La visita
Nico lo detectó antes del amanecer.
Llevaba un rato sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared y el hombro inmovilizado de la mejor forma que habían podido. No debería haber estado rastreando. Todos lo sabían. Él también. Pero quedarse quieto no era algo que Nico hiciera bien cuando había algo ahí fuera moviéndose.
Tenía los ojos cerrados y la respiración lenta, concentrado en un rastro que los demás no podían ver.
El lugar antiguo estaba casi en silencio.
Ethan dormía sentado junto a la entrada, con la cabeza apoyada contra la piedra.
Liam vigilaba a pocos pasos. Noa descansaba en uno de los bancos, aunque Airen no estaba segura de que durmiera del todo.
Logan seguía despierto, con los registros cerca y la mano derecha inmovilizada contra el cuerpo.
Kai estaba sentado junto a Airen, en el suelo.
No hablaban. Después de la zona portuaria, el cansancio no había dejado mucho espacio para las palabras.
Nico abrió los ojos de golpe. No se movió enseguida. Solo levantó la vista hacia la puerta.
Liam fue el primero en verlo.
—¿Qué?
Tardó un segundo en responder.
—Viene alguien.
Ethan se despertó como si nunca hubiera estado dormido. Se puso en pie demasiado rápido y soltó una maldición al notar el tirón en las costillas. Liam ya estaba junto a la entrada. Logan movió la mano derecha por instinto y la cara se le tensó antes de volver a pegarla al cuerpo.
Kai se levantó junto a Airen.
—¿Cuántos? —preguntó Logan.
Nico volvió a cerrar los ojos. El esfuerzo le marcó la mandíbula. Respiró hondo, intentó seguir el rastro y negó despacio, como si la respuesta tampoco le encajara.
—Uno.
Ethan frunció el ceño.
—¿Un portador?
—No.
Nico abrió los ojos.
—Rael.
Nadie dijo nada.
Rael estaba solo. Sin Seth, Mara ni Axel. Sin portadores ni cuerpos vacíos delante. Se acercaba al lugar más antiguo que los Nahdir conservaban en la ciudad, en plena madrugada, pocas horas después de haber retrocedido por primera vez ante Airen.
No tenía sentido.
Y precisamente por eso era peor.
—No puede abrir la entrada —dijo Logan.
No sonó del todo seguro. O quizá nadie podía sonar seguro cuando hablaba de Rael.
—Lo que llegó hasta aquí a través de Kai no estaba presente de forma física —continuó—. El lugar no reconoció su rastro como el de alguien autorizado para abrir.
Liam miró la puerta.
—Entonces, ¿qué quiere?
Nadie respondió, pero todos miraron a Airen.
Ella ya estaba de pie.
Kai se colocó a su lado.
—Airen.
—No voy a esconderme aquí dentro.
Logan avanzó hacia ella.
—No vas a salir sola.
—No he dicho que vaya a hacerlo.
—No vas a salir.
Airen lo miró.
La deuda seguía cansada, pero estaba estable dentro de ella.
—Salí a su encuentro cuando él tenía todas las ventajas —dijo—. Eligió el sitio, la hora y el terreno. Ahora viene solo hasta una puerta que no puede abrir.
—Eso no significa que no sea peligroso.
—No he dicho que no lo sea.
—Entonces sabes que puede ser una trampa.
—Todo con Rael puede ser una trampa. También quedarnos aquí esperando a que decida cuál será el siguiente movimiento.
Logan no se apartó. Kai tampoco.
Airen respiró despacio.
—Quiero saber qué tiene que decir.
Sostuvo su mirada durante unos segundos. Luego miró a Kai.
—No te separes de ella.
Soltó aire por la nariz.
—Gracias por la idea. No se me había ocurrido.
Logan no le respondió.
Fue hacia la pared y presionó el punto exacto que abría la entrada. La piedra respondió con aquel sonido bajo y antiguo, y la puerta empezó a abrirse hacia dentro. El aire frío de la calle entró despacio, arrastrando olor a humedad y madrugada.
Airen salió primero. Kai lo hizo con ella y Logan fue detrás.
Los demás se quedaron dentro, pero cerca de la entrada. Airen oyó a Noa levantarse, a Nico intentando incorporarse aunque no debía y a Ethan y Liam colocándose para salir si algo cambiaba.
Rael estaba a unos metros de la puerta. Solo, como había dicho Nico.
No llevaba nada en las manos. No había portadores detrás de él ni sombras moviéndose en las esquinas. Tampoco tenía la postura de alguien que hubiera ido a atacar. Permanecía bajo la luz débil de una farola, con el abrigo oscuro y la misma calma imposible de siempre.
Era la primera vez que Airen lo veía así. No en mitad de un enfrentamiento, utilizando a otros o rodeado de hilos.
Solo.
Aquello no lo hacía menos peligroso. Lo hacía más difícil de leer.
—Sabía que saldrías —dijo Rael.
Airen se detuvo a varios pasos de él.
Kai quedó a su lado, medio paso por delante. Logan permaneció detrás de los dos, lo bastante cerca para intervenir si era necesario.
—¿Qué quieres?
Rael la miró sin prisa.
—Lo mismo de siempre.
—Entonces has venido para nada.
—No exactamente.
Logan habló detrás de ella.
—Los Orath no piden.
Rael no apartó los ojos de Airen.
—Esta noche sí.
El silencio cambió.
Kai tensó los hombros.
Rael continuó con la misma voz plana, aunque había algo distinto en su forma de mirar a Airen. No era menos frío, sino más preciso.
—Esta noche he visto algo que no veía desde hace siglos. Alguien capaz de hacerme retroceder. Eso cambia las reglas.
Mantuvo la deuda presente, sin extenderla.
—No has venido a felicitarme.
—No.
—Entonces habla.
Rael asintió apenas.
—Ven conmigo.
Kai reaccionó antes que nadie. Se movió lo justo para interponerse con más claridad entre los dos.
Rael siguió mirando a Airen.
—Voluntariamente. Tú y lo que llevas dentro. Sin resistencia, persecuciones ni más cuerpos entre nosotros.
No respondió.
Rael dio un paso lento, pero se detuvo cuando Kai cambió el peso de un pie al otro.
—A cambio —continuó—, ellos quedan libres.
Airen sintió la frase como un golpe bajo, pero no dejó que se le notara.
—¿Ellos?
—Todos los que están dentro. Logan, Kai, Noa, el rastreador, los guardianes. Cualquiera que haya estado bajo tu protección hasta ahora. Mientras vivan, ninguno volverá a saber de los Orath.
Kai habló con la voz baja.
—No.
Rael ni siquiera lo miró.
—No te lo estoy preguntando a ti.
—Me da igual.
—Lo sé.
Airen giró la cabeza hacia Kai.
La cara de él estaba cerrada, pero sus ojos no. En ellos había algo que le dolió más que cualquier amenaza de Rael: miedo. No a morir allí mismo, sino a que ella escuchara demasiado.
Airen volvió a mirar a Rael.
—¿Por qué ahora?
Ladeó apenas la cabeza.
—Porque ahora sé qué necesito.
—Llevas siglos intentando conseguir la primera deuda por la fuerza.
—Sí.
—Has utilizado portadores, marcas e hilos. Has vaciado personas. Has intentado llegar a mí a través de Noa, de Kai y de cualquiera que pudiera servirte.
—Sí.
—Y ahora vienes a pedirla.
Rael no se molestó en negar nada.
—Ahora sé que no basta con tomarla.
Detrás de Airen, Logan apenas respiraba. Ella lo notó sin mirarlo.
Rael también debió de percibirlo, porque su atención rozó a Logan antes de regresar a ella.
—La primera deuda no puede consumirse. Mientras quien la lleva mantenga la intención que la sostiene, tampoco puede ser tomada ni utilizada por nosotros. Para acceder a ella necesitas abrir el camino.
Algo se apretó en el pecho de Airen. No por miedo, sino por reconocimiento.
Lo había descubierto durante el entrenamiento. La deuda no respondía a la rabia ni al deseo de destruir. Se movía desde la protección y la restitución. Si Airen no abría aquel camino, Rael no podía atravesarlo.
—Así que la única forma de obtener lo que quieres —dijo— es que yo te lo dé.
—Sí.
La sinceridad de la respuesta fue más inquietante que cualquier amenaza.
—¿Y si digo que no?
Rael la miró con aquella calma que no necesitaba elevar la voz.
—Seguiremos.
—Eso ya lo sé.
—Hasta que uno de los dos no pueda más. Yo existía antes que vosotros y existiré después. Tú no. Ellos tampoco.
Kai dio un paso, pero Airen levantó una mano sin mirarlo.
Rael continuó.
—La oferta es real. No es una trampa.
Kai soltó una risa breve, sin humor.
—Claro. Porque tú eres muy de fiar.
Rael lo miró al fin. No con rabia, sino con una paciencia fría que hizo que Airen quisiera colocarse delante de Kai aquella vez.
—Cumplo lo que me interesa cumplir —dijo Rael—. Y esto me interesa. Quien va voluntariamente es más valioso que quien debe ser arrastrado. Eso lo he aprendido esta noche.
Airen sostuvo su mirada.
—Yo no soy un portador.
—No. Eres otra cosa.
—Y tampoco soy tuya.
—Todavía no.
La deuda reaccionó dentro de ella. Kai también.
—Cuidado —dijo él.
Rael volvió a mirar a Airen.
—Tienes demasiado que perder. Lo vimos en la zona portuaria. No puedes sostener la deuda contra mí si cada persona que amas se convierte en una grieta. Puedo utilizar eso una y otra vez.
Airen notó cómo la frase intentaba entrar. No la dejó.
—Y por eso vienes aquí. Porque sabes que no puedes tomarla por la fuerza.
—Puedo intentarlo durante años.
—Pero no puedes tomarla.
Rael no respondió.
No hizo falta.
Logan había permanecido en silencio hasta entonces. Cuando habló, había rabia debajo de su voz. Muy contenida, pero viva.
—No va a ir a ninguna parte contigo.
Rael miró a Logan y algo cambió en el aire.
—Eso lo decide ella.
—No.
—Sí. Ella. No tú. Nunca tú.
Logan dio un paso. Kai lo miró de reojo, sorprendido por la tensión del movimiento.
Rael no se apartó.
—Llevas toda su vida intentando protegerla como si pudieras decidir por ella —dijo—. Y sigues confundiendo proteger con mantener puertas cerradas.
Airen giró la cabeza hacia Logan. No por las palabras de Rael, sino por su cara.
Fue solo un segundo, pero bastó.
Aquello no era una provocación vacía. Había algo que Logan no negó con suficiente rapidez.
Toda su vida.
La frase se le quedó clavada.
—¿Qué significa eso?
Logan no apartó los ojos de Rael.
—Que quiere que discutamos delante de él.
No respondía a la pregunta. Airen lo supo, pero también entendió que Rael esperaba precisamente eso. No iba a darle el gusto.
Rael observó el intercambio con una quietud casi cuidadosa.
Airen volvió a mirarlo.
—Dame tiempo.
Kai se giró hacia ella.
—No.
No lo dijo fuerte. Eso fue peor.
Airen notó su mirada encima, abierta, incrédula, herida de una forma que no podía atender en aquel momento. No estaba aceptando el trato. Estaba comprando tiempo y Rael lo sabía, pero si había ido hasta allí a pedir lo que no podía tomar, quizá estuviera dispuesto a concedérselo.
—No estás pensando en ir con él —dijo Kai.
No era una pregunta.
Airen no lo miró todavía. No podía hacerlo sin perder el control de la cara.
Rael asintió una vez.
—Tienes hasta que amanezca.
Logan se tensó.
—Airen.
—Silencio —dijo ella, sin apartar la vista de Rael.
Él continuó:
—Si para entonces no has decidido venir, la oferta se retira y continuaremos como antes. Sin límites ni condiciones.
—Ya estabas sin límites.
—No.
Rael lo dijo con tanta sencillez que Airen entendió que era verdad.
Todavía había cosas que no había hecho. Cosas que podía hacer y estaba eligiendo no hacer porque la necesitaba viva, dispuesta y entera.
Dio un paso atrás.
—Al amanecer —repitió.
Después se giró y se marchó.
No desapareció ni utilizó ningún hilo. Caminó hacia la oscuridad de la calle con pasos tranquilos, hasta que las sombras lo ocultaron.
Nadie habló hasta que dejó de oírse.
Kai fue el primero.
—Mírame.
Airen cerró los ojos un segundo. Luego lo hizo.
La cara de Kai no mostraba rabia. Eso habría sido más fácil. Había miedo. Miedo real, del que no podía ocultar con ironía ni frases secas.
—Dime que solo querías ganar tiempo.
—Necesitaba saber si me lo daría.
—Y te lo ha dado. ¿Para qué?
Airen sostuvo su mirada.
—Para averiguar todo lo que Logan sigue ocultando y encontrar la forma de rechazarlo sin que el precio lo paguéis vosotros.
Kai negó despacio.
—No hay una forma de rechazarlo que le parezca suficiente. Está utilizando a los demás para convencerte de que tienes que sacrificarte.
Airen sintió que aquello le dolía porque Kai tenía razón. Y porque ella también.
—Lo sé.
—Entonces no lo llames oferta.
—No lo hago.
Kai la miró como si quisiera creerla y todavía no pudiera.
Logan estaba detrás de ella, demasiado quieto.
Airen se volvió hacia él.
—Ahora.
Logan no respondió.
—Todo, Logan. Ahora.
Kai volvió también la mirada hacia él.
La entrada del lugar antiguo seguía abierta a medias. Desde dentro, Airen sabía que los demás estaban cerca. Noa, Ethan, Liam y Nico. Todos escuchaban. Todos entendían que la conversación que Logan había empezado la noche anterior ya no admitía otra demora.
La venda de Logan se había aflojado un poco. Estaba más pálido que antes y en sus ojos había algo que Airen nunca le había visto con tanta claridad.
Cansancio.
No físico. Años de cansancio. Décadas, quizá.
—Entra —dijo al fin.
Airen no se movió.
—Dilo aquí.
—No.
Kai dio un paso hacia él.
—Logan.
Respiró despacio.
—Si voy a contarlo, lo contaré una vez y a todos. No en mitad de una puerta, con Rael todavía cerca y los demás escuchando desde dentro como si esta fuera otra emergencia que pudiéramos resolver a medias.
Airen sostuvo su mirada.
La rabia seguía allí. El miedo también. La frase de Rael no dejaba de repetirse en su cabeza.
Pero Logan tenía razón en una cosa. Ya no podía contarlo a medias. No después de aquello.
Airen entró. Kai lo hizo con ella.
Logan cerró la puerta del lugar antiguo y la piedra encajó detrás de ellos.
Dentro, nadie fingió no haber escuchado.
Noa estaba de pie. Ethan y Liam permanecían junto a Nico, que seguía pálido, con el hombro inmovilizado, pero tenía los ojos abiertos y fijos en Logan.
Airen se volvió hacia él.
—Habla.
Logan miró a todos. Después a ella.
Y esta vez no buscó ninguna salida.