La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) Kai
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Kai

Logan y Liam llegaron menos de diez minutos después. Ethan se había quedado en el piso con Noa.

Escuchó lo imprescindible y entró con ellos en la nave. Al llegar a la segunda mujer, se detuvo.

—Es Nadia.

Airen volvió a mirarla. Seguía inmóvil, con los ojos abiertos.

—¿Está viva?

—Sí, pero no responde. No podemos separar la conexión sin saber cuánto rastro suyo queda bajo el anclaje. Podríamos terminar de vaciarla.

—Entonces no podemos dejarla aquí.

—La nave quedará vigilada hasta que sepamos cómo trasladarlos. Liam y yo nos ocuparemos.

Logan les pidió que regresaran al piso con Ethan. Airen le dijo que antes pasarían por casa de Kai. Él la observó durante unos segundos, pero no discutió.

Kai abrió la puerta antes de que llamaran. Tenía el pelo revuelto, cara de no haber dormido y el móvil en la mano. Miró a Airen, después a Nico y de nuevo a ella.

—No habéis dormido.

—No —respondió Airen.

—Y habéis salido sin avisar.

—Sí.

Kai respiró hondo y se apartó.

—Entrad.

Nico pasó primero y Airen fue detrás. Kai cerró la puerta.

—Logan me ha llamado. Me ha dicho que hay seis portadores, que Liam y él se quedan vigilándolos y que vosotros pasaríais por aquí. También ha dicho, y cito, «no la pierdas de vista».

Nico se dejó caer en el sofá.

—Ha sido rápido.

—Está bastante enfadado.

Airen se quitó la chaqueta.

—Qué raro.

Kai la miró.

—No estoy de humor.

—Ya lo sé.

—No lo parece.

Nico levantó una mano.

—Puedo fingir que no estoy aquí.

—Túmbate antes de caerte —le dijo Kai.

—Ya estoy sentado.

—Ese es el paso anterior.

Nico apoyó la cabeza en el respaldo y cerró los ojos. En menos de dos minutos estaba dormido.

Kai lo observó.

—Está agotado.

—Los dos lo estamos.

—Sí, pero uno de los dos entró en una nave llena de portadores después de prometerme que no haría ninguna locura.

Airen no contestó.

Kai fue a la cocina y preparó café sin preguntarle si quería. Airen se quedó junto a la puerta.

—Cuéntamelo —dijo él.

—Kai…

—Todo.

Airen empezó por Noa. Le explicó que el anclaje sostenía una conexión que seguía unida a los Orath y que Nico y ella habían salido para comprobar si podían seguirla. Después le contó que llegaron a la zona industrial y encontraron a seis portadores con conexiones fijadas dentro.

—En Noa todavía queda un rastro capaz de resistirse —añadió—. En los otros apenas queda nada.

Kai escuchó sin interrumpir.

—Dijiste que solo saldríais a la calle.

—Sí.

—Y acabasteis en una nave al otro lado de la ciudad.

—Sí.

—Bien. Quería comprobar que tú también veías esa parte.

Airen sujetó la taza entre las manos.

—¿Sabes cómo separar la conexión de Noa? —preguntó Kai.

—No.

—Pero crees que puedes intentarlo.

—Quizá pueda ayudar a su rastro a empujar desde dentro. El anclaje seguiría ahí, pero ella dejaría de estar conectada a los Orath.

—Eso no es lo mismo que saber hacerlo.

—Lo sé.

—¿Qué puede ocurrir si te equivocas?

—Podría arrastrar parte del rastro de Noa al soltar la conexión.

Kai dejó la taza en la encimera.

—¿Algo más?

—La conexión podría fijarse a mí.

Cerró los ojos un momento.

—Perfecto.

—No he dicho que vaya a intentarlo ahora.

—Menos mal. Un avance enorme.

—Kai.

Él volvió a mirarla.

—¿No puedes probar primero con uno de los portadores de la nave?

—No. Apenas queda rastro dentro de ellos. Podría destruir lo poco que todavía permanezca.

—En Noa queda más.

—Su rastro sigue resistiendo.

—Porque todavía está ahí.

—Sí.

Kai se pasó una mano por la cara.

—¿Por qué has venido aquí antes de volver con Logan?

Airen tardó en contestar.

—Necesitaba contártelo antes de que todo se convirtiera en otro plan.

—¿Por qué?

—Porque Logan decidirá cuándo se hace, quién participa y hasta dónde puedo acercarme. Puede que tenga razón en algunas cosas, pero necesitaba hablar contigo antes de volver a ser la parte del plan que puede tocar la conexión.

Kai bajó la mirada hacia la encimera.

—Lo entiendo.

Airen frunció el ceño.

—¿Eso es todo?

—He dicho que lo entiendo, no que tengas razón.

—Pensaba que ibas a gritarme más.

—Todavía estoy eligiendo el momento.

A Airen se le escapó una sonrisa.

—Sigo enfadado —dijo Kai.

—Lo sé.

—Mucho.

—También lo sé.

—Pero me alegra que hayas venido.

Airen se quedó mirándolo.

—No sabía a quién acudir primero.

—Eso debería preocuparme.

—Puede.

—Y aun así me alegra.

El vínculo entre ellos apareció antes de que Airen lo buscara.

Ya lo había visto en aquel mismo piso y también después de asentar la primera deuda. No descubría nada nuevo sobre lo que había entre los dos. Lo diferente era que ahora sabía distinguirlo de las conexiones impuestas por los Orath.

Aquel vínculo pertenecía a ambos. No era una marca ni algo colocado desde fuera. Los Orath no podían utilizarlo como anclaje, pero Rael podía reconocer su importancia y aprovecharla.

Si comprendía lo que Kai significaba para ella, sabría cómo obligarla a actuar.

Airen apartó la vista.

—¿Qué pasa? —preguntó Kai.

—Nada.

—Airen.

—Nada malo.

—Eso no aclara mucho.

Airen bebió un poco de café aunque todavía estaba demasiado caliente.

Kai no insistió. Fue hasta el sofá y tocó el hombro de Nico.

—Despierta.

No se movió.

Kai lo sacudió un poco.

—Nico.

—No estoy dormido —murmuró sin abrir los ojos.

—Has estado roncando.

Nico abrió uno.

—Eso no demuestra nada.

—Vas a comer antes de que volvamos al piso.

—No tengo hambre.

—No te he preguntado.

Nico buscó ayuda en Airen.

—No me metas en esto —dijo ella.

Kai sacó pan, queso y una bolsa de galletas y lo dejó todo sobre la mesa.

Airen volvió a pensar en el vínculo. Rael no necesitaba tocarlo para utilizar a Kai contra ella. Le bastaba con saber que saldría a buscarlo si estaba en peligro.

Tendría que mantenerlo lejos cuando intentara separar la conexión de Noa.

El pensamiento apareció con demasiada facilidad. Llevaba toda la mañana enfadada porque los demás tomaban decisiones por ella para protegerla y ahora estaba haciendo exactamente lo mismo con Kai.

Él se volvió con un plato en la mano.

—¿Qué miras?

—Nada.

—Hoy estás fatal mintiendo.

—Estoy cansada.

—Y también fatal poniendo excusas.

Nico cogió una galleta sin terminar de abrir los ojos.

—Yo la he visto mentir peor.

Kai lo señaló con el plato.

—Tú come.

Durante unos minutos, la tensión disminuyó.

Airen dejó la taza sobre la mesa.

—Tenemos que volver con Logan.

Kai asintió.

—Sí.

—Seguirá enfadado.

—Yo también.

—¿Vienes?

Kai la miró como si la pregunta no tuviera sentido.

—Primero come Nico. Después vamos.

Airen no necesitó volver a mirar el vínculo.

Si los Orath querían obligarla a salir, Kai era la persona que utilizarían.