La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) El aviso
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El aviso

Salieron porque no podían quedarse encerrados para siempre.

El lugar antiguo contenía los hilos, los debilitaba y dificultaba que los Orath llegaran hasta ellos, pero no era una casa.

Las provisiones se acabarían y, desde dentro, tampoco podían saber qué estaba ocurriendo en la ciudad.

Necesitaban comprobar si Rael se había movido después de lo ocurrido con Noa y Kai, si los portadores seguían en los mismos lugares y si aquella calma era real.

En principio iban a salir Ethan, Liam y Nico, pero Kai insistió en acompañarlos. Necesitaba moverse, respirar aire que no oliera a piedra vieja y comprobar con sus propios ojos que seguía entero.

Airen estuvo a punto de discutir, pero no lo hizo. La conexión ya no estaba y el anclaje había desaparecido con ella. No quedaba ninguna marca ni residuo. Kai seguía cansado, golpeado y demasiado pálido, pero volvía a ser él y no iba a quedarse sentado en un banco porque se lo pidieran.

Logan se quedó con Airen y Noa.

Noa seguía débil, aunque cada vez estaba más presente. Se movía despacio, hablaba poco y, cuando creía que nadie la observaba, se tocaba el pecho, como si necesitara comprobar que nada volvía a tirar desde dentro.

Airen la entendía mejor de lo que le habría gustado.

Estuvieron fuera menos tiempo del previsto.

La puerta se abrió con el ruido bajo de siempre y Kai entró primero.

Supo que algo iba mal antes de que nadie hablara. No fue por su expresión, que seguía bajo control, sino por la rigidez de sus hombros y por cómo evitó mirar a Noa y a Logan.

Ethan pasó detrás de él, serio. Liam cerró la puerta y Nico fue el último. Se quedó un momento junto a la pared, con la mirada baja.

Logan dejó sobre la mesa el papel que estaba leyendo.

—¿Qué habéis encontrado?

Nadie respondió de inmediato, y aquello ya era una respuesta.

Kai se pasó una mano por la mandíbula, pero fue Nico quien habló.

—Un portador.

Noa levantó la cabeza.

—¿Dónde?

—En la calle de la tienda. La misma a la que iba Kai cuando se lo llevaron.

Airen miró a Kai. Seguía de pie, quieto, con los brazos a los lados.

—¿Vivo? —preguntó Logan.

Nico negó despacio.

—No. Estaba muerto.

Nadie dijo nada. El lugar elegido dejaba claro que no podía ser casualidad.

Airen sintió un movimiento breve e incómodo de la deuda.

—¿Qué le hicieron?

Nico bajó la vista.

—Quedaba el rastro de una conexión, pero no era como las que tuvieron Noa y Kai. Estaba invertida.

Logan se acercó un paso.

—¿Qué significa eso?

Nico cerró los ojos un instante, intentando ordenar lo que había percibido.

—No utilizaron la conexión para entrar ni para ocupar su espacio. Tiraron de su rastro desde dentro y fueron arrancándolo a través del hilo hasta que el cuerpo no aguantó.

Noa se puso en pie despacio.

—No necesitaban hacer eso.

Todos la miraron.

—Los vacían y ocupan su lugar, pero mantienen el cuerpo vivo mientras les resulta útil —continuó—. Si lo han matado, no era para utilizarlo.

—Entonces lo hicieron a propósito —dijo Liam.

—Sí.

Kai miró a Airen por primera vez desde que había entrado.

—Era un aviso.

Tardó un segundo en asimilarlo.

—Lo dejaron donde te cogieron.

Kai asintió.

—Casi en el mismo punto y sin intentar ocultarlo. Querían que lo encontráramos.

—Que lo encontráramos nosotros —dijo Ethan.

—Que le llegara a ella —corrigió Kai.

Airen no respondió.

Rael había utilizado a una persona que ya no necesitaba y la había dejado en el único lugar donde el mensaje no podía confundirse: la calle en la que Kai había estado a punto de perder su sitio.

Logan tenía la vista fija en el suelo.

—Rael está perdiendo la paciencia —dijo Airen.

—No —respondió Logan—. Si la hubiera perdido, habría venido.

—Ha matado a un portador y lo ha dejado para que lo encontremos.

—Porque quiere ver qué haces con eso.

Ethan frunció el ceño.

—Bonita forma de preguntar.

Airen miró a Logan.

—Me está poniendo a prueba.

—Sí.

Kai se acercó a la mesa.

—Y nos recuerda que puede escoger a quién utiliza, dónde lo deja y cuándo.

—También nos está enseñando qué les ocurre a quienes dejan de servirle —añadió Noa.

Nico apoyó una mano en el respaldo de una de las sillas.

—Había algo más.

Airen lo miró.

—¿Qué?

—El rastro de la conexión se cortaba enseguida. Debieron de separarla cuando terminaron, pero quedó la dirección del último tirón.

—¿Hacia dónde? —preguntó Logan.

Nico negó con la cabeza.

—No llevaba a un sitio. Solo quedaba la forma en que habían tirado de él: hacia fuera, hasta arrancarle lo que quedaba.

Airen pensó en lo que había descubierto aquella mañana. La deuda se replegaba ante la rabia y respondía cuando intentaba restaurar lo que los Orath habían alterado. Rael había hecho justo lo contrario: había destruido a alguien y lo había colocado ante ella para obligarla a mirar.

—Sabe que voy a seguir intentándolo —dijo.

—Te lo dejó bastante claro antes de irse —respondió Logan.

—Pero no sabe cuánto me falta.

—No. Aunque lleva mucho tiempo estudiando la primera deuda. Conoce parte de lo que puede hacer, pero no sabe cómo responderá contigo ni hasta dónde podrás llevarla.

Liam cruzó los brazos.

—Así que está decidiendo cuánto tiempo darle.

—Eso creo —dijo Logan.

Airen miró hacia la entrada cerrada.

No había visto al portador, pero podía imaginarlo en la calle, con el rastro invertido de la conexión atravesándolo.

—Y cuando decida que ya he avanzado lo suficiente…

Logan no suavizó la respuesta.

—Vendrá.

Kai la miró.

—O vendrá antes, si cree que no puedes avanzar más.

Airen se apartó de la mesa y caminó hacia el fondo. Necesitaba moverse para no quedarse quieta con toda aquella rabia dentro. La primera deuda reaccionó apenas, pero no intentó impulsarla con ella.

Rael había matado a alguien para dejar claro que el tiempo ya estaba corriendo y que cada avance lento tendría un precio. Mientras Airen intentaba comprender la primera deuda, él seguía utilizando a personas reales.

No eran conceptos ni amenazas. Eran personas.

—Mañana volvemos a intentarlo —dijo.

No se dirigió a nadie en concreto, sino a todos.

—Hoy también puedes descansar —dijo Noa.

Airen se giró hacia ella.

—No mucho.

—No he dicho mucho.

Kai dio un paso hacia Airen.

—No vas a hacerlo sola.

—No pensaba hacerlo sola.

—Bien.

—Necesito a alguien conmigo por si la presión vuelve hacia dentro. Si me pasa como esta mañana y no consigo detenerla…

—Yo —dijo Kai antes de que terminara.

Airen lo miró.

—Acabas de recuperarte.

—Precisamente por eso sé cómo se nota cuando algo intenta ocupar un sitio que no le pertenece.

—Kai.

—Voy a estar contigo.

No lo dijo como una orden, sino como algo que ya habían acordado sin hablarlo.

Airen asintió.

—Vale.

Nico levantó una mano.

—Yo también puedo quedarme cerca. No puedo sentir la deuda como tú, pero sí leer cualquier cambio extraño en los rastros.

—Bien.

Ethan miró a Logan.

—Y nosotros volvemos mañana a esa calle. Quiero saber si ese era el único aviso o el primero.

Liam asintió.

—Rael nunca se limita a una sola cosa.

Logan no respondió enseguida. Tenía los ojos puestos en Airen y, esta vez, no consiguió ocultar cuánto le preocupaba el poco margen que les quedaba.

—Esperabas que hiciera algo así —dijo Airen.

Sostuvo su mirada.

—Desde que se quedó observando mientras liberabas a Kai, supe que no se limitaría a esperar.

—Y no dijiste nada.

—No sabía si volvería, si utilizaría a otro portador o si intentaría llegar hasta ti de otra forma.

—Pero sabías que iba a presionarme.

—Sí.

El silencio que siguió hizo que incluso Ethan dejara de moverse.

Noa se acercó un poco.

—Airen.

Ella levantó una mano para pedirle un segundo. No quería discutir mientras todos seguían pensando en el portador muerto.

Miró a Logan.

—No voy a continuar a ciegas mientras él mata a gente para meterme prisa. Mañana me vas a contar todo lo que sabes sobre cómo se creó la primera deuda.

No apartó la vista.

—Sí.

—Sin decidir qué parte me conviene saber.

—Sí.

Airen no sabía si creerlo, pero por ahora necesitaba que fuera verdad.

Kai se quedó a su lado, sin tocarla, aunque lo bastante cerca para que ella notara su presencia.

El margen que Rael les había dejado se estaba acabando. Logan lo había entendido desde que lo vio marcharse, y ahora Airen también.