La ausencia
Logan no explicó mucho más por teléfono. Dijo que iba al piso de Kai y colgó antes de que Airen pudiera hacerle todas las preguntas que tenía. La enfadó, pero no volvió a llamarlo porque sabía que no serviría de nada.
Mientras esperaban, Kai permaneció cerca de la puerta, pendiente del pasillo. Nico volvió a apoyarse en la pared, con la mirada baja y concentrado en algo que Airen no podía percibir. Ella caminaba de un lado a otro por el salón.
Noa llevaba semanas sin aparecer. Hasta esa noche, Airen había querido creer que se había apartado por decisión propia, como hacía cuando las cosas se complicaban. Ahora ya no sabía si seguía siendo ella quien decidía.
Llamaron dos veces a la puerta.
Miró por la mirilla, quitó el pestillo y abrió.
Logan entró solo. No parecía herido, aunque llevaba polvo del almacén en la ropa y parecía agotado.
Kai cerró la puerta detrás de él.
—¿Qué pasa con Noa? —preguntó Airen.
—No sé si Rael ha llegado hasta ella.
—Entonces, ¿por qué la has mencionado?
—Porque va a intentar llegar a ti a través de alguien cercano.
Airen soltó aire por la nariz.
—Eso ya me lo has dicho por teléfono.
Kai se apoyó en la puerta con los brazos cruzados.
—¿Qué significa «cercano» exactamente?
—Alguien en quien Airen confíe o cuya desaparición la haga salir sin pensarlo.
—Noa —dijo Airen.
Logan no lo negó.
Nico levantó la cabeza.
—Desapareció antes que Erik.
—Lo sé —respondió Logan.
Airen dio un paso hacia él.
—¿Y no te preocupó?
—Hasta ahora no tenía motivos para pensar que no se hubiera apartado por decisión propia. Esta noche lo cambia todo.
Kai negó con la cabeza.
—Me encanta que todos sepáis las cosas después de que alguien muera.
—Kai —dijo Nico.
—Llevamos toda la noche llegando tarde a todo. Siempre tarde.
Logan no discutió.
—¿Es posible que ya hayan llegado hasta ella? —preguntó Airen.
—Sí.
—Entonces tenemos que encontrarla.
—Noa no se deja encontrar cuando no quiere —dijo Logan.
—¿Y si ya no es ella quien decide?
Nico apoyó una mano en la pared y se levantó.
—Hay un punto donde su rastro se corta.
Airen se volvió hacia él.
—¿Desde cuándo lo sabes?
—Lo noté hace un rato, pero no estaba seguro de que fuera suyo. Ahora encaja.
—¿Dónde está?
—Hacia el este. Desde aquí no puedo localizarlo con precisión.
—¿Qué necesitas?
—Acercarme.
Airen cogió la chaqueta del respaldo de una silla.
—Pues vamos.
—Vamos —dijo Logan—, pero juntos. Puede ser una trampa.
—Entonces hagamos un plan —respondió Airen.
Logan la miró.
—Rael no necesita atacarte de frente. Puede utilizar una llamada, un mensaje o una desaparición para separarte de los demás.
—Lo sé.
—Entonces prométeme que, si recibes algo de Noa, no irás sola.
—No voy a prometerte nada porque tú me lo ordenes.
—Airen.
—Estoy harta de que me pidáis confianza después de ocultarme cosas.
Logan no intentó defenderse.
—Tienes razón.
Airen tardó un momento en responder.
—¿Qué?
—Te he ocultado cosas.
—Muchas.
—Sí.
—Y todavía lo estás haciendo.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué debería hacerte caso? —preguntó Airen.
—Porque no te estoy pidiendo que confíes en mí. Te estoy pidiendo que no le des a Rael lo que quiere.
Nico se acercó a ellos.
—Podemos ir los cuatro.
—Sí, pero con espacio —dijo Logan—. Tú irás delante siguiendo el rastro. Kai se quedará con Airen y yo cerraré el grupo para comprobar que nadie nos sigue.
—Si te quedas atrás, Rael puede ir a por ti —advirtió Nico.
—Ya ha tenido la oportunidad de hacerlo y no lo ha hecho.
—Eso no me tranquiliza —dijo Kai.
—No tiene que tranquilizarte. Nos da margen.
Airen se puso la chaqueta.
—¿El corte sigue ahí?
Nico se concentró durante unos segundos.
—Sí. Lo noto mejor que antes.
—Entonces vamos.
Logan se volvió hacia ella.
—Airen.
—No voy sola, no salgo corriendo, no contesto mensajes extraños y no me separo de Kai ni de Nico. ¿Contento?
—No.
—Pues es lo que hay.
Kai cogió las llaves del cuenco de la entrada.
—Por una vez estoy con ella.
Antes de abrir, volvió a mirar por la mirilla. Nico salió primero y se quedó junto a la escalera, comprobando el rellano. Airen y Logan salieron detrás. Kai apagó la luz y cerró la puerta con llave.
Empezó a bajar. Kai se colocó junto a Airen y Logan se mantuvo unos pasos por detrás, como habían acordado.
Al llegar al portal, Nico señaló hacia la izquierda.
—Es por aquí.
—¿Seguro? —preguntó Kai.
—Más que antes.
Salieron a la calle. Hacía frío y Airen se cerró la chaqueta. Había poca gente en la acera y el edificio de enfrente tenía casi todas las persianas bajadas. La calle parecía la de cualquier otra noche.
Nico caminó hasta la esquina y se detuvo.
—El rastro va hacia la avenida.
—Vamos —dijo Kai.
Airen no sabía si el rastro terminaría llevándolos hasta Noa o directamente a una trampa, pero echó a andar.
Detrás de ellos, Logan comprobó la calle antes de seguirlos.