8. UN NUEVO ALFA #5
– ¿Los míos? He tenido tiempo para fijarme en el respeto que tiene cada uno de los miembros de esta manada por tu padre. Él sí es un alfa y no yo. Solo lo soy porque mi padre lo fue. Pero el respeto se gana.
– ¿Y qué piensas hacer?
– Todo depende de ti.
– ¿Por qué? – preguntó extrañada.
– Te voy a dar dos opciones. Si de verdad quieres rechazarme, aunque me cueste yo también te rechazaré para que puedas hacer tu vida. O puedes aceptarme y ser mía.
– Hay una tercera opción.
– ¿Cuál? – ¿Qué podría ser o conmigo o sin mí? No había una tercera opción… porque… no quería ni pensar que ella fuese a decir que quería hacer una pareja de tres con Bosco.
– Que tú seas mío.
Nos miramos largamente a los ojos mientras la noche se apoderaba totalmente del día, dejándonos un precioso manto de estrellas sobre nuestras cabezas.
– Sabes, creo que ahora tengo frío. – cruzó los brazos por encima de su pecho mientras se aproximaba a mí. No dudé un momento y pasé mi brazo alrededor de sus hombros.
ZURIA
Desde que había despertado hacía apenas dos días, había estado nerviosa.
Estar cerca de Aiden cuando lo había rechazado, me costaba un esfuerzo sobrehumano.
Todos mis poros suspiraban por él. Me alegré por la conversación que mantuvimos en las escaleras de la casa.
Me había dejado claro que me quería y que no iba a aceptar mi rechazo.
Tuvimos un precioso momento de paz y tranquilidad hasta que nos llamaron para ir a cenar.
Poco después de que Aiden terminase, se retiró a su cuarto.
Se encontraba bastante cansado. Yo esperé algo más, porque me encantaba sentarme a la mesa y hablar con todo el mundo.
Cuando dimos por terminada la sobremesa me disculpé y me fui a dormir.
Pero la vulpeja en mi interior me pedía que fuese a buscar a mi compañero.
Me paseé por los pasillos intentando captar su olor.
Y me quedé clavada en la que olía a bosque y lluvia.
Llamé suavemente, esperando que me contestara.
Estuve un par de minutos esperando de pie y volví a llamar.
Pensé un instante en irme, pero me negué.
Necesitaba sentir a Aiden de nuevo. Si no estaba, entraría y le esperaría dentro.
Así que sin perder tiempo entré y me quedé mirando su habitación. Olía muy fuerte a él por todas partes.
– ¿Qué quieres, que te diga que soy tuyo? Soy plenamente tuyo, Zuria.
Se acercó a mí y, levantando mi barbilla, me besó los labios.
Cuando los separó de mi boca, salió un gemido de protesta y le hice reír.
Me agarró entre sus brazos y me llevó a la cama.
Postrándome sobre ella. Me besó la frente, los ojos, la boca.
La parte baja del cuello. Me arrancó la camiseta que llevaba puesta y dejó mis pechos expuestos a su merced.
– No voy a parar.
– Nadie te ha dicho que te pares.
Sus ojos estaban llenos de lujuria. Me mordí el labio sintiendo como mi núcleo se humedecía solo de pensar en lo que me iba a hacer.
– Si sigues mirándome así, me vas a matar, mujer.
Le agarré del cuello y besé sus labios. Abrí la boca y saqué la lengua buscando la suya. Tenía prisa por que me hiciese suya. Necesitaba sentirlo… necesitaba que me tocase con sus grandes manos. Las agarré y las llevé a mis desnudos pechos. Se apartó de mi extrañado.
– Quiero sentirte – protesté.
– Lo vamos a hacer despacio. Tenemos que disfrutar de este momento, que va a ser el primero de muchos más.
Agachó su cabeza y cogiendo uno de mis pechos se metió mi duro pezón en la boca.
Lo chupó con su gorda y caliente lengua.
Hasta terminar dándome pequeños mordisquitos que me hacían chillar de placer.
Estos mordiscos producían una especie de electricidad que terminaba haciéndome contraer mi suelo pélvico de placer.
– Aiden – gemí.
– No sabes cuantas veces he deseado volver a escuchar mi nombre con ese tono.
Se quitó la camisa y disfruté de su abultado pecho.
Tenía la tableta totalmente marcada. Pasé mis manos por ella haciendo que él también jadease lujuriosamente.
Mi compañero era el hombre más bello que jamás hubiese visto.
Solo tenía que dejarme llevar y disfrutar de lo que quisiese hacerme.
Me daba igual, era plena y enteramente suya.
Salió de la cama para quitarse los pantalones y me quedé ensimismada, mirando el gordo bulto que sobresalía de su bóxer blanco. Me miró y se agarró el paquete.
– ¿Te gusta lo que ves?
– Más bien prefiero ver lo que hay dentro – mi respuesta le hizo soltar una risotada. Y como si hubiese sido una orden se quitó la prenda que no me dejaba contemplar toda su magnificencia. No es que la hubiese visto mucho la primera vez que hicimos el amor, pero no la recordaba tan grande.
– ¿Todo bien? – preguntó levantando una ceja.
– No la recordaba tan grande – apreté los labios al escucharme decir lo que estaba pensando.
– Es perfecta para ti – se acercó a mí y agarrándome de los pantalones los partió en dos dejándome solo con unas simples braguitas blancas de algodón. Al darme cuenta de que me había roto los pantalones que eran de mi padre me entró la risa.
– ¿He hecho algo gracioso o me he perdido?
– Solo estoy pensando cómo le vas a explicar a mi padre que le has roto su camiseta y sus pantalones.
– Vaya, espero que se lo tome mejor que lo de la mesa – contestó rascándose el cogote.
– No pierdas la concentración, grandullón. Estoy aquí.
– ¿Crees que he perdido tan siquiera un poquito la atención en ti? – se señaló la eréctil y brillante verga.
Subió a la cama y pasó su mano por mi monte de venus. Abrió mis piernas e inhalo el olor que salían de ellas. Pasó su mano por mis labios y cuando la retiró se la llevó a la nariz para olerla.
– Joder, pequeña, tienes las bragas mojadas. Tan cachonda y húmeda para mí.
– Tómame.
– ¿Puedo saborearte un poco antes?
– Quiero que me penetres fuerte y duro. Quiero sentir tu magnitud dentro de mí. Quiero notarte entre mis paredes y disfrutar con la fricción de tu polla.
Cuando terminé de hablar, un gruñido ronco salió de su pecho.
Sin darme opción a decir nada más agarró mis bragas y las partió en dos.
Genial, si todas las veces iba a ser así, iba a terminar acabando con toda mi ropa.
Separó bruscamente mis piernas, sacándome de mis pensamientos y sin darme opción, dio una primera y brusca embestida.
Eché la cabeza hacia atrás y dejé escapar un jadeo.
– Sí, por dios, fóllame.