Oculto
Los demás se durmieron antes que ellos.
Nico se quedó en un rincón, con la espalda apoyada en la pared y la cabeza baja. Noa estaba tumbada en uno de los bancos, tapada con una manta vieja que Logan había encontrado al fondo del lugar. Dormía de lado, con la cara más tranquila de lo que Airen la había visto en días.
Ethan y Liam continuaban cerca de la entrada.
Se turnaban para descansar y vigilar sin necesidad de hablarlo, como si llevaran toda la vida haciéndolo.
Logan se había retirado al fondo, fuera de la vista de Airen.
No sabía si estaba leyendo, vigilando o pensando en todo lo que todavía no había contado.
Airen no tenía fuerzas para preguntárselo.
Estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared de piedra. Kai se había quedado a su lado, no tan cerca como para tocarla, pero tampoco lo bastante lejos para que aquel espacio pareciera casual.
Durante un rato no dijeron nada.
El silencio de aquel lugar era distinto al del piso de Logan o al del sótano. Parecía más pesado, quizá porque ninguno tenía fuerzas para llenarlo.
Airen cerró los ojos un momento.
La deuda regresaba poco a poco a su sitio. Seguía débil, pero presente. Después de haberla sentido tan agotada, comprobar que continuaba allí era casi un alivio.
—Deberías dormir —dijo Kai.
Abrió los ojos.
—Tú también.
—Acabo de pasar unas cuantas horas medio dormido sin querer. Creo que ya he cumplido.
Lo miró de reojo.
Seguía pálido. El golpe del pómulo se había oscurecido y tenía el labio partido, pero sus ojos volvían a ser los de siempre. Estaban cansados, sí, pero eran suyos.
Sin el hilo ni aquella presencia intentando ocupar un lugar que no le pertenecía.
—¿Te duele algo? —preguntó ella.
—Varias cosas.
—¿Mucho?
—Lo normal después de que te secuestren, te revienten en un callejón y te metan uno de esos hilos dentro.
Airen soltó aire por la nariz.
—No tiene gracia.
—Un poco sí.
—No.
Kai la miró.
—Estoy bien.
—No estás bien.
—Estoy mejor.
Airen no discutió porque, de momento, era lo más parecido a la verdad.
Volvió a mirar al frente. Al otro lado de la estancia, Noa se movió bajo la manta, pero no despertó. Nico ni siquiera levantó la cabeza. Ethan habló en voz baja con Liam junto a la entrada y después regresó el silencio.
Airen apoyó las manos sobre las rodillas.
—Vi el vínculo —dijo al fin.
Kai giró la cabeza hacia ella.
—¿Qué vínculo?
Airen tardó un segundo en responder. Decirlo en voz alta lo volvía más real.
—El nuestro.
Kai guardó silencio.
Airen siguió mirando al frente.
—Lo vi hace unos días, cuando fui a tu piso antes de volver con Logan. No lo busqué. Simplemente apareció.
—¿Y?
—Es el más firme que he visto entre dos personas.
La frase quedó entre ellos. Había salido más sencilla y más directa de lo que Airen esperaba.
Kai no hizo ningún comentario. Tampoco se movió.
—No era una marca ni una deuda —continuó ella—. Nadie lo había puesto ahí. Era nuestro.
—Ya.
Airen lo miró por fin.
—¿Ya?
Kai apoyó la cabeza contra la pared.
—No necesito ver vínculos para saberlo.
Airen se quedó callada.
—Yo también sé que está ahí —añadió él.
Lo dijo sin convertirlo en una gran declaración. Quizá por eso le llegó más.
—No lo decidimos —dijo Airen.
—No.
—Simplemente ocurrió.
Kai asintió.
—Hay cosas que pasan así.
Airen bajó la mirada hacia sus manos.
Había demasiado que todavía no podían resolver: Rael, la primera deuda, lo que Airen había visto al caer y todo lo que tendría que aprender.
Los Orath seguían esperando en alguna parte, Logan aún no había terminado de contarle el origen y Noa se recuperaba a pocos metros.
Kai llevaba en la cara los golpes de haber sido utilizado para llegar hasta ella.
Y, aun así, el vínculo estaba allí. También todo lo que llevaban demasiado tiempo sin decir.
—El encargo —dijo Airen.
La miró.
—¿Qué pasa con él?
—Me dijiste que dejé de serlo. Nunca me dijiste cuándo.
Kai no contestó de inmediato.
Airen esperó. Esta vez no insistió.
—Muy pronto —dijo él.
—¿Cuándo?
Kai sostuvo su mirada.
—La primera vez que hiciste algo que nadie esperaba de ti.
Airen frunció un poco el ceño.
—Eso no concreta mucho.
—Fue pronto.
—Kai.
Él respiró despacio, concentrado en encontrar las palabras.
—Me mandaron a buscarte porque sabían que la primera deuda había llegado hasta ti. Al principio eras eso para mí: alguien a quien tenía que encontrar, proteger o vigilar, según a quién le preguntaras.
Airen no apartó la vista.
—Pero dejaste de serlo cuando empezaste a tomar tus propias decisiones. No escogiste lo fácil. Intentaste salvar a alguien cuando aún no entendías qué estabas viendo y te enfrentaste a todo esto sin saber dónde te metías.
—Eso suena bastante imprudente.
—Lo era.
—Gracias.
—Pero las decisiones eran tuyas.
Airen asimiló aquello en silencio.
Kai bajó la voz.
—Dejaste de ser un encargo hace mucho, Airen.
Las palabras se quedaron entre los dos, demasiado claras para esquivarlas.
Airen no quiso analizarlas. No aquella noche. Si lo hacía, encontraría mil razones para apartarse: Rael, la deuda, lo que aún quedaba por afrontar. Volvería a colocar aquello en un lugar seguro donde ninguno tuviera que decir nada.
Así que acortó la distancia y lo besó.
Kai se quedó inmóvil apenas un instante. Después le sostuvo la cara con cuidado y le devolvió el beso despacio, sin intentar llevarla más lejos.
No fue urgente, pero tampoco inseguro. Era algo que llevaba demasiado tiempo esperando en mitad de todo lo demás.
Cuando se separaron, Kai mantuvo la mano sobre su mejilla. Le rozó la piel con el pulgar hasta que Airen volvió a mirarlo.
—Cuando todo esto termine… —dijo ella.
Inclinó la cabeza.
—Cuando todo esto termine.
No era una promesa ni una forma de fingir que aquello no había ocurrido. Era un acuerdo.
Los dos sabían qué venía antes: Rael, la primera deuda y todo lo que Airen aún debía comprender. No podían perder el centro, pero tampoco seguir fingiendo que aquello desaparecería si no lo miraban.
Airen volvió a apoyar la espalda en la pared. Kai se quedó a su lado.
Esta vez sus hombros se rozaron.
Noa respiraba tranquila en el banco. Nico dormía en el rincón. Ethan y Liam seguían vigilando. Logan no apareció.
Airen cerró los ojos.
La deuda continuaba recuperándose, lenta y cansada, pero presente.
Kai no dijo nada más. Permaneció junto a ella, y Airen dejó que el cansancio la alcanzara sin pelear.