La primera deuda
Airen le envió la ubicación y un segundo mensaje: «Puerta lateral. Tercero».
Kai llegó diez minutos después.
Oyó sus pasos en la escalera antes de que llamara. Abrió la puerta y lo dejó pasar sin decir nada.
Kai entró deprisa, pero se detuvo al ver a Noa sentada junto a la ventana. La observó durante unos segundos: la postura inmóvil, las manos sobre las piernas y la mirada perdida en la luz de la mañana.
Después se volvió hacia Airen.
—Tenías la pista desde anoche.
—Sí.
—Y te fuiste sola de madrugada sin decirle nada a nadie.
—Noa dejó esa huella para mí. Solo yo podía seguirla.
—Eso no cambia lo que has hecho.
—Lo sé.
—No creo que lo sepas.
Kai señaló a Noa sin apartar la mirada de Airen.
—Rael te está buscando a ti. Y tú has salido sola siguiendo una pista que podía ser una trampa.
—Pero no lo era.
—Eso lo sabes ahora.
Airen no contestó. Kai tenía razón, pero también sabía que habría hecho lo mismo aunque hubiera tenido más tiempo para pensarlo.
—Encontré a Noa —dijo.
Cerró los ojos un momento y volvió a mirar hacia la ventana.
—¿Qué le han hecho?
Airen se acercó a Noa.
—Los Orath intentaron ocuparla. No pudieron hacerlo del todo porque su propio rastro sigue resistiendo.
Kai se aproximó con cuidado.
—¿Está consciente?
—A ratos. Habló conmigo durante unos segundos y después volvió a quedarse así.
Kai se agachó frente a ella.
—Noa.
Ella no reaccionó.
—Noa, soy Kai.
Su mirada continuó fija en la ventana.
Kai se levantó.
—Tenemos que sacarla de aquí.
—Sí.
—Y después me cuentas qué te dijo.
Airen bajó la vista.
—Airen.
—Primero Noa.
—No he dicho que no. He dicho después.
Ella asintió.
Kai sacó el móvil.
—Voy a llamar a Logan.
—Ya pensaba hacerlo.
—Pues lo hago yo porque ahora mismo puede que te cuelgue para no matarte.
Airen estuvo a punto de sonreír.
Kai llamó a Logan y le dio la dirección. Después avisó a Nico y a Ethan.
Mientras hablaba, Airen intentó levantar a Noa.
—Tenemos que irnos.
No respondió, pero se puso en pie cuando Airen tiró suavemente de su mano.
Kai guardó el móvil y se acercó.
—Te ayudo.
Entre los dos la sacaron del piso. Noa caminaba, pero se dejaba guiar sin mirar hacia dónde iba. Airen le sujetaba una mano y Kai avanzaba al otro lado, pendiente de cada paso.
La puerta lateral seguía entreabierta.
—¿Estaba así cuando llegaste? —preguntó Kai.
—Sí.
—Maravilloso.
Salieron a la calle. Había más coches y personas en las aceras que cuando Airen había llegado.
Logan les había indicado otro piso al que dirigirse. El almacén ya no era seguro después de la visita de Rael.
Kai condujo. Airen se sentó detrás con Noa y le sostuvo la mano durante todo el trayecto. Noa no habló. Apenas parpadeaba. De vez en cuando movía los dedos, pero no llegaba a apretar los de Airen.
Pensó en lo que acababa de contarle. Logan sabía quién había creado la primera deuda y conocía el precio que había pagado. También sabía que la marca seguía unida a los Orath.
Cuando llegaron, Logan y Liam ya estaban allí. Ethan apareció casi al mismo tiempo y Nico llegó unos minutos después.
Logan abrió la puerta y se quedó mirando a Noa.
—Ahora no —dijo Kai—. Primero la sentamos.
Logan se apartó para dejarlos pasar.
El piso era pequeño y apenas tenía muebles. Ayudaron a Noa a sentarse en el sofá. Liam le llevó agua, pero ella no bebió. Nico se quedó cerca de la puerta y Ethan permaneció junto a la pared.
Logan se agachó delante de Noa.
—Noa.
Ella no reaccionó.
Logan le puso dos dedos sobre la muñeca. Su expresión cambió.
—¿Qué notas? —preguntó Airen.
—Una parte de ella sigue ahí, pero hay algo fijado a su rastro que la mantiene apartada.
Ethan se acercó.
—¿Los Orath?
—Sí.
Liam miró a Logan.
—¿Puedes quitárselo?
—No sin saber exactamente qué han hecho.
Airen sujetó la manga de Noa.
—Pues tendremos que averiguarlo.
Nadie discutió.
Liam comprobó las ventanas y Ethan hizo una llamada desde la cocina. Nico intentó distinguir el rastro adherido a Noa sin acercarse demasiado. Logan permaneció junto al sofá, pendiente de cualquier reacción.
Airen esperó hasta que Logan se apartó hacia el otro extremo del salón y fue detrás de él.
—Noa habló conmigo.
Logan se detuvo.
—¿Qué dijo?
—Que sabes quién creó la primera deuda y qué precio pagó.
Logan guardó silencio.
—También dijo que estuviste allí —continuó Airen—. Que siempre lo has sabido.
Logan no lo negó.
—¿Es verdad?
—Sí.
—¿Quién la creó?
—Airen…
—No vuelvas a hacer eso.
—No es una respuesta sencilla.
—Nunca lo son contigo.
—Esta de verdad no lo es.
Airen soltó una risa sin humor.
—Qué casualidad.
—Te lo contaré.
—Ahora.
—Primero tenemos que ayudar a Noa.
—No la utilices para aplazarlo.
—No lo estoy haciendo. Hay una parte de ella atrapada y todavía podemos recuperarla. Lo que tengo que contarte no va a desaparecer mientras la ayudamos.
Airen quiso insistir, pero miró hacia el sofá. Noa seguía inmóvil.
—También me habló de la marca —dijo.
Logan esperó.
—Dijo que no es solo una señal. Sigue unida a los Orath.
Logan miró hacia Noa.
—¿Eso fue todo?
—No pudo decirme más.
Airen estudió su reacción.
—Sabes qué significa.
—Tengo una idea, pero necesito comprobarla.
—Siempre tienes solo una parte.
—Esta vez no voy a ocultarte lo que descubra.
—Cuando Noa esté estable, me contarás todo.
Logan asintió.
—Todo lo que sé.
—No. Todo.
Él sostuvo su mirada.
—Todo.
Airen no sabía si creerlo, pero no era el momento de seguir discutiendo.
Regresaron junto a los demás. Noa continuaba en el sofá, con la mirada perdida. Kai observó a Airen, esperando una explicación.
Se la daría. Pero primero tenían que recuperar a Noa.
Después Logan tendría que cumplir su promesa.