La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) El origen
35%

El origen

Nico se sentó en el suelo delante de Noa, a su misma altura. Cruzó las piernas y apoyó las manos sobre las rodillas.

Noa seguía inmóvil en el sofá, con los ojos abiertos y la mirada perdida. Respiraba despacio, pero no reaccionaba a lo que ocurría a su alrededor.

Liam se quedó cerca de Nico. Ethan permaneció junto a la pared, pendiente de Noa.

Kai miró a Airen y después a Logan.

—Quiero escuchar lo que vas a contarle.

No discutió.

—Entonces ven.

Airen lo siguió hasta el cuarto de al lado. Era pequeño y tenía una mesa, dos sillas y una ventana con la persiana medio bajada. Kai entró detrás de ella y se quedó junto a la puerta, que Logan dejó entornada.

En el salón, Nico apoyó las manos sobre las rodillas de Noa.

Ella no reaccionó.

—Sigue ahí —dijo Nico.

Liam se acercó.

—¿Estás seguro?

—Su rastro está muy tapado, pero no ha desaparecido.

—¿Qué lo tapa?

Nico tardó unos segundos en responder.

—Algo que los Orath han fijado sobre él.

Ethan se separó de la pared.

—¿Otra deuda?

—No. Tampoco es una mancha.

Nico cerró los ojos y volvió a concentrarse.

—Es una marca.

Ethan se tensó.

—¿Como la de Erik?

—Parecida, pero no está en la piel.

Liam miró a Noa.

—Está dentro de ella.

—Sí. Ocupa parte de su espacio y mantiene su rastro apartado.

—¿Puedes quitársela?

Nico retiró las manos.

—No sin saber cómo está fijada. Podría arrastrar parte de Noa con ella.

Liam apretó la mandíbula, pero no insistió.

En el otro cuarto, Airen había escuchado lo suficiente.

—Empieza —dijo Kai.

Logan miró a Airen.

—Lo que Noa te contó es verdad. Sé quién creó la primera deuda y qué precio pagó.

—¿Quién fue?

—Antes tenéis que entender qué creó.

Kai cruzó los brazos.

—Pues explícalo.

—Las deudas existían antes de los Nahdir. Nadie sabía contenerlas ni poner fin a lo que las había originado. Pasaban de una persona a otra, se adherían a lugares y permanecían alrededor de aquello que quedaba sin resolver.

—¿Eso es lo que veo como manchas? —preguntó Airen.

—Las manchas son la forma en que tú percibes las deudas.

Bajó la vista.

—Decisiones.

—Decisiones, culpas, promesas, daños. Algunas pierden fuerza cuando se resuelve lo que las originó. Otras permanecen.

—¿Y la primera deuda?

—Fue creada para permanecer. Nació de una decisión que no debía desaparecer.

—¿Qué decisión?

—Proteger a quienes vinieran después.

Kai frunció el ceño.

—¿Protegerlos de los Orath?

—Sí. Quien la creó comprendió que no podía destruirlos, pero podía dejar algo que ellos no fueran capaces de consumir. Para conseguirlo tuvo que entregarlo todo. El precio quedó unido a la deuda desde su origen.

Airen ya sabía que la primera deuda había nacido de una elección consciente. Lo que desconocía era su propósito y la existencia de aquel precio.

—¿Por qué acabó en mí?

Logan tardó un momento en contestar.

—La deuda eligió tu línea mucho antes de que nacieras. Los Nahdir se encargaron de custodiarla y de moverla cuando era necesario.

Airen sintió una presión incómoda en el pecho.

—¿Me eligió?

—No como lo haría una persona. Reconoció en tu familia una línea capaz de sostenerla. Pasó por varias generaciones sin llegar a asentarse por completo.

—Tomás me dijo que me la habían transferido.

—Y era verdad. Los Nahdir de transferencia provocaron tu encuentro con el portador y pusieron la deuda en tu camino. Sabían que podrías verla y que intentarías ayudarlo. Lo que no podían decidir era que permaneciera contigo.

—Entonces ellos organizaron la transferencia, pero la deuda decidió quedarse.

—Sí.

Kai dio un paso hacia Logan.

—¿Qué ocurrió con quienes la transfirieron?

—Perdieron el control cuando los Orath volvieron a actuar. Algunos se apartaron y otros desaparecieron. No sé dónde están todos.

Airen se frotó la frente.

—Después yo la asenté.

—Sí. Y al hacerlo volviste a fijarla en el sistema. Por eso los Orath pudieron localizarla.

Kai miró a Logan.

—Si fue creada para resistirlos, ¿por qué los atrae?

—Porque reconocen su naturaleza. No pueden consumirla como consumen las demás, pero sí pueden encontrarla desde que está asentada.

—Entonces estar asentada no es lo que la protege —dijo Airen.

—No. Solo la mantiene fija, estable y visible. Lo que impide que la consuman es aquello para lo que fue creada.

—Por eso me quieren.

—Quieren entender cómo romperla y llegar a lo que contiene.

Airen caminó hasta la ventana.

—Noa dijo que el anclaje sigue conectado a los Orath.

La expresión de Logan cambió.

Kai lo vio.

—Eso te preocupa.

—Sí.

Airen se volvió hacia él.

—Explícanos por qué.

—El símbolo Nahdir no fue diseñado por ninguna orden. Es la forma natural que adopta una conexión cuando queda fijada a un anclaje. Los Nahdir aprendimos a utilizar esa estructura para sostener y proteger. Los Orath la utilizan para ocupar.

Recordó las veces que había dibujado aquel símbolo durante su infancia.

—¿Por eso ellos pueden usarlo?

—Sí. La forma no pertenece a los Nahdir ni a los Orath. Lo que cambia es la finalidad.

—Pero yo lo dibujaba antes de saber qué era.

—Lo sé.

—¿Por qué?

Logan guardó silencio unos segundos.

—No tengo una respuesta completa.

Airen no quedó satisfecha, pero miró hacia el salón. Noa seguía inmóvil en el sofá.

—¿Qué le hizo Rael?

—Fijó un anclaje directamente a su rastro y mantuvo una conexión con los Orath a través de él. Esa conexión está ocupando poco a poco el espacio de Noa.

—Por eso no consigue volver del todo.

—Sí.

Kai señaló hacia el salón.

—¿Y pueden seguir entrando mientras la conexión permanezca ahí?

—Pueden continuar vaciándola.

Airen notó que se le revolvía el estómago.

—¿Y la marca de Erik?

—Funcionaba de la misma manera, pero cuando lo encontramos ya habían ocupado demasiado espacio. Después de su muerte, dejaron la conexión activa para que pudiéramos seguirla.

—Era un señuelo —dijo Airen.

—Sí.

Airen bajó la mirada. Erik no había sido una víctima elegida al azar. Lo habían utilizado para atraerlos después de matarlo.

Kai volvió a mirar hacia Noa.

—Entonces sigue conectada a ellos.

—Sí.

Airen levantó la cabeza.

—Separaremos la conexión del anclaje.

—No sabemos cómo hacerlo —advirtió Logan.

—Aprenderemos.

—Si tiramos de ella sin entender cómo está fijada, podríamos llevarnos también parte del rastro de Noa.

—Entonces averiguaremos cómo separarlos sin destruir lo que queda de ella.

Logan sostuvo su mirada.

—Eso es lo que tenemos que hacer.

Kai se volvió hacia él.

—Ahora responde a la pregunta que sigues evitando. ¿Quién creó la primera deuda?

Logan guardó silencio.

—Dijiste que me lo contarías todo —recordó Airen.

—Cuando Noa estuviera estable.

Miró hacia el salón.

—¿Fuiste tú?

Logan no respondió. Su expresión no cambió, pero tampoco negó la posibilidad.

Kai lo observó.

—Ese silencio se parece bastante a una respuesta.

—No voy a mentir para salir de esta habitación —dijo Logan—. Pero tampoco voy a contar una parte dejando fuera aquello que le da sentido. Para decir quién la creó tengo que explicar qué ocurrió y cuál fue el precio.

—Acabas de volver a prometernos una respuesta para después —dijo Airen.

—Sí.

—Siempre hay algo que va primero.

—Ahora mismo es Noa.

Airen se acercó a él.

—Escúchame bien. No quiero más medias verdades. Si algo me afecta o cambia lo que tengo que hacer, me lo cuentas.

—De acuerdo.

—Y no volverás a decidir tú solo si estoy preparada para saberlo.

Logan tardó unos segundos en responder.

—De acuerdo.

Airen no sabía si aquella promesa sería diferente de las anteriores, pero Noa seguía esperando en el salón.

Los tres regresaron.

Nico continuaba sentado frente al sofá. Liam estaba a su lado y Ethan había vuelto junto a la pared.

Airen se acercó.

—¿Ha cambiado algo?

—He conseguido distinguir mejor su rastro —respondió Nico—. Sigue debajo de la marca, pero no puedo separarlos sin saber dónde termina uno y empieza la otra.

—¿Eso significa que podemos recuperarla?

Nico miró a Noa.

—Significa que todavía está ahí.

Airen se sentó en el suelo junto a él.

—Entonces encontraremos la forma de llegar hasta ella.

Nadie la contradijo.