No
—Apártate —dijo Airen.
—Tienen a Kai.
—Lo sé.
—Eso es precisamente lo que quieren. Que salgas sin saber dónde está ni qué te espera.
Airen apretó la chaqueta entre los dedos.
—¿Y qué propones? ¿Que espere?
—Que pensemos durante diez minutos.
—Kai no tiene diez minutos.
—Tiene más tiempo del que crees.
Airen lo miró.
—¿Cómo puedes decir eso?
—No lo han capturado para matarlo. Lo necesitan para obligarte a salir. Mientras no aparezcas donde ellos quieren, Kai les resulta útil.
La explicación tenía sentido, pero no la tranquilizó.
—¿Y qué ocurrirá cuando aparezca?
—Por eso no podemos ir a ciegas. Si entramos en una trampa sin saber dónde está, cuántos hay ni cómo piensan utilizarlo, podemos perderos a los dos.
—No digas eso.
—Es lo que puede ocurrir.
Airen bajó la voz.
—He dicho que no lo digas.
Logan no se apartó.
Nico se levantó de la silla, todavía medio dormido.
—Puedo encontrar su rastro.
Airen se volvió hacia él.
—Sé que está vivo y noto una dirección general, pero nada más.
—Eso puede llevarme hasta el lugar donde lo atacaron —dijo Nico—. Desde allí podré seguir el rastro físico.
—¿Cuánto tardarás?
—Menos de una hora si lo encontramos pronto.
—No.
—Airen…
—No podemos regalarles una hora.
Logan dio un paso hacia ella.
—No será tiempo perdido. Será la diferencia entre entrar a ciegas y llegar con una posibilidad de sacarlo.
Airen quería apartarlo y salir. Sin embargo, sabía que el vínculo no le daba una dirección exacta. Podía sentir a Kai, pero no encontrar una calle o un edificio.
Logan sacó el móvil y llamó a Liam. Le explicó lo ocurrido y le indicó la dirección que Airen percibía. Él y Ethan estaban en otra zona de la ciudad, pero se pondrían en marcha inmediatamente.
—Ethan irá directamente hacia el norte —dijo Logan al colgar—. Liam viene hacia aquí para recoger a Nico.
—Cada minuto que pasa…
—Lo sé.
Siete minutos después, llamaron a la puerta.
Logan comprobó quién era antes de abrir.
Liam entró con el móvil en la mano.
—Ethan ya está recorriendo la zona que habéis señalado.
Airen lo miró.
—¿Ha encontrado algo?
—Todavía no.
—Perfecto.
Liam se dirigió a Nico.
—Empezaremos por el recorrido que Kai habría hecho hasta la tienda. Si encontramos el lugar del ataque, tú seguirás el rastro desde allí.
—Voy con vosotros —dijo Airen.
Logan negó con la cabeza.
—No.
Ella se volvió hacia él.
—Otra vez no.
—Rael espera que sigas a Kai. Lo primero que vigilará será cualquier rastro relacionado con él. Tú no puedes ir en el grupo que lo localice.
—Ni se te ocurra dejarme aquí.
—No voy a hacerlo. Nico, Liam y Ethan encontrarán el recorrido y nos enviarán la ubicación. Después iremos tú y yo.
Airen lo observó con desconfianza.
—¿Y Noa?
Todos miraron hacia el sofá.
Seguía inmóvil. La conexión de los Orath continuaba fijada a su anclaje.
—Noa estará vigilada —dijo Logan—. Kai necesita que averigüemos dónde está antes de entrar en la trampa.
—No utilices a Noa para frenarme.
—No lo hago. Intento evitar que te capturen a ti también.
Nico habló más bajo.
—Tiene razón.
Airen lo miró.
—No me ayudas.
—Lo sé. Pero si sales siguiendo el vínculo sin saber adónde te lleva, les das exactamente lo que buscan.
Apartó la vista. Todos tenían razón y eso no hacía más fácil quedarse.
Logan dejó de bloquear la puerta.
—Una hora —dijo Airen—. Como máximo.
—Una hora.
—En cuanto sepamos dónde está, vamos todos.
Logan sostuvo su mirada.
—Vamos todos.
Airen dejó la chaqueta sobre una silla.
Nico comprobó la batería del móvil.
—Vámonos.
Liam abrió la puerta.
—Ethan nos espera en la zona.
Los dos salieron del piso.
Airen se quedó con el teléfono de Kai en la mano. La pantalla estaba apagada, pero seguía viendo el mensaje.
«Orath».
Había utilizado el poco tiempo que tuvo para avisarla.
Logan se quedó a su lado.
—Vamos a sacarlo.
Airen tardó en mirarlo.
—No prometas algo que no puedes asegurar.
—No es una promesa.
—¿Entonces qué es?
—Lo que vamos a intentar hasta encontrarlo.
Airen observó su cara. Seguía habiendo demasiadas medias verdades entre ellos, pero Logan entendía lo que estaba en juego.
Kai, Noa y la primera deuda formaban parte de la misma trampa.
—Una hora —repitió.
—Una hora.
Airen miró hacia el sofá. Noa no se había movido y la conexión seguía activa.
Guardó el móvil en el bolsillo y se sentó.
No para esperar sin hacer nada, sino para impedirse salir antes de tiempo.