Capítulo 26
—Me gustaría que me hablara sobre el verano en que Callie desapareció —dijo Ethan—.
Su madre ha muerto y su padre, aunque está desesperado y ansioso por colaborar en lo que pueda, no nos ha dado información útil en las ocasiones en que hemos hablado con él.
Además, durante mis años investigando delitos contra niños y adolescentes, aprendí que los padres tienen una visión distorsionada de sus hijos.
Cuando las víctimas son adolescentes, es mucho más probable que la información útil provenga de sus amigos más que de sus padres.
Lindsay asintió.
—Después de que Callie desapareciera, hablé con la policía y los detectives encargados del caso, incluso con Pete Kramer. Pero le contaré todo lo que sé sobre ella y sobre aquel verano. Han pasado diez años y es probable que mis recuerdos no sean tan nítidos como cuando sucedió.
—Tengo acceso al expediente del caso y a las transcripciones de todas las entrevistas que se llevaron a cabo. Acabo de empezar a revisarlo todo. No se preocupe si no recuerda todo tal cual. Comencemos por su relación con Callie.
Lindsay asintió.
—Perfecto. Callie y yo nos conocimos en preescolar y nos volvimos inseparables.
Luego, en primaria y en el bachillerato teníamos otras amigas, pero siempre fuimos las mejores amigas.
Y ya de adolescentes, ambas entramos en el equipo de voleibol del bachillerato.
Callie y yo éramos las más pequeñas del equipo, así que pasábamos mucho tiempo juntas. El voleibol nos unió todavía más.
—Y por lo que he leído en el expediente, el equipo de voleibol femenino era muy importante en Cherryview.
Lindsay sonrió.
—Sí, lo era. Solo para nuestro pueblo, claro.
Callie y yo empezamos como novatas y ayudamos al equipo a llegar a la final del campeonato estatal de aquel año.
Perdimos, pero por muy poco. —Lindsay golpeó el puño contra la palma a modo de broma—.
¡Estuvimos tan, pero tan cerca! Callie y yo encontramos una frase que solíamos repetir después de aquel partido: “La tragedia de la vida no es perder, sino estar a punto de ganar”.
—Sonrió—. Estuvimos a un tris de ganar aquel año y dolió muchísimo.
Nos juramos que nunca más volveríamos a estar tan cerca y perder.
Y así fue. Al año siguiente, Callie y yo lideramos el equipo y ganamos el campeonato.
Y volvimos a ganarlo al tercer año. En nuestro pueblo de Cherryview, perdido en Wisconsin, Callie y yo éramos superestrellas.
Lindsay se rio, en un intento por contener las lágrimas.
—Callie y yo pusimos de moda el voleibol femenino.
Cada vez que jugábamos como locales, las gradas se llenaban de público: estudiantes y sus familias, pero también gente del pueblo que venía a vernos jugar.
Durante esos tres años, reuníamos a más público que el equipo de fútbol americano.
Y si conoce algo de los pueblos pequeños, sabrá que los partidos de fútbol del viernes por la noche lo son todo.
Pero en aquellos años competíamos de igual a igual con ellos.
Lindsay forzó una sonrisa.
—Luego, tras terminar el penúltimo curso, Callie… pasó por momentos complicados aquel verano. Creo que, en ese aspecto, debería haberme comportado mejor como amiga.
—¿Qué pasó?
—Sus padres se divorciaron y su madre volvió a casarse de inmediato.
Hubo rumores de una infidelidad, y eso fue muy duro para ella.
Además, detestaba a su padrastro. Era un tipo raro.
Ella tenía que vivir con su madre porque el señor Jones no estaba nunca por sus compromisos políticos y por la necesidad de mantener su imagen.
Callie siempre tenía miedo de meterse en algún problema por si eso perjudicaba a su padre.
Como si cualquier cosa que hiciera mal pudiera destruir su carrera política.
Así que andaba siempre con pies de plomo.
Daba la sensación de que solo durante un partido de voleibol podía ser ella misma y olvidarse de todas las presiones de su vida.
—Lindsay se encogió de hombros—. En fin, con todo lo que estaba pasando, Callie se volvió muy distante y nuestra amistad acabó enfriándose.
—¿En qué sentido?
Lindsay volvió a encogerse de hombros.
—Hubo una época en la que nos lo contábamos todo.
Pero aquel verano ella se cerró en sí misma y, no sé, dejó de compartir cosas conmigo.
O sea…, visto con perspectiva, éramos las mejores amigas.
Teníamos altibajos y abundaba el dramatismo adolescente.
Lo que me ha costado muchos años superar es la idea de que desapareció justo en un momento en el que estábamos distanciadas.
Yo sabía que algo la estaba atormentando aquel verano y no me tomé el tiempo necesario para averiguar qué era. Y luego…
—Ella desapareció —dijo Ethan.