EPILOGO
Tal y como Aiden había prometido, en la siguiente luna que hubo nos marcamos mutuamente.
Jurándonos amor eterno delante de todos.
Mientras escuchábamos sus vítores. Mi padre estaba inmensamente feliz por mí.
A partir de ahora teníamos mucho trabajo que hacer y muchos a los que proteger.
Pero eso sería mañana. Ahora era tiempo de disfrutar de nosotros.
Quién me iba a decir que esta maravillosa historia había empezado, mientras el primer copo de nieve caía, susurrando secretos de un cuento invernal…