La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) Antes del amanecer
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Antes del amanecer

Airen volvió al punto acordado antes de que se cumpliera la hora.

Llegó con el pulso todavía acelerado y el móvil en la mano. Kai ya estaba allí, apoyado junto a una persiana cerrada, con los brazos cruzados y la mirada fija en ella.

No dijo nada al principio. Eso fue peor.

—¿Dónde estabas? —preguntó al fin.

—Mirando una calle.

—Una calle muy larga.

Airen guardó el móvil en el bolsillo.

—No he encontrado nada claro.

Kai la observó un momento, esperando que añadiera algo.

Ella no lo hizo.

Nico y Liam llegaron poco después. Logan apareció unos minutos más tarde por la avenida del norte. Ninguno traía buenas noticias.

Se reunieron bajo el toldo de un local cerrado, resguardados a medias del viento.

—Calles limpias —dijo Nico—. Rastros viejos, pero nada reciente de los Orath por el este.

—En el norte tampoco —añadió Logan.

Miró hacia la zona por la que habían venido Kai y Airen.

—¿Y vosotros?

Kai no respondió enseguida.

Sintió su mirada.

—Nada claro —dijo ella.

Logan sostuvo su mirada durante un momento. Airen tuvo la incómoda sensación de que había notado algo, aunque no pudiera saber qué.

—Entonces mañana seguimos —dijo Logan.

Kai se enderezó.

—¿Mañana?

—Esta noche no vamos a encontrar nada que no podamos encontrar descansados.

—Noa lleva días desaparecida.

—Lo sé.

—Cada hora que pasa…

—Lo sé, Kai —lo cortó Logan—. Pero si cometemos un error por ir con el cansancio encima, lo pagaremos caro.

Apretó la mandíbula.

—Los Orath no están cansados —añadió Logan—. Nosotros sí.

Nadie respondió. No todos estaban de acuerdo, pero estaban demasiado cansados para seguir discutiendo.

Airen dejó de prestar atención. Mientras los demás hablaban, ella seguía pensando en el rastro que había encontrado y que todavía no les había contado.

Sentía una presión constante bajo las costillas que la orientaba hacia la zona del río. También continuaba viendo las otras dos imágenes: un piso alto y la luz de la mañana entrando por una ventana.

Noa.

—Mañana —dijo Airen.

Logan la miró.

—¿Estás de acuerdo?

Ella sostuvo su mirada.

—He dicho mañana.

No era rendirse. Era ganar tiempo.

Se separaron poco después. Nico se fue primero, con la excusa de revisar si algún rastro los seguía. Liam acompañó a Logan en dirección contraria. Kai se quedó junto a Airen.

—Te acompaño.

—No hace falta.

—Ya. Por eso lo hago.

Airen no discutió.

Caminaron hacia el piso de Airen sin hablar. El silencio entre ellos no era cómodo.

—Encontraste algo —dijo Kai.

No sonó como una pregunta.

Siguió caminando.

—¿Por qué dices eso?

—Porque te conozco.

—No tanto.

—Más de lo que te gustaría ahora mismo.

Airen no pudo evitar mirarlo.

Kai no sonrió.

—Llevas un rato en otro sitio —dijo—. Desde que saliste de aquella calle.

—Estoy cansada.

—Todos estamos cansados.

—Pues eso.

—Airen.

Ella se detuvo junto a un paso de peatones vacío. El semáforo estaba en rojo, aunque no pasaba ningún coche.

—No he encontrado nada claro —repitió.

Kai la miró de lado.

—Eso no es lo mismo que no haber encontrado nada.

El semáforo cambió a verde.

Airen cruzó. Kai la siguió.

—No quiero discutir contigo —dijo ella.

—Yo tampoco.

—Pues no lo hagas.

—Te estoy preguntando.

—Y yo te estoy contestando lo que puedo contestarte ahora.

Kai soltó aire por la nariz.

—Eso suena fatal.

—Lo sé.

Siguieron andando.

El portal de Airen apareció al final de la calle. La luz del rellano estaba encendida. Buscó las llaves en el bolsillo antes de llegar, solo para tener algo que hacer con las manos.

Kai esperó a que abriera.

Subieron juntos.

En el rellano, él se detuvo antes de volver a bajar. Airen tenía la llave metida en la cerradura, pero no la giró.

—Si has encontrado algo y vas a ir sola, dímelo ahora.

Bajó los párpados un momento.

Después abrió la puerta.

—Buenas noches, Kai.

Él no se movió.

—No me gusta esto.

—A mí tampoco me gustan muchas cosas.

—No hagas eso.

Airen se giró hacia él.

Kai estaba enfadado, pero Airen también vio preocupación en su cara.

—No voy a hacer ninguna locura —dijo ella.

Kai no pareció convencido.

—Si en dos horas no has dado señal de vida, te llamo.

—Estaré dormida.

—Entonces me contestas medio dormida.

Airen no respondió.

Kai bajó el primer escalón, pero volvió a detenerse.

—Airen.

—¿Qué?

—No tienes que hacerlo todo sola.

Ella sostuvo su mirada.

—Ya lo sé.

Ni ella misma se lo creyó.

Kai bajó las escaleras sin decir nada más.

Airen entró en el piso y cerró la puerta, aunque no pasó la llave. Se quedó unos segundos apoyada contra la madera, escuchando.

Oyó los pasos de Kai al bajar y después la puerta del portal.

Esperó varios minutos, el tiempo suficiente para que Kai llegara a su casa y el edificio quedara en silencio.

Se quitó la chaqueta.

Luego volvió a ponérsela.

Fue hasta la cama y se sentó en el borde, con las llaves entre los dedos.

Pensó en Noa y en la huella que había encontrado junto al edificio gris. Airen estaba convencida de que la había dejado para ella. Había reconocido su presencia mezclada con el rastro de Rael y todavía podía seguirla, aunque no entendiera por qué.

Para llevar a los demás hasta allí tendría que contarles que había mentido y esperar a que Logan decidiera ponerse en marcha. Acababa de decidir que continuarían al día siguiente y, para entonces, el rastro podía haberse debilitado hasta desaparecer.

En ese momento, solo ella sabía hacia dónde continuaba.

Eso tenía que bastar.

Airen miró el móvil.

Tenía un mensaje de Kai.

«No me fío de ti ahora mismo».

Estuvo a punto de sonreír.

No respondió. Si lo hacía, quizá se quedaría o él notaría algo en una frase mal escrita y subiría de nuevo. Kai era así, pesado cuando hacía falta, y precisamente por eso no podía darle margen.

Dejó el móvil sobre la cama.

Después lo cogió otra vez.

No podía irse sin el móvil.

Lo puso en silencio y lo guardó en el bolsillo.

Se levantó.

El piso estaba oscuro y en silencio. La taza que había dejado en la cocina seguía sin recoger. Durante un momento, Airen dudó.

Abrió la puerta despacio y se quedó en el rellano, escuchando.

Nada.

Bajó sin encender la luz, pisando cerca de la pared, donde los peldaños crujían menos. En el segundo piso se oía una televisión detrás de una puerta.

Siguió bajando.

Al llegar al portal, abrió con cuidado y salió a la calle.

Fuera hacía más frío que antes. Todavía no había amanecido, pero la ciudad empezaba a ponerse en marcha. Un camión de limpieza pasó al fondo y, en una panadería cercana, alguien levantó la persiana metálica.

Airen se cerró la chaqueta.

Sintió con claridad que el rastro continuaba hacia el río.

Miró una vez hacia su portal.

No había nadie.

Echó a andar sin volver a mirar atrás.