La Marca de Zuria 8. UN NUEVO ALFA #2
79%

8. UN NUEVO ALFA #2

Estaba tamborileando los dedos encima de la mesa, cuando la puerta del despacho se abrió.

Apareció Bosco, el joven que había acompañado a mi hija a la fiesta.

Se le notaba cansado. Sé que en el fondo se echaba en parte la culpa por haber dejado un segundo sola a Zuria.

Pero estoy seguro de que todo lo que le había pasado a Zuria formaba parte de un plan para raptarla y hacer chantaje a Aiden…

Aiden, el hombre llevaba dos semanas en el calabozo que habíamos hecho momentáneamente en el garaje de la sede.

Desde que logramos encadenarle no había dejado de aullar.

Estaba seguro que podía sentir el dolor de Zuria, la cual no había despertado aún de la mierda que fuera lo que le habían inyectado.

Según el médico que la atendió, apenas había dejado rastro en la sangre y creemos que le inocularon un compuesto de diente de león para dormirla.

Al no haber ningún rastro en su cuerpo, decidimos hacerle las pruebas de alergia y es a lo único que parece ser alérgica.

– Sigue igual – me comunicó Bosco mientras se sentaba enfrente de mí.

Había estado a los pies de la cama de Zuria cada noche.

Los primeros días no le dije nada. Cuando hablé con él para que supiese que yo sabía que no tenía culpa alguna, le logré convencer para instalar en el cuarto un sillón.

Por lo menos podría pasar las noches más cómodamente.

Aunque me niego a pensarlo, sé que estar al lado de su compañero la haría mejorar.

Pero el licántropo de Aiden no quiere entrar en razones, por más que el resto de mis compañeros hayan bajado para decírselo.

Pero ya no aguanto más. No aguanto ver cómo mi hija sigue sumida en un sueño profundo.

– ¿Habéis hablado con Aiden?

– Su licántropo lo tiene bloqueado. Cada vez está más rabioso y me da miedo que esto sea porque Zuria se está poniendo peor. No me lo voy a perdonar en la vida. No sé cómo pude perderla de vista.

– Bosco, ya hemos tenido esta conversación. Ella se fue al servicio y fue ahí donde pasó lo que pasó. Esperemos que en cuanto recobre el conocimiento ella nos lo aclare.

– ¿Y si no es así? – di un golpe a la mesa y Bosco me miró asustado.

– Va a ser así – puntualicé. El miedo de pensar en perderla ahora que ella sabía que yo era su padre y me había aceptado, me estaba matando por dentro –. Ni quiero ni tengo fuerzas para pensar que no va a ser así. Si vas a venir aquí con un mal agüero, prefiero que me dejes.

– Si bajas a hablar con él, quizá te escuche.

Me volvió a dejar solo en el despacho con mis pensamientos…

bajar a hablar con Aiden. Al que drogué para poder coger a Zuria de entre sus brazos.

Se sentía engañado por mí, creía que la amistad que durante esos años yo le había dado era falsa.

Y puede que tenga un poco de razón. Al principio tuve que engañarle para hacerle caer en mis redes y acabar con él.

Pero cuando realmente le conocí, entendí que él no era el causante del daño que había infligido su padre.

Así que convencí al resto de insurgentes para no matarle.

Les dije lo buen alfa que podía llegar a ser y si estábamos cerca de él, de una forma u otra sabríamos sus pasos.

Así que, en parte, me hice su guardián. Día a día hablábamos, él me contó lo feliz que había sido su infancia y cómo una vez que se hizo adulto y empezó a ver, a conocer y a entender la cosas, bajó en picado a los infiernos.

Yo le sostuve en brazos cuando casi no podía andar.

Y no voy a negarlo, me sentí como su amigo.

Tanto que llegué a olvidar el motivo principal por el que necesitaba estar junto a él.

¿Quién me iba a decir a mí que el compañero de mi hija iba a ser él?

Me ha costado asimilarlo, pero es inviable luchar contra dos personas predestinadas.

A no ser que ambos se rechacen. Pero eso no va a pasar de ninguna de las maneras.

Aiden nunca la rechazaría. Para él encontrar a su compañera era uno de sus mayores deseos en la vida.

Habíamos pasado muchos años juntos y ambos nos habíamos contado alguna que otra intimidad.

Aunque más él que yo, porque siempre tuve que esconder mi pasado.

Me levanté de la silla y salí del despacho dispuesto a hablar con él. Si tenía que suplicarle, le suplicaría. Porque sé que, si él está cerca de ella, el vínculo de apareamiento la va a hacer sanar más rápidamente. Aunque no esté marcada.

Fuera los chicos se mostraban despreocupados, algunos jugando a las cartas.

Otros estaban en la cocina haciendo algo para comer.

El sitio donde estábamos lo había empezado a comprar yo con el dinero que tenía ahorrado.

Compré esta enorme nave apartada de todo en un polígono que había visto mejor vida, pero que ahora estaba totalmente vacío de negocios.

Y poco a poco la fuimos transformando en lo que es hoy.

Una especia de casa para los insurgentes.

Por fuera sigue manteniendo el mismo aspecto de una nave industrial, pero por dentro está totalmente reformada igual que si fuera una casa…

una enorme casa. He ido comprando casi todas las naves de este polígono y hemos hecho incluso una especie de patio donde disfrutar del aire libre.

Muchos de los lobos que se vieron forzados a ser pícaros por una razón u otra, terminaban pidiendo asilo aquí.

En parte me parece gracioso que haya terminado metido en una especie de manada.

Aunque no suelo residir aquí con el resto, pero me siento parte de ella.

Y me parece gracioso, porque los zorros somos solitarios y no nos gusta estar en manadas.

Pero aquí es casi como estar en casa. Todos nos respetamos.

Si creemos que hay algún tipo de problema, hablamos entre todos para ponerle remedio.

Agarré el pomo de la puerta que me conduciría directamente al habitáculo donde tenemos encerrado a Aiden y antes de entrar di un gran suspiro.

Desde que llegamos, no se había vuelto a transformar.

Cada vez que uno de nosotros entraba, no tardaba ni cinco minutos en salir porque él seguía clamando sangre por lo que le había pasado a su compañera.

Yo hasta hoy no me había atrevido a ir a verle.

– Axel, entra. No te quedes en la puerta. ¿Crees que no puedo olerte desde aquí? Maldito cabrón – un escalofrío recorrió mi espalda solo de pensar que él ya me había percibido.

Entré en la habitación y me lo encontré atado con cadenas por todas partes. Cada día que pasaba teníamos que aumentar su agarre. Y francamente, no entendíamos de donde podía sacar tanta fuerza estando tan debilitado como pensábamos.

– Hola Aiden, ¿qué tal estas? – Le saludé nada más entrar.

– Pues ya ves. Preferiría estar en una playa tomándome un daiquiri, pero aquí me tienes preso por unos cabrones – solo con mirarlo, Balto daba miedo.

– He venido a hablar con Aiden. Así que, por favor, transformarte y vuelve a ser persona.

– No pienso cederle el control. Habéis hecho daño a mi compañera y os voy a matar a todos.

– Aiden ¡por dios! Soy su padre. ¿De verdad crees que yo le haría daño? Daría mi vida por ella. Si estoy aquí es para pedirte ayuda.

AIDEN

Le miré a los ojos y vi que había una especie de súplica en ellos.

Y por un momento vi la sinceridad en los ojos de mi amigo.

Bajé la mirada por su rostro y vi que la herida que le había propinado con mis garras hacia dos…

tres o cuatro días, ya había perdido la cuenta.

Había desaparecido. Se que él no se habría atrevido a hacer daño a Zuria.

Pero solo de pensar que alguien estaba intentando acabar con ella, me llenaba de ira.

Gruñí de dolor al pensarlo de nuevo. Axel me sostuvo la mirada sin asustarse por mis alaridos.

En parte, él me conocía mejor que nadie y sabía que a él no me atrevería a hacerle daño… era mi amigo.

– ¿Por qué me tienes encadenado? ¿No somos amigos?

– Es por la seguridad de las personas que habitan en esta casa.

– Quiero verla – bramé.

– No hasta que no te calmes – no iba a dar mi brazo a torcer. Le iba a liberar, pero bajo mis normas.

– Calmarme. No habéis sido capaces de decirme nada de mi compañera.

– Zuria sigue inconsciente – solo de pensarlo una punzada de dolor se hundió en mi pecho.

– Voy a acabar con todos vosotros – Abrí y cerré los brazos con golpes secos para ver si así conseguía romper mis cadenas. Pero fue inútil. Por más que lo llevaba intentando días enteros no lo terminaba de conseguir.

– Escúchame, por favor, amigo. Sé que estar cerca de ti puede hacer que se recupere antes.

– ¿Por qué no se ha recuperado? Normalmente los metamorfos tenemos esa facilidad en la curación.

– No estamos seguros. Creemos que le han podido inyectar algo a lo que es alérgica. Porque no tiene ningún otro tipo de señal, o marca.

– Llévame con ella.

– No puedo soltarte las cadenas sin que te transformes. Me da miedo que intentes atacar a cualquier miembro de la casa.

– ¿Me tienes miedo?

– No quiero que nadie sufra daño. También tú me preocupas.

– Puf… ¿por mí? – abrí la boca y de mi garganta salió un sonido entre un gruñido y una risotada.

– Aiden – se aproximó a mí. Si extendía mi brazo le podía agarrar perfectamente y arrancarle la cabeza. – Necesito que ayudes a Zuria, porque no sé qué hacer y solo pensar que la puedo perder también a ella… por… favor – tartamudeó –. Actúa protegiendo a tu manada, como el alfa que eres.

– ¿Ahora sí soy tu alfa? Después de que me vieran todos salir de la fiesta y para seguiros. Dudo mucho que se me considere como tal.

– ¡Maldita sea! Pues actúa como su compañero.