Capítulo 5
Enfundado en su pijama sanitario celeste, Ethan estaba sentado ante un ordenador en el puesto de enfermería, una amplia área de recepción cuadrada que ocupaba el centro del servicio de Urgencias.
Llevaba una hora de turno desde que había regresado de la cabaña y del fin de semana largo con Maddie.
Revisaba historias clínicas para comprobar resultados de laboratorio y completar la de los pacientes a quienes ya había dado el alta.
Avanzó por la lista de nombres hasta llegar al de Christian Malone, el gurú tecnológico de Silicon Valley.
Para evitar que condujera bajo los efectos de la morfina, Ethan no había terminado su informe antes de irse de vacaciones.
Abrió la historia y añadió los antecedentes de cálculos renales y el hábito de beber solo café durante el día, sin ingerir agua.
—Dejaste la División de Investigación Criminal para ser médico, pero aquí estás, pegado a un ordenador a medianoche, igual que en los viejos tiempos.
Ethan no necesitó girarse para reconocer la voz.
Había sido compañero de Pete Kramer en la DIC durante una década, antes de decidir retirarse.
Sonrió y giró la silla despacio. Pete estaba apoyado con ambos codos en el mostrador del puesto de enfermería.
Llevaba su habitual chaqueta informal sobre una camisa, sin corbata.
Era prácticamente el único atuendo con el que Ethan lo había visto.
—Te ves muy guapo con el pijama sanitario. Igualito al doctor McDreamy de la serie Urgencias.
—Creo que era de Anatomía de Grey , pero gracias de todas maneras —respondió Ethan.
—Pensé que habías dejado de ser agente especial para atender pacientes y salvar al mundo. Pero aquí estás, jugando al solitario en el ordenador.
Ethan siguió sonriendo. Nadie sabía meter cizaña como Pete Kramer.
—Y, si mal no recuerdo —prosiguió Pete—, también te fuiste porque los horarios eran terribles.
Pero, según mis fuentes, tan solo llevas una hora de un turno de la noche, que seguro te va a aniquilar la melatonina y el ritmo circadiano.
Así que supongo que ahora ganas más dinero, pero sigues llevándote la peor parte.
—He elegido trabajar de noche porque me deja días libres después de una semana seguida.
—Tienes canas en las sienes que no tenías cuando trabajábamos juntos.
—Diez años no pasan en vano.
Ethan se puso de pie y su sonrisa se ensanchó.
—¿Qué demonios haces aquí, Pete?
—¿No se puede venir a ver a un viejo amigo sin segundas intenciones?
Ethan sabía que Pete Kramer había llegado hasta la sala de Urgencias solamente con segundas intenciones. Aunque habían sido grandes amigos, la relación se había resentido desde que Ethan abandonó a su compañero para dedicarse a la medicina.
—Acabo de empezar el turno, Pete. Y tenemos la sala de urgencias llena de pacientes. ¿Es una emergencia o puede esperar a mañana?
Ethan vio que su antiguo compañero se enderezaba, retiraba los codos del mostrador y daba unos pasos hacia la izquierda. Entonces notó su marcada cojera. Y al mirarlo con más atención, una vez pasada la sorpresa del reencuentro, reparó también en el tono ceniciento de su rostro.
—¿Estás enfermo, Pete? —preguntó, centrando su atención en él.
—Peor que eso, amigo. Me voy a morir pronto y necesito un favor antes de que me metan bajo tierra.