8. UN NUEVO ALFA #6
Como si mis palabras hubiesen sido el detonante de pulsar algún botón, siguió embistiéndome una y otra vez, como si fuera un animal salvaje.
Me penetró haciéndome jadear mientras notaba como mis paredes le apretaban.
Para proporcionarle mayor placer, empecé a contraer mi suelo pélvico.
Lo que empezaron siendo jadeos de placer, terminaron siendo gruñidos lascivos.
– Tan húmeda. Tan apretadita y toda para mí.
– ¿Y sabes por qué es todo para ti?
– Por supuesto – contestó haciendo que su aliento me pusiese más cachonda mientras sus labios rozaban mi oído – porque soy tuyo. Zuria soy solo tuyo. Como tú eres mía.
Me corrí escuchando esas palabras. Mientras el esparcía su semen dentro de mí.
Y así, sintiéndome deseada, querida y amada, me dejé llevar por un maravilloso orgasmo.
Quizá esta vez no nos habíamos entretenido tanto en los preliminares.
Quizá debería de haberle dejado que me chupase mi centro.
Quizá deberíamos haber disfrutado de nuestros cuerpos toda la noche.
Dándonos placer una y otra vez, antes de corrernos.
Pero me daba igual. Había sido maravilloso haber notado todas y cada una de las embestidas, como si fuera un potro.
Besó mi hombro y atrapándome entre sus brazos nos dejamos llevar por el sueño. Compartiendo la primera de muchas noches juntos.
AXEL
Eran casi las nueve cuando aparecieron los dos a la vez.
Juntos y sonrientes. Se acercaron a la encimera y dejaron que uno de los que se encargaban hoy de la cocina les sirviese un tazón de café recién hecho.
Cogieron también un plato con huevos revueltos y Aiden les añadió un poco de beicon frito que estaba dispuesto en una bandeja para quien quisiera degustarlo.
Miré la ropa que llevaba Zuria y vi que por el tamaño debía de ser de su… compañero… Aiden.
– ¿Qué tal la noche? – les pregunté con una sonrisa en la boca.
– Mejor de lo que habríamos imaginado – contestó Aiden. Respiré sutilmente para ver si percibía en alguno de ellos el olor que se produce cuando se marcan las parejas, pero no lo aprecié. Zuria se dio cuenta y se rio sutilmente.
– Hemos pasado la noche juntos. Pero no nos hemos marcado. – me comunicó. Me alegraba por ellos. Ya era hora de que empezasen a formar una vida juntos. Sin que nadie nos metiésemos en medio.
– Espero que no hayáis manchado mi ropa.
– Papá – chilló mi hija con las mejillas enrojecidas. La miré y le eché una sonrisa de oreja a oreja. Era la primera vez que la escuchaba llamarme papá y sonaba maravillosamente bien.
– No me pude contener y la rompí.
– Aiden – le regañó a él mientras le propinaba un manotazo en el pecho.
– ¿Qué? ¡Es la verdad! – protestó – Anoche tuve que satisfacer a mi hembra.
– Joder, para. Que no le importa a nadie.
– ¿Y por qué no os habéis marcado?
– Quiero hacerlo delante de la nueva luna llena delante de los miembros de mi manada.
– ¿Vais a volver al palacio? – pregunté algo decepcionado.
– No. Aquí es donde me voy a quedar. Aquí es donde quiero marcar y que me marque mi compañera. Este tipo de manada es lo que siempre quise construir en mi reino… y como habéis visto no he sido capaz. Os pido que me aceptéis en vuestra manada como un miembro más.
– Aquí siempre serás bien recibido – le contesté lleno de orgullo.
– ¿Y qué va a pasar a partir de ahora? – preguntó mi hija.
– Bueno, a partir de ahora tenéis que empezar a escribir vuestra propia historia. Sin que nadie os lo impida.
– ¿Qué significa eso? – Zuria me miró expectante a los ojos.
– Significa que yo os voy a dejar solos para que viváis libres sin que nadie os presione.
– ¿Nos vas a dejar solos?
– Sí, Aiden. Me voy.
– ¿Qué? – la pregunta la hicieron todos los que estaban en la cocina a la vez. Totalmente asustados.
– ¿Qué vamos a hacer sin ti? – preguntó Bosco asustado.
– Lo mismo que habéis hecho hasta ahora.
– Siempre te hemos considerado nuestro alfa. – dijo otro de los chicos que estaban allí. Sus palabras hicieron que mis ojos se llenasen de lágrimas. Durante todo este tiempo había estado metido en mi mundo. No me había dado cuenta de que mis amigos y compañeros me consideraban su alfa.
– Os voy a dejar en las mejores manos. Nada más y nada menos que en las de vuestro rey Aiden Shadow. Eso sí, Aiden, en esta manada ser un alfa es un puesto que se gana día a día.
– Gracias Axel. No sé qué decirte.
– No hace falta que lo digas. Ya sabemos que un licántropo no es capaz de decir más de tres palabras sin cagarla – le cortó Bosco y en parte se lo agradecí porque todo me estaba resultando demasiado emotivo y no quería llorar como un cachorro delante de todos.
– Tu siempre dando la puntilla, Bosco – le increpó Aiden –. Y yo ¿qué voy a hacer?
– Pues lo que hemos hecho hasta ahora y para lo que se formó esta casa. Tenéis que luchar para que los débiles sean protegidos. Esta vez será más difícil porque tendréis que reconquistar tu reino. Pero estoy seguro que lo conseguiréis.
Acabamos desayunando todos en un ambiente distendido y maravilloso. Me daba pena pensar que en unos días abandonaría esa casa para siempre.