2. UN NUEVO COMIENZO #2
Así que aquí me encontraba yo, a la mesa de un caro restaurante escuchando las nimiedades que ella llevaba toda la noche contándome.
Sé que se estaba haciendo la agradable, pero en el fondo se notaba que estaba nerviosa al estar cenando conmigo.
A fin de cuentas, yo soy su rey. Mañana le preguntaría a Samuel si le había comentado ese pequeño detalle a ella.
Si que habituaba a decirles que la cita era con el alfa, pero últimamente no se lo había dicho a mis últimas citas para que mostrasen una sorpresa inocente al verme.
Pero este juego de las citas cada vez me estaba aburriendo más.
A día de hoy, todavía no he encontrado a mi mate y me niego a marcar a una chica.
Cualquiera. Me aterra pensar en cómo mi padre destruyó a mi madre al no ser su mate.
No quiero que esto me suceda a mí. Aunque creo que mi gente está preocupada por mí.
Porque pase el resto de mi vida solo y que esto de algún modo pueda debilitar mi fuerza.
Pero esto no va a pasar, nosotros los licántropos no sufrimos, ni nos debilitamos como los lobos cuando no encuentran su pareja.
Pero bueno, la verdad es que esta vez sí que me había sorprendido la chica que me había buscado para la cita.
Por lo visto, había llegado hacía un par de meses.
Nunca había pensado en salir de su manada, pero su alfa le había dado permiso para que ella continuase sus estudios en ciencias oceanográficas.
Si es cierto que en Big City poseemos uno de los mayores centros oceanográficos que ayudan a su estudio.
– Para ser franca, jamás pensé en que mi cita a ciegas sería contigo.
Le sonreí intentando no pensar que me estaba tuteando sin que yo se lo hubiese permitido.
Mientras ella subía y bajaba sus pestañas como si fuesen el aleteo de una mariposa.
Definitivamente la chica estaba intentando coquetear conmigo.
Pero bueno quizás esta noche le permitiese que sus piernas rodeasen mis caderas mientras la penetro. Nunca dije que fuese un ángel.
– Muchas veces suelen ser decepcionantes. Tú ya me entiendes.
– Vaya – contesté sorprendido.
– Oh no, no, por favor, no quería decir eso – sus mejillas se pusieron totalmente rojas.
– Me alegra saber que no he sido una decepción.
– De verdad que no.
Bajó los ojos a su regazo avergonzada. Me daba pena verla en esa situación, pero en parte se lo merecía. ¿Había pensado tan siquiera que yo podía ser una decepción?
– Lo siento mucho, alfa – murmuró.
Me reí suavemente para liberar la tensión que yo mismo había generado. Mi madre solía decirme que con la comida no se juega. Pero sintiéndolo mucho, como depredador que soy me encanta jugar con la comida antes de comerla. Y desde luego, Sacha hoy iba a ser mi plato fuerte.
– Cenemos – dije invitándola a probar los deliciosos manjares que nos habían puesto en la mesa.
– Por su puesto – contestó mirándome a los ojos con sus largas pestañas llenas de rímel.
Aunque estábamos lejos de la puerta, noté que alguien había entrado tanto por la corriente de aire fría como por el olor…
un suave olor a frambuesa… o quizás fresa.
No era capaz de percibirlo con claridad.
También podía percibir el olor de Adonis.
Así que fuese quien fuese la chica, era la cita de él.
– ¿Lo hueles? – pregunté en alto. Aunque era más bien una pregunta para mí mismo.
– Uff, sí. Es a zorrino. Creo que han dejado entrar a unos zorros. Hoy en día cualquiera puede entrar en cualquier sitio. Es intolerable. En mi manada hay zonas están vetadas.
– ¿Perdona? – ¿estaba diciendo lo que yo creía que estaba diciendo?
Tener zonas vetadas tanto a humanos como a otros metamorfos, es inhumano.
Es muy probable que, por eso, donde yo habito sea dónde hay una mayor tasa de distintos metamorfos.
Convivimos unos con otros sin ningún tipo de problemas.
Quizá debería mirar y preocuparme por las leyes de las distintas manadas.
Después de todo, yo soy el rey y deberían regirse por mis leyes.
Observé como el metre pasaba por el fondo de la sala, en sentido opuesto a donde nosotros estábamos sentados.
Iba seguido de Adonis y su acompañante. Se le veía relajado y sonriente.
Pero no alcanzaba realmente, a ver quién iba con él.
¿Qué ser era el que me estaba alterando tanto?
¿Quién osaba a perturbar a mi licántropo así?
Me volví nervioso en la silla mientras el delicioso sonido de una voz llegaba a mis oídos igual que si fuese el gorjeo de un pájaro.
Intenté volver a mirar, pero el cuerpo de Adonis tapaba a su acompañante.
Debía de ser menuda. Probablemente de menos de un metro sesenta.
Su cuerpo estaría lleno de curvas. Y su pelo, ¿qué color tendría su pelo?
... Su ojos… el color de sus labios. Solo de pensarlo mi boca se hacía agua.
– Si me disculpas voy a ir a saludar a un amigo – Sacha sonrió y siguió comiendo.
Me levanté de la mesa, acercándome poco a poco con cautela, embelesado y perturbado por el olor.
Estaba tan cautivado por el aroma que parecía envolverse alrededor de todo mi ser, como si fuese una serpiente.
Cuanto más me iba acercando, más parecía que la cara de Adonis se iba descomponiendo poco a poco.
No dejaba de apartar los ojos de mí. Incluso me pareció que se le tensaba la mandíbula.
– Buenas noches – saludé nerviosamente. La acompañante de Adonis giró su cabeza y, levantando su mirada, se me clavaron sus grandes ojos color avellana.
– Buenas noches – contestaron los dos al unísono.
– Éste es el Alfa Aiden. Él es el que deberá darte permiso para poder instalarte en la ciudad. Hasta que no lo tengas, no podrás moverte – le informó su tío.
– Encantada – saludó tendiéndome su fina mano que yo no dude en estrecharla. Casi se me cayó la baba al notar el contacto de su piel en mi mano. Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo y no tuve duda alguna. Acababa de conocer a mi mate.
– ¿Es tu sobrina? – repiqué incrédulo. Tuve que hacer un esfuerzo para que mi mandíbula no se descolgara.