La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) La zona portuaria #2
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La zona portuaria #2

La deuda se extendió hacia Kai, no para entrar en él, sino para reforzar lo que ya era suyo. Encontró su espacio intacto y lo sostuvo frente al hilo de Rael.

El hilo llegó.

Y no encontró dónde fijarse.

Kai inhaló bruscamente.

Rael se detuvo en seco.

Esta vez el cambio en su cara fue más claro. No fue dolor ni miedo. Fue reconocimiento.

—Ya entiendo —dijo.

Airen cogió aire.

—No. Todavía no.

Extendió la deuda hacia el espacio que Rael ocupaba.

No intentó dañarlo. Reforzó todo lo que había a su alrededor para negarle el terreno del que intentaba apropiarse. El cemento, el aire y las personas que seguían resistiendo dejaron de ser espacios disponibles para él.

La presión alcanzó a Rael.

Airen sintió el impacto en el pecho.

Rael retrocedió un paso.

Después otro.

El esfuerzo le arrancó a Airen una respiración rota. Rael no era una conexión dentro de otra persona que pudiera expulsar devolviéndole su lugar. Era un Orath consciente y podía empujar en sentido contrario.

Aun así, tuvo que moverse.

Dio un tercer paso atrás y afirmó los pies sobre el cemento.

Airen comprendió que no estaba acostumbrado a ceder espacio.

Entonces Nico gritó.

El sonido le cortó la concentración. Airen perdió el empuje durante un segundo.

Fue suficiente.

La deuda regresó hacia ella y Rael dejó de verse obligado a retroceder.

Airen se giró.

Axel tenía a Nico en el suelo, una rodilla contra su espalda y una mano sujetándole el cuello. Intentaba soltarse, pero cada movimiento le arrancaba un gesto de dolor y hacía que Axel aumentara la presión.

Noa agarró el brazo de Axel e intentó apartarlo.

Él soltó a Nico, se volvió y empujó a Noa con una mano en el pecho. No fue un golpe especialmente fuerte, pero la alcanzó antes de que pudiera afirmarse. Chocó contra el lateral de un contenedor y se quedó sin aire.

Logró mantenerse en pie, aunque el cuerpo dejó de responderle durante un instante.

—Noa —dijo Kai.

Ya estaba corriendo hacia ella.

Axel no huyó. Se recolocó con una precisión fría, como si aquel movimiento también formara parte de algo previsto.

Airen volvió a mirar a Rael.

Él la observaba con aquella paciencia insoportable.

Lo había calculado. No el grito exacto de Nico ni cada golpe, pero sí lo que Airen haría si alguien que le importaba caía delante de ella.

—Siempre tienes demasiado que perder —dijo Rael—. Esa es tu debilidad.

La rabia subió tan deprisa que Airen apenas tuvo tiempo de sentirla antes de que la deuda se replegara.

No.

No desde ahí. No desde la rabia.

Respiró.

Miró a Kai llegando hasta Noa. A Nico intentando incorporarse con una mano en el suelo y la sangre bajándole por la frente. A Ethan y Liam conteniendo a Seth con el cuerpo lleno de golpes. A Logan manteniendo a Mara lejos de ellos, con sangre en la cara y la mano derecha cada vez menos firme.

Miró todo lo que Rael llamaba debilidad.

Y entendió que no era combustible.

Era dirección.

—Y la tuya —dijo— es que no tienes nada que perder.

Rael la miró.

—Eso me hace más fuerte.

—No. Te hace más vacío.

Airen extendió la deuda con todo lo que le quedaba.

Esta vez no se dirigió solamente hacia Rael. Alcanzó el espacio de todos ellos: Kai sujetando a Noa; Nico, que sangraba y aun así intentaba levantarse; Ethan y Liam cerrándole el paso a Seth; Logan manteniendo a Mara lejos.

No entró en ellos ni los sujetó como una marca. Reforzó el espacio que les pertenecía para que resultara más difícil arrebatárselo.

Después avanzó hacia Rael.

Él retrocedió.

Un paso. Otro. Y otro.

Su cara cambió. Por primera vez no parecía estar evaluando. Estaba esforzándose por conservar el terreno que Airen le negaba.

La deuda se extendió hasta el límite. A Airen le temblaron las piernas y una punzada le cruzó el pecho, pero no cedió.

Rael dio un cuarto paso atrás.

Seth dejó de empujar contra Ethan. Mara se apartó de Logan. Axel miró a Rael.

Durante un segundo, nadie atacó.

Airen entendió que podía alcanzarlo. No detenerlo por completo. Todavía no. Pero sí obligarlo a ceder.

Rael también lo entendió.

Y ya tenía la respuesta que había ido a buscar.

Su presencia se retiró primero. El frío a su alrededor disminuyó y la presión contra la deuda desapareció. Después dio un paso hacia la sombra entre dos contenedores.

—Nos veremos pronto —dijo.

No sonó a amenaza, sino a una certeza.

Seth se apartó de Ethan. Mara dejó de mirar a Logan. Axel retrocedió sin quitar los ojos de Kai y Noa.

Los cuatro se internaron entre los contenedores. No huyeron ni desaparecieron. Se marcharon con la seguridad de saber que ninguno de los demás estaba en condiciones de perseguirlos.

La explanada quedó en silencio.

Airen tardó un segundo en recuperar el aliento.

Después fue hacia Noa.

Kai la sostenía por un brazo. Noa estaba consciente y de pie, pero tenía la cara demasiado blanca y la mirada desenfocada.

—Estoy bien —dijo.

Su voz conservaba la firmeza de siempre. No convenció a nadie.

—Si dices eso otra vez, me enfado —dijo Kai.

Noa lo miró.

—Qué miedo.

—Estoy practicando la amenaza.

Airen llegó hasta ellos y tocó con cuidado el brazo de Noa.

—¿Qué ha pasado?

Respiró despacio antes de contestar.

—No ha utilizado ningún hilo. Ni siquiera le ha hecho falta. Sabía que mi cuerpo todavía no se había recuperado y me ha empujado antes de que pudiera sostenerme.

Logan apareció junto a ellos. Tenía sangre en el pómulo y mantenía la mano derecha cerrada de una forma que a Airen le bastó para saber que le dolía. Miró primero a Noa y después a ella.

—Tenemos que irnos.

Nico se incorporó con ayuda de Liam. Tenía un corte en la frente y la ropa rota a la altura del hombro derecho. Aun así, cuando Airen lo miró, levantó una mano.

—Estoy entero.

A pocos metros, Ethan apoyó las manos en las rodillas y escupió sangre al suelo.

—Pues yo estoy entretenidísimo.

Liam lo agarró por el brazo.

—Te han abierto la ceja.

—A ti te han dado en las costillas.

—Y aun así hablo menos.

—Eso es porque eres aburrido.

La normalidad absurda de aquella discusión permitió que Airen se sostuviera un segundo más.

Después miró el lugar por el que Rael se había marchado.

—Se ha ido.

No era una pregunta.

Logan siguió su mirada.

—Sí.

—Pero no porque hayamos ganado.

—No.

Kai ayudó a Noa a sentarse sobre un bloque bajo de cemento y después miró a Airen.

—Se ha ido porque ya sabe lo que quería saber.

Ethan se enderezó con una mueca.

—¿Y qué sabe?

Airen no apartó la vista de las sombras entre los contenedores.

Todavía sentía la deuda dentro, exhausta, pero no vacía. Había llegado más lejos que nunca. Había protegido a Kai, reforzado el espacio de todos ellos y obligado a Rael a retroceder.

—Que todavía no puedo detenerlo —dijo—. Pero ya puedo obligarlo a ceder.

Logan no respondió.

No hizo falta.

Todos lo habían visto.

Rael también.