La marca del psicópata Capítulo 25
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Capítulo 25

Lindsay terminó su última sesión de terapia y cerró el ordenador.

Cada encuentro de una hora era agotador y se sintió aliviada de haber acabado por aquel día.

La entrevista con The New York Times de esa mañana le parecía ya cosa de otra semana.

Mientras se frotaba los ojos, oyó que llamaban a la puerta.

—Perdone que la moleste —dijo Beth—, pero hay alguien que quiere verla. Le he dicho que necesitaba una cita, pero creo que es un detective y ha insistido en que tenía que hablar con usted.

Lindsay se irguió en la silla. El cansancio que sentía se evaporó al instante.

—¿Un detective?

—Ha dicho que necesitaba hablar con usted sobre Callie Jones.

Lindsay alzó ligeramente la barbilla. Venía leyendo los artículos de las últimas semanas sobre la reapertura del caso por parte del padre de Callie. Supuso que solo era cuestión de tiempo antes de que alguien diera con ella.

—Hazlo pasar.

Un momento después, un hombre atractivo entró en su despacho. Era alto y atlético; solo las sienes entrecanas delataban la mediana edad.

—¿Doctora Larkin? —dijo—. Soy Ethan Hall, de la División de Investigación Criminal. —Le mostró la placa.

—¿Lo ha enviado el padre de Callie? —Lindsay vio que vacilaba un momento—.

Puede que hoy sea el gobernador, pero yo aún lo recuerdo como el que nos lanzaba a Callie y a mí del muelle al lago Okoboji cuando éramos pequeñas.

Ahora todo el mundo lo llama gobernador Jones, lo cual me sigue sorprendiendo.

No me malinterprete: voté por él, pero para mí siempre será el señor Jones. El padre de Callie.

—Es lógico. He leído que usted y Callie eran grandes amigas.

—En su momento, sí.

—Para responder a su pregunta inicial: el gobernador Jones es la razón por la que estoy aquí, pero no me ha enviado directamente. Estoy revisando de nuevo la desaparición de Callie.

—Lo he leído, sí. Todo Cherryview está al tanto.

Mis padres siguen viviendo allí y dicen que, desde que se conoció la noticia, todo el mundo espera que Ethan Hall, el detective convertido en médico, consiga resolver el caso imposible.

Tal vez así Cherryview vuelva a ser conocido por sus cerezos y no por una chica desaparecida.

—De momento solo estoy revisando el caso. Puede que no encuentre nada.

—Me intriga por qué el señor Jones cree que, tantos años después, usted será capaz de averiguar qué le ocurrió a Callie cuando nadie logró esclarecerlo en su momento. Todos esperábamos respuestas en aquel entonces, pero no obtuvimos ninguna.

Ethan se encogió de hombros.

—No sé por qué el gobernador cree que puedo arrojar algo de luz sobre lo que le ocurrió a su hija. Pero ahora tiene poder e influencia y los está utilizando como último recurso para encontrar algún tipo de cierre. En resumen, me pidió ayuda y acepté revisar el caso.

—¿Y lo eligió a usted expresamente?

—Así es.

—¿Por qué?

—Mi antiguo compañero fue quien llevaba el caso en su momento.

—¿Pete Kramer?

Lindsay había hablado con él largo y tendido durante la investigación original.

—Sí. Pete y el gobernador son amigos y fue él quien le sugirió que me incorporara a la investigación.

—Usted era agente especial de la DIC y renunció para estudiar Medicina.

—No renuncié, me fui. Pero sí.

—¿Por qué se fue?

—¿Quién interroga a quién, aquí?

Lindsay sonrió.

—Ha venido a mi lugar de trabajo. Creo que tengo derecho a hacerle algunas preguntas.

—Es justo. Verá, estuve expuesto a muchas cosas cuando era agente especial y algunas de ellas siguen apareciéndose en mis sueños cuando cierro los ojos.

Comprendí que, si seguía otros diez años allí, perjudicaría mi salud mental y física.

Así que decidí que podía ayudar mejor a la gente dedicándome a la medicina.

Lindsay se rio.

—¿Qué pasa?

—No soy muy partidaria de la medicina, pero si me rompo un brazo, usted será la primera persona a la que acuda.

Para mi salud general y mi bienestar mental, pienso mantenerme muy muy lejos del sistema sanitario.

En cualquier caso, su historia explica por qué dejó las fuerzas del orden, pero no por qué nuestro gobernador recién elegido sacó a un médico de urgencias para que lo ayudara a averiguar qué ocurrió con su hija hace diez años.

—Cuando trabajaba para la DIC, tenía un índice de resolución de casos del cien por cien. Supongo que el gobernador espera que mantenga esa racha al ocuparme del caso de su hija.

Lindsay arqueó las cejas y asintió.

—De acuerdo. ¿En qué puedo ayudarlo?