Los registros
Desde fuera, el refugio era solo una puerta vieja al fondo de un callejón estrecho, entre un local cerrado y una pared llena de humedad. No había ningún cartel ni símbolo que indicara que allí abajo había existido algo importante para los Nahdir.
Logan se detuvo delante. Nico también.
—¿Es aquí? —preguntó Airen.
—Sí.
—Muy acogedor.
Kai miró el callejón.
—No me gusta.
—A nadie le gusta —dijo Liam.
Logan apoyó una mano en la madera. No había cerradura. Empujó en un punto concreto, cerca del marco, y la puerta cedió.
Al otro lado había una escalera de piedra.
Logan entró primero y Liam fue detrás. Nico esperó a que Airen empezara a bajar y Kai cerró el grupo. No hizo falta acordar el orden. Todos sabían ya cómo moverse para no dejarla sola.
La escalera bajaba más de lo que parecía desde la calle. El aire se volvió frío enseguida y olía a piedra mojada y a polvo.
Al llegar abajo, Logan se detuvo tan de repente que Airen estuvo a punto de chocar con él.
El sótano era bajo y amplio, con paredes de piedra y varios arcos que daban a zonas más oscuras. Solo había una mesa vieja contra una pared y restos de velas consumidas en el suelo.
Sintió una presión lenta bajo las costillas, distinta de los pulsos que había notado hasta entonces. Aquel lugar provocaba alguna reacción en la deuda.
—Noa no está —dijo Nico desde el último escalón—. Pero estuvo aquí hace pocos días.
Bajó y avanzó despacio, atento al suelo y a las paredes.
—¿Estaba sola? —preguntó Liam.
—No todo el tiempo. Hay otro rastro encima del suyo.
—¿De los Orath? —preguntó Kai.
—No puedo saber de quién es. Está demasiado mezclado.
Airen miró a Logan.
—Dijiste que este sitio era seguro.
—Lo era.
Kai empezó a recorrer el sótano, mirando las paredes y los rincones. Pasó junto a la mesa, rodeó una columna baja y se detuvo frente a la pared del fondo.
—Aquí hay algo.
Los demás se acercaron.
Sobre la piedra había unas letras oscuras e irregulares. No estaban grabadas ni parecían pintadas; la pared se había ennegrecido siguiendo la forma de las palabras.
Los Orath no piden. No negocian. Toman.
Kai se volvió hacia Logan.
—Sabían que vendríamos.
—Sabían que Noa podía dejar un rastro —respondió él.
—Para el caso, es lo mismo.
—No exactamente. Esto no está dirigido a todos nosotros.
Airen volvió a leer la frase.
—Es para mí.
Sintió un pulso leve al acercarse a la frase de la pared.
—Quieren que piense que solo tengo dos opciones: ir a ellos o esperar a que vengan.
—Hay una tercera —dijo Kai—. Encontramos a Noa, averiguamos qué sabe y dejamos de ir siempre por detrás.
Nico asintió.
—Si estuvo aquí, puede que quede algo más de su rastro.
—O puede que la obligaran a traerlo hasta aquí para que leyéramos esto —dijo Liam.
—¿Crees que es una trampa? —preguntó Airen.
—Creo que cualquier cosa que haya tocado Rael puede serlo.
Logan recorrió el sótano con la vista.
—Este lugar llevaba años sin usarse y aun así lo han encontrado. Ya no podemos confiar en que un refugio antiguo vaya a frenarlos.
—Entonces tendremos que hacer las cosas de otra manera —dijo Airen—. No voy a esperar a que Rael decida quién desaparece después.
—Eso es lo que quiere: que actúes sin pensar.
—Quiere que me separe de vosotros. Lo sé. Pero eso no significa que tengamos que quedarnos quietos ni que yo deba seguir pidiendo permiso para saber qué está pasando.
Señaló la pared.
—Quiero lo que me prometiste: nombres, rastros y todo lo que sepas de Noa. Empieza por explicar por qué conocía este sitio.
Logan asintió.
—De acuerdo. Empezaré por Noa. Antes de que los Nahdir se organizaran como ahora, había otros grupos y otras formas de contener las deudas. Algunas de esas líneas conservaron sus propios métodos. Fue formada por una de ellas y por eso conocía sus señales y este refugio.
—¿Sabías que seguía viniendo?
—No. Tampoco sabía cuánta información conservaba sobre aquella época.
—Eso sí podrías habérmelo contado antes.
—Sí.
Nico se agachó cerca de la pared, sin tocar las letras.
—Aquí hay dos capas.
Logan se acercó.
—¿La marca y el rastro de Noa?
—Sí. La marca está encima. El rastro de Noa continúa por debajo, pero se corta y reaparece en puntos concretos.
Kai miró a Logan.
—¿Eso significa algo para ti?
—Los grupos antiguos marcaban así un segundo lugar sin dejar un recorrido continuo. Si Noa se formó con uno de ellos, conocía el método.
Airen se agachó junto a Nico.
—¿Puedes seguirlo?
Apoyó dos dedos en el suelo y cerró los ojos durante unos segundos.
—No hay un camino completo, solo una dirección. Hacia el norte, en la zona vieja de la ciudad.
—¿Qué hay allí? —preguntó Airen.
Logan respondió enseguida.
—Una antigua zona de contención que dejamos de usar hace años. No era un refugio. Allí encerraban aquello que no podían controlar.
Kai soltó aire despacio.
—Me encanta cuando una explicación empieza mal y acaba peor.
—¿Crees que han llevado allí a Noa? —preguntó Airen.
Nico abrió los ojos.
—No puedo saberlo. Esta señal apunta a ese lugar, pero el rastro reciente de Noa sale por la escalera. Son dos cosas distintas.
—Entonces primero seguimos el rastro reciente —dijo Airen.
Logan asintió.
—Y no iremos al norte hasta saber por qué dejó esa referencia.
—No esperaremos más de lo necesario.
—No.
Nico se levantó.
—Arriba podré ver mejor por dónde continúa su rastro.
Liam fue el primero en subir. Nico fue detrás y Kai esperó a que Airen comenzara a seguirlos. Logan se quedó el último.
Antes de dejar el sótano, Airen se volvió hacia la pared.
Los Orath no piden. No negocian. Toman.
Airen subió detrás de los demás.