La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) Intención
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Intención

Empezó sola. Necesitaba hacerlo así.

Al fondo del lugar antiguo había una zona en la que los demás apenas entraban.

No estaba separada por ninguna puerta y nadie le había dicho que no pudiera utilizarla.

Simplemente quedaba apartada: una pared de piedra, dos bancos viejos, una mesa cubierta de polvo y un silencio más profundo que en el resto de la estancia.

Airen se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en la pared.

Había esperado a que amaneciera. Si la deuda volvía a reaccionar contra ella, prefería no tener a nadie delante.

Noa dormía en uno de los bancos, todavía débil después de haber vuelto.

Nico estaba con Ethan y Liam cerca de la entrada, comprobando una vez más que nadie pudiera llegar hasta ellos sin ser detectado.

Kai seguía despierto, aunque había dicho que intentaría dormir un rato.

Logan estaba junto a la mesa de los registros, leyendo de nuevo o fingiendo que no vigilaba a todos al mismo tiempo.

Airen cerró los ojos.

Durante la noche, la deuda se había recuperado lo suficiente para que pudiera sentirla sin aquella sensación de vacío. Aún no estaba como antes de liberar a Noa y a Kai, pero se mantenía estable dentro de ella.

Ahora necesitaba darle una intención.

Apoyó las manos sobre las rodillas.

No sabía por dónde empezar.

La visión le había mostrado que existían otras formas de utilizar la primera deuda, no cómo alcanzarlas. También le había advertido de lo que podía ocurrir si intentaba convertirla en un arma.

Rael había querido convencerla de que liberar era una cosa y atacar, otra. Pero esa era su manera de entender el poder. Airen había utilizado la deuda para separar las conexiones de Noa y Kai, y ahora necesitaba descubrir cómo podía enfrentarse a los Orath sin actuar como ellos.

Empezó por lo más directo.

Pensó en Rael: en su voz plana y en la forma en que los miraba, como si todo lo que eran no fuera más que información que podría utilizar después.

Pensó en los portadores de la nave, sentados en aquellas sillas con los ojos abiertos y sin reaccionar.

En Noa mirando la ventana sin verla. En Kai, de pie en mitad de aquella habitación, mientras la conexión encontraba espacio dentro de él.

La rabia llegó enseguida. Seguía ahí, debajo del cansancio y del miedo.

Airen dejó que subiera e intentó dirigir la deuda hacia fuera, contra Rael, contra los Orath y contra todo lo que habían hecho.

La deuda se movió.

Pero no avanzó.

La presión regresó hacia Airen y se concentró en su pecho. Se inclinó hacia delante y apoyó una mano sobre el lugar donde sentía la deuda.

No era dolor, no exactamente. La intención con la que había intentado impulsarla no encontraba una dirección compatible y se acumulaba dentro de ella.

Abrió los ojos y dejó de empujar. La presión desapareció casi al instante.

Esperó hasta que el cuerpo dejó de tensarse.

—Vale —murmuró—. Así no.

Cuando volvió a intentarlo, dejó a Rael fuera.

Recordó cómo se había sentido al liberar a Noa: el tirón, el punto exacto en que su rastro había respondido y aquella resistencia que por fin encontraba apoyo. Buscó el mismo movimiento e intentó repetirlo sin ella delante, sin una marca ni un anclaje concreto. Solo hacia el espacio vacío.

No ocurrió nada.

Esta vez la deuda no se replegó, pero tampoco avanzó.

Airen apoyó la cabeza en la piedra fría.

Así tampoco.

Al liberar a Noa no había intentado destruir nada. Había querido devolverle el espacio que los Orath estaban ocupando. Con Kai, la conexión no se había soltado sola: el anclaje, que aún no había terminado de fijarse, había cedido con ella.

En Noa permaneció el anclaje. En Kai no quedó ninguna marca ni residuo.

Airen abrió los ojos.

Ya sabía que la primera deuda había sido creada para proteger. Lo que no había entendido hasta ese momento era que aquel propósito no formaba parte únicamente de su origen. También determinaba la forma en que podía utilizarla.

No bastaba con saber qué quería hacer. La intención tenía que avanzar en la misma dirección que la deuda.

Lo intentó de nuevo.

Esta vez no pensó en los Orath como enemigos, sino en lo que alteraban cuando actuaban: el hueco que dejaban al vaciar a alguien, los cuerpos de la nave respirando sin estar del todo presentes, Noa atrapada bajo el anclaje y Kai peleando contra una conexión que no era suya.

Pensó en devolver lo que habían tomado y restaurar lo que habían desplazado.

La deuda respondió.

No lo hizo con la fuerza que había utilizado con Noa o con Kai, pero empezó a extenderse fuera de ella.

Airen se quedó quieta mientras avanzaba por el espacio. No buscaba un enemigo, sino algo fuera de lugar que pudiera restaurar.

No encontró nada concreto y la deuda regresó poco a poco, sin presión ni rechazo.

Abrió los ojos con el pulso más rápido.

Ahora tenía una dirección.

La deuda no respondía a quién quisiera derrotar, sino a aquello que intentaba proteger o devolver. No podía lanzarla contra los Orath sin más. Primero tenía que reconocer el daño, entender qué habían alterado y devolver a su sitio lo que ellos habían desplazado.

Era un proceso menos directo que atacar, pero también era la forma en que la primera deuda se oponía a ellos.

Proteger no significaba quedarse quieta. Con Noa y Kai había expulsado una conexión ajena al devolverles el espacio que les pertenecía. Si aprendía a hacer lo mismo de otras maneras, quizá podría deshacer lo que Rael hacía antes de que volviera a utilizarlo contra alguien.

Airen hizo dos pruebas más. En la primera pensó demasiado pronto en Rael y la deuda volvió a replegarse. En la segunda se concentró en los portadores de la nave, no como cuerpos vacíos, sino como personas a las que les habían quitado algo. La deuda avanzó un poco más, buscando aquella alteración.

No era suficiente, ni de lejos, pero era algo.

Cuando regresó con los demás, Kai fue el primero en mirarla.

Estaba sentado en un banco, con los codos apoyados en las rodillas y una taza entre las manos. Noa dormía a pocos metros y Logan había levantado la vista de los registros.

Airen se sentó frente a Kai.

—Algo —dijo.

Él dejó la taza a un lado.

—¿Bueno?

Airen lo pensó un momento.

—Útil.

—Me vale.

Ella bajó la mirada hacia sus manos.

—Con rabia no funciona. Si intento usarla para hacerles daño, la presión vuelve hacia mí.

Kai se enderezó.

—¿Te ha hecho daño?

—No. He parado enseguida.

—Airen…

—He parado, Kai.

Él la observó un instante antes de dejarla continuar.

—En cambio, si pienso en lo que ellos han alterado y en devolverlo a su sitio, responde. Poco, pero responde.

Logan se acercó desde la mesa.

—Porque la primera deuda no fue creada para destruir.

Airen levantó la vista hacia él.

—Eso ya me lo contaste. Lo que no me dijiste es que la intención podía hacer que se replegara o permitirle avanzar.

—No sabía cómo iba a responder contigo.

Airen lo observó unos segundos. Sabía que Logan aún se guardaba una parte importante, pero acababa de encontrar una dirección para la deuda y necesitaba entenderla antes de volver a discutir con él.

—Entonces, ¿lo que he descubierto sirve?

—Sí. Ya sabías para qué fue creada. Ahora sabes qué necesita de ti para responder.

—Todavía no sé utilizarla.

—No. Pero ya sabes por dónde no debes ir.

Airen miró hacia el fondo del lugar antiguo. Aún le faltaba entender casi todo, pero por primera vez tenía algo que podía repetir.

—Entonces sigo.

Kai negó con la cabeza.

—Después de comer.

Airen frunció el ceño.

—Kai.

—No me mires así. Te has ido sola al fondo a probar una deuda que ya te ha devuelto la presión. Ahora comes algo.

Noa habló desde el banco, con la voz ronca de sueño.

—Tiene razón.

Airen la miró.

—Qué rápido me has traicionado.

—Estoy recuperando el ritmo.

Nico levantó la cabeza desde la entrada.

—¿Habéis dicho comer?

Liam lo miró.

—Tú sí que te recuperas rápido.

—Es un don.

Por primera vez desde que Rael había aparecido, la tensión del lugar cedió un poco.

Airen se permitió aquella pausa.

Había descubierto algo. No era suficiente para detener a los Orath, pero sí para continuar.