La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) El desvío
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El desvío

Se repartieron al salir del sótano.

No era la opción que más les gustaba, pero el rastro reciente de Noa se abría en varias direcciones al llegar a la calle. Nico se detuvo junto a la puerta vieja y comprobó cada una antes de hablar.

—Se divide en tres.

—¿Es la misma señal que apuntaba al norte? —preguntó Airen.

—No. Aquella sigue debajo. Esto es el rastro reciente.

Kai miró a Logan.

—¿Es normal que se divida así?

—No.

—Qué sorpresa.

Liam se acercó a Nico.

—¿Puede ser una trampa?

—Puede ser cualquier cosa. Pero si seguimos todos una sola dirección, perderemos las otras dos.

Logan tardó unos segundos en decidir.

—Nos reuniremos aquí dentro de una hora. Yo iré hacia el norte. Liam acompañará a Nico hacia el este y Kai se quedará con Airen en la zona oeste. Si alguien encuentra algo, avisa. Nadie entra en ningún sitio sin esperar a los demás.

Lo miró.

—Tú también deberías ir acompañado.

—Rael ya tuvo la oportunidad de atacarme y no lo hizo. Además, conozco la zona norte.

Liam no pareció convencido, pero no discutió.

—Y tú no te separes de Kai —añadió Logan.

—Te he oído.

—No te he preguntado si me has oído.

—No pensaba separarme.

Logan no insistió.

Se dividieron en la primera avenida. Logan cruzó hacia el norte, mientras Liam esperaba junto a Nico hasta que localizó el rastro del este. Airen y Kai tomaron la dirección contraria.

Caminaron sin alejarse demasiado el uno del otro. Kai comprobaba los portales de un lado de la calle y Airen los del otro.

El barrio estaba casi vacío. Los comercios tenían las persianas bajadas y solo quedaban algunas ventanas encendidas en los pisos altos. Una pareja discutía junto a un portal y, más adelante, un repartidor buscaba una dirección en el móvil.

—¿Notas algo? —preguntó Kai.

—Nada distinto. Manchas normales, portadores normales y el ruido de siempre.

—Me encanta que ya podamos decir «portadores normales» sin pestañear.

Airen sonrió un poco.

—A mí también empieza a preocuparme.

En el siguiente cruce, Kai señaló un callejón mal iluminado. Había varios portales antiguos y una puerta metálica medio cubierta de carteles arrancados.

—Voy a mirar ahí.

—¿Solo?

—Son diez metros y puedes verme desde aquí.

—No tardes.

—No voy a montar una excursión.

Kai entró en el callejón despacio. Airen avanzó unos pasos por la acera y se detuvo frente al escaparate cerrado de una tienda. Desde allí seguía viéndolo en el reflejo del cristal.

Entonces la deuda pulsó.

Se volvió hacia un edificio de cuatro plantas. Tenía la fachada gris, ventanas estrechas, balcones pequeños y una farmacia en la planta baja con el rótulo descolorido. Nada lo diferenciaba de los demás.

La deuda reaccionó otra vez.

No era como el pulso de un portador ni como el tirón que había sentido cuando Rael entró en el almacén. Era mucho más débil, pero había algo de él allí. Un resto unido a otro rastro.

Buscó a Kai con la vista. Seguía dentro del callejón, agachado junto a una puerta.

—Kai —lo llamó.

Él no la oyó.

Airen se acercó a la pared lateral del edificio y apoyó una mano en la piedra.

La respuesta fue inmediata. El rastro de Rael estaba allí, mezclado con otra sensación que Airen ya había percibido en la plaza.

Noa.

Cerró los ojos y se concentró. Durante un instante recibió tres imágenes confusas que parecían proceder del rastro de Noa: una zona antigua cerca del río, un piso alto y la luz de la mañana entrando por una ventana.

Apartó la mano.

Kai salió del callejón.

—No había nada. Solo un portal cerrado y una rata que casi me mira mal.

Airen seguía pendiente de la calle por la que continuaba el rastro.

—¿Has notado algo? —preguntó él.

La respuesta era sencilla: había encontrado una señal relacionada con Rael y, de alguna manera, también con Noa. Lo sensato era llamar a Logan y esperar a los demás.

Pero el rastro era débil. Si se detenían allí, podía desaparecer antes de que Nico tuviera ocasión de seguirlo.

—No estoy segura —respondió.

Kai la observó un momento.

—Eso no suena a nada.

—Porque todavía no sé qué es.

—¿Quieres que avisemos?

Airen miró el móvil. Faltaba algo más de media hora para reunirse con los demás.

—Quiero comprobar si continúa por esta calle.

Kai señaló la acera de enfrente.

—Revisamos cada uno un lado hasta la esquina y volvemos aquí en cinco minutos.

—Cinco minutos.

Kai cruzó la calle. Airen esperó a que llegara al primer portal y echó a andar en la dirección que le marcaba la deuda.

Al alcanzar la esquina debería haberse detenido, pero el rastro seguía adelante.

Miró atrás. Kai estaba de espaldas, comprobando una entrada.

Dobló la esquina.

La deuda respondió con más claridad. El rastro continuaba por allí.

Siguió caminando. Solo quería comprobar hasta dónde llegaba antes de avisar, aunque sabía que eso ya significaba romper el acuerdo con Kai.

A los pocos minutos, el móvil vibró.

Era él.

Airen no contestó. El teléfono volvió a vibrar y después llegó un mensaje.

«¿Dónde estás?».

Se detuvo junto a una marquesina vacía. El rastro continuaba hacia el río, débil pero reconocible.

Escribió una respuesta.

«He visto algo. Vuelvo ahora».

No era toda la verdad, pero sí pensaba volver.

Guardó el móvil y avanzó un poco más. La calle bajaba hacia una zona antigua y al final podía verse el río entre los edificios.

Airen sabía que debía regresar con Kai, pero solo podía pensar en que el rastro desaparecería si se detenía.