cerca de cincuenta grados.

Alzó el arma y cruzó el umbral. Una fina capa de sudor le cubría el rostro y el hedor de basura podrida le invadió las fosas nasales.

El sol poniente filtraba un resplandor suave a través de las ventanas sucias situadas en lo alto de cada pared.

Echó un vistazo rápido para asegurarse de que el sitio estuviera vacío, encendió la linterna del móvil y recorrió el perímetro.

En la esquina noreste alzó la vista y vio algo entre las sombras, una forma que sobresalía de la pared.

Dirigió la luz hacia allí. A unos tres metros de altura, un sobre de papel grueso estaba sujeto con cinta adhesiva.

—Hijo de puta —susurró, preguntándose solo por un instante cómo Bernard podía saber algo de ese sobre o cuánto tiempo llevaría allí.

Miró alrededor hasta encontrar una caja vieja que arrastró hasta la pared. Tras subirse y estabilizarse, alzó el brazo para alcanzar el sobre, que arrancó de la cinta que lo sujetaba. Iluminó el resto de la pared, y al no ver nada más, bajó de la caja y salió deprisa.

Estaba empapado en sudor por el calor sofocante del almacén. Los treinta y cinco grados del exterior casi no lo refrescaron. Subió al Wrangler y encendió el aire acondicionado antes de romper el sobre y volcarlo boca abajo. Dentro había solo un objeto, que cayó sobre el asiento del copiloto.

Era un teléfono móvil Samsung de prepago, de esos que se usaban en los años noventa.