La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) El coste
90%

El coste

Volvieron al lugar antiguo porque era el único sitio que tenían.

El camino de regreso fue más lento que la ida. Nadie habló demasiado. Cada uno cargaba con algo distinto: golpes, cansancio, miedo y preguntas nuevas. La noche seguía fría y la ciudad parecía la misma, pero Airen sabía que algo había cambiado en la zona portuaria.

Nico entró apoyado en Liam.

Intentaba caminar solo, pero el hombro derecho no le respondía bien y cada pocos pasos la cara se le tensaba. El corte de la frente había dejado de sangrar, aunque le cruzaba la ceja como una línea oscura.

Liam lo llevó hasta el primer banco libre, lo ayudó a sentarse y se quedó cerca, de pie, con los brazos cruzados.

Era su forma de ayudar. Estar ahí sin convertirlo en una escena.

Nico apoyó la cabeza contra la pared y cerró los ojos.

—Estoy bien —murmuró.

—Claro —dijo Liam—. Por eso pareces un trapo.

Abrió un ojo.

—Gracias por tu sensibilidad.

—La tengo reservada para emergencias.

—Esto casi cuenta.

—Todavía hablas. No cuenta.

Nico dejó escapar algo parecido a una risa, pero se le cortó al mover el hombro. Liam no hizo ningún comentario. Solo se quedó un poco más cerca, respirando con cuidado para no castigar las costillas.

Ethan entró detrás, con la ceja abierta y una mano apoyada en el costado. Intentó dejar la chaqueta sobre una silla y falló. La prenda cayó al suelo. La miró un segundo, calculando si valía la pena agacharse.

Kai la recogió y se la tendió.

—Te estás haciendo mayor.

Ethan lo miró.

—Tú estuviste secuestrado hace una semana. No estás en posición de provocar.

—Justo por eso. Estoy recuperando costumbres.

Ethan aceptó la chaqueta con una mueca que podía ser dolor o algo cercano a una sonrisa.

Logan fue directo a la caja de los registros.

No alzó la voz, no pidió ayuda ni esperó a que nadie le preguntara por la mano. Sacó lo que necesitaba con la izquierda. Llevaba la derecha cerrada y pegada al cuerpo.

Ethan se acercó y la observó.

—¿Rota?

—Probablemente.

—¿Y estás buscando papeles?

—Ya me la he roto antes.

Ethan soltó aire por la nariz.

—Fantástico. Entonces duele con experiencia.

Le quitó las hojas de la mano izquierda y las dejó sobre la mesa.

—Siéntate.

Logan lo miró.

—Ethan.

—Siéntate o te rompo la otra y así dejamos de discutir.

Logan cedió.

Durante los minutos siguientes atendieron las heridas con lo poco que tenían.

Liam limpió el corte de Nico y comprobó que pudiera mover los dedos antes de inmovilizarle el hombro con una venda.

Kai ayudó a Ethan con la ceja, mientras este protestaba porque no necesitaba tantos cuidados.

Después Ethan revisó las costillas de Liam y confirmó que, al menos, ninguna parecía rota.

La mano de Logan estaba hinchada y empezaba a adquirir un tono oscuro. Ethan la inmovilizó con una tablilla estrecha y varias tiras de tela.

—Esto es provisional —dijo—. En cuanto podamos salir sin que intenten matarnos, te la verá alguien que sepa lo que hace.

—Tú sabes lo que haces.

—Sé más que tú. No es lo mismo.

Logan no discutió.

Noa se sentó sola en un rincón, lejos de la entrada y también del banco donde estaba Nico. Kai hizo ademán de acercarse para ayudarla, pero ella negó con un gesto.

No fue rechazo ni orgullo. Necesitaba quedarse un momento dentro de su propio cuerpo sin que nadie intentara sostenerlo por ella.

Kai lo entendió y se detuvo.

Airen la observó desde lejos.

Los vínculos le dijeron lo que los ojos no terminaban de explicar. Noa estaba entera. El hilo de los Orath había desaparecido por completo y ya no quedaba ninguna conexión, pero el anclaje que Rael había dejado seguía dentro. Quieto y sin nada tirando de él, aún afectaba a su cuerpo.

Lo ocurrido en la zona portuaria no era una invasión nueva, sino agotamiento. El anclaje seguía debilitándola y su cuerpo pagaba además el precio de haber sostenido aquella conexión durante demasiado tiempo.

No todo se curaba al mismo ritmo ni volvía de golpe.

Noa necesitaba tiempo.

Y, por una vez, Airen decidió no empujar.

Kai se sentó junto a ella en el suelo, contra la pared de piedra, en el mismo lugar donde habían hablado la noche anterior. Esta vez dejó menos distancia entre los dos, pero no la tocó. Permaneció cerca, con las piernas estiradas y la mirada puesta en el centro del lugar.

Airen agradeció que no preguntara nada. No habría sabido por dónde empezar.

La deuda seguía dentro de ella, exhausta e inestable después del esfuerzo. Había regresado, pero Airen aún notaba las consecuencias de haberla extendido tanto para reforzar el espacio de todos y obligar a Rael a retroceder.

Ya no era una suposición. Podía limitarlo. Podía negarle el espacio que necesitaba para actuar y obligarlo a ceder.

Todos lo habían visto.

Rael también.

Logan tardó un rato en acercarse. Cuando lo hizo, llevaba un par de hojas dobladas bajo el brazo y la mano derecha inmovilizada. Se sentó en el banco frente a Airen y Kai.

No parecía venir a organizar el siguiente movimiento.

Dejó las hojas sobre las rodillas.

—Lo que has hecho esta noche cambia las cosas —dijo—. Hasta ahora sabíamos que la primera deuda podía expulsar una conexión y devolverle a una persona el espacio que los Orath habían ocupado. Ahora sabemos que también puede impedirles entrar. Incluso a Rael.

—También él lo sabe.

—Sí. La próxima vez vendrá preparado para lo que puedes hacer.

La deuda seguía dentro de ella, débil pero presente. Había conseguido obligar a Rael a retroceder, pero para hacerlo había tenido que extenderla más de lo que creía posible. Si el enfrentamiento hubiera durado un poco más, no sabía si habría podido mantenerla.

Las hojas siguieron cerradas sobre sus rodillas.

—Hay otra cosa que necesitáis saber antes de volver a enfrentaros a él. La primera deuda no nació únicamente de una intención. Para que pudiera permanecer después de quien la creó, hubo que pagar un precio.

Airen estuvo a punto de pedirle que continuara, pero entonces miró alrededor.

Nico había vuelto a cerrar los ojos y apenas podía mantener la cabeza erguida.

Noa seguía temblando en su rincón aunque intentara ocultarlo.

Ethan tenía la ceja vendada, Liam respiraba con cuidado y la mano de Logan se oscurecía bajo la tablilla.

Kai seguía junto a ella, agotado después de todo lo que había soportado durante los últimos días.

Airen tampoco sabía si podría ponerse en pie sin que le fallaran las piernas.

—Seguimos cuando hayamos descansado —dijo.

Durante un instante pareció dispuesto a discutir.

—No hace falta que pares por mí.

—No paro por ti. Míralos.

La mirada de Logan recorrió el lugar. Esta vez no discutió.

—De acuerdo.

—Y entonces empiezas por el precio.

—Por el precio —confirmó Logan.

Kai apoyó una mano en su espalda.

Airen sintió el calor de su palma a través de la camiseta y se permitió apoyarse un poco en él sin volverse.

El lugar antiguo recuperó el silencio.

Rael seguiría moviéndose. Todos lo sabían.

Lo ocurrido en la zona portuaria no había sido el final. Había sido el momento en que ambos descubrieron algo nuevo sobre el otro. Airen podía negarle espacio y obligarlo a retroceder. Rael conocía ahora sus límites. La próxima vez ninguno entraría sin tenerlo en cuenta.

Pero aquella noche nadie estaba en condiciones de pensar en la próxima vez.

Ethan se sentó al fin en el suelo, junto a la pared, con un gruñido que intentó disimular y no consiguió.

Liam le pasó una botella de agua sin mirarlo.

Nico se había quedado dormido sentado, con la cabeza inclinada hacia el lado sano.

Noa cerró los ojos en su rincón, aunque Airen supo que todavía no dormía.

Logan permaneció en el banco, con las hojas sobre las rodillas y la mano inmovilizada contra el cuerpo.

Kai siguió a su lado.

Airen los miró uno por uno.

Heridos y agotados, pero enteros.

No faltaba ninguno.

Por aquella noche, era lo único que podía pedir.