La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) Dos sitios
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Dos sitios

El piso de Kai era pequeño y ordenado. Tenía pocas cosas, todas en su sitio: las llaves en un cuenco junto a la puerta, una chaqueta doblada sobre una silla y dos vasos en el fregadero.

Airen permanecía de pie en medio del salón. Nico se había sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, y Kai seguía junto a la ventana, mirando la calle cada pocos segundos.

Al llegar, Kai había cerrado con llave y Nico había comprobado el pasillo. Desde entonces, ninguno había dicho nada.

La deuda seguía activa. No pulsaba con fuerza, pero Airen notaba una tensión constante bajo las costillas.

—Los portadores que están muriendo son el camino hacia ti —dijo Nico al fin.

Lo miró.

—Eso dijo Logan.

—Y Rael sabe cómo seguir ese camino.

Kai se giró desde la ventana.

—También nosotros podríamos utilizarlo para llegar hasta él.

—Si él no llega antes hasta Airen —respondió Nico.

Kai volvió a mirar hacia la calle.

Airen pensó en Erik y en el símbolo de su pecho, que seguía pulsando aunque él ya no respirara. Le costaba apartar aquella imagen. La marca seguía activa en su cuerpo y todavía no sabían para qué.

—No voy a quedarme esperando a que llegue.

La miró.

—¿Qué significa eso exactamente?

—Que necesitamos saber más sobre los Orath antes de que se acerquen.

—Ya sabemos que son antiguos, que consumen portadores y que nos quieren vivos mientras les sirvamos para llegar hasta ti. No es poco.

—Pero no es suficiente.

Nico levantó la vista.

—Logan sabe más.

—Sí.

—Y no te lo contará todo solo porque se lo pidas.

Airen soltó una risa breve.

—Eso ya lo voy entendiendo.

Kai se apartó de la ventana y apoyó las manos sobre la mesa.

—Entonces, ¿qué propones?

—Buscar a Noa.

Kai tardó en responder.

—Lleva semanas sin aparecer.

—Lo sé.

—No contesta los mensajes, no llama y no deja rastro.

—También lo sé.

—Quizá no quiere que la encontremos.

Airen lo miró.

—O quizá no puede responder.

Nico se pasó una mano por la cara.

—¿Qué estás pensando? —preguntó ella.

—Que, si Rael quiere separarte de nosotros, no empezará por Kai.

Levantó las cejas.

—Gracias por la parte que me toca.

—Eres demasiado evidente. Si te ocurre algo, sabremos al instante que van directamente a por Airen.

—Entonces buscará a alguien menos evidente —dijo ella.

—Alguien que te haga salir sin pensarlo demasiado —añadió Kai.

Miró el móvil que había sobre la mesa.

—Noa.

—No sabemos que sea ella —dijo Nico.

—No, pero lleva semanas apartada. Si Rael quisiera llegar hasta ella ahora, podría pasar un tiempo antes de que supiéramos que ya no está escondida por decisión propia.

Airen cogió el teléfono. Tenía varios mensajes enviados a Noa, todos sin respuesta. El último era de hacía unos días.

«Necesito hablar contigo. Es importante».

—Voy a llamarla.

Kai negó con la cabeza.

—Si está escondida, una llamada puede delatarla.

—Y si está en peligro, no intentarlo puede ser peor.

Nico apoyó una mano en la pared para levantarse y se acercó a la mesa.

—Ponlo en altavoz.

—¿Por qué?

—Quiero escuchar lo mismo que vosotros.

Airen activó el altavoz y marcó.

El tono sonó tres veces antes de que saltara el buzón de voz. Airen colgó en cuanto oyó la grabación.

—Sigue sin responder —dijo Kai.

Dejó el móvil sobre la mesa.

—No pienso quedarme aquí.

—Nadie ha dicho que tengas que hacerlo.

—Lo estás pensando.

—Estoy pensando que salir sin saber adónde vamos es una mala idea.

—También lo era dejar a Logan en el almacén y lo hicimos.

—Porque no había otra opción.

—Pues ahora tampoco.

Nico miró hacia la puerta y escuchó durante unos segundos.

—Antes de movernos, necesitamos saber si Noa ha dejado algún rastro.

—¿Puedes localizarla? —preguntó Airen.

—Puedo intentarlo.

—¿Y Logan?

Kai se cruzó de brazos.

—Logan estará haciendo lo de siempre.

—¿Ocultar cosas?

—Sí. Y probablemente salvándonos el cuello mientras nos cabreamos con él.

Airen no pudo discutir eso.

En el almacén, la puerta metálica volvía a estar cerrada. Rael se había marchado, pero el almacén continuaba frío.

Liam caminaba entre las columnas mientras Logan permanecía junto a una de las ventanas tapadas, con el móvil en la mano.

—Llámala —dijo Liam.

Desbloqueó la pantalla.

—Voy a hacerlo.

—Ahora, Logan.

Se disponía a marcar cuando la puerta se abrió.

Ethan entró con la chaqueta abierta y se dirigió hacia ellos.

—Rael —dijo nada más llegar.

—Sí.

Ethan miró a Liam.

—Ha estado aquí —confirmó este.

—Lo he notado desde fuera.

—Entonces ya sabes bastante.

—Sé que tenemos que ir a por él antes de que se acerque más.

Logan negó con la cabeza.

—No.

Ethan se detuvo.

—¿No?

—Todavía no sabemos cómo detenerlos.

—Pero sabemos que están aquí.

—Eso no basta.

—Llevan décadas sin moverse, Logan. Ahora están llevándose portadores otra vez. Si esperamos, habrá más muertos.

—Y si vamos a por Rael sin saber cómo pararlo, también.

Ethan miró a Liam.

—¿Tú piensas lo mismo?

—Pienso que lanzarnos contra Rael ahora sería una estupidez. Muy heroica, si quieres, pero una estupidez.

Ethan soltó una risa seca.

—Me alegra ver que sigues siendo igual de encantador.

—Y sigo vivo.

—De momento.

Logan levantó una mano antes de que Liam respondiera.

—Basta.

Ethan respiró hondo.

—Entonces dime qué tenemos.

—Hay una deuda que los Orath no pueden consumir como las demás.

—¿Cuál?

—La primera deuda.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué la hace diferente?

—Fue creada para resistirlos. Asentarla solo la dejó fija, estable y visible. Eso les permite localizarla, pero no consumirla como hacen con las demás.

—¿Y pueden romperla? —preguntó Liam.

—Todavía no. Están aprendiendo.

Ethan se pasó una mano por la barba.

—Eso no tranquiliza mucho.

—No era mi intención.

—Bien, porque no lo consigue.

Liam miró hacia la puerta.

—Mientras no puedan romperla, Airen seguirá siendo su límite.

—Y su objetivo —dijo Logan.

Ethan volvió a mirarlo.

—Van a intentar separarla de nosotros.

—De cualquiera que la mantenga lejos de Rael.

—Eso incluye a Nico y a Kai —dijo Liam.

—Y a cualquiera que pueda hacerla moverse sin pensar —añadió Logan.

Ethan se quedó quieto.

—¿Tienes a alguien en mente?

Logan apartó la mirada.

—Noa.

Liam se frotó los ojos.

—Mierda.

—No tengo pruebas —advirtió Logan.

—Pero encaja —dijo Ethan.

Noa llevaba semanas sin dar señales. Aquello no era extraño en ella, y precisamente por eso Rael podía llegar hasta ella sin que nadie notara enseguida que ya no estaba escondida por decisión propia.

Airen saldría a buscarla en cuanto creyera que estaba en peligro.

—Díselo —dijo Liam.

Logan volvió a mirar el móvil que todavía sostenía en la mano.

—Eso iba a hacer.

Ethan dio un paso hacia él.

—Y esta vez le cuentas la verdad.

—No podré explicárselo todo por teléfono.

—Pues empieza por la parte en la que alguien cercano puede estar en peligro por culpa de lo que no le has contado.

Logan marcó.

En el piso de Kai, el móvil de Airen empezó a vibrar sobre la mesa.

En la pantalla apareció el nombre de Logan.

Airen dudó antes de cogerlo.

—Airen —dijo Kai.

—Ponlo en altavoz —añadió Nico.

Airen activó el altavoz y aceptó la llamada.

—¿Logan?

La voz de Logan llegó clara desde el teléfono.

—No salgas sola.

—Qué forma más bonita de empezar una conversación.

—Airen, escúchame.

—Te escucho.

—Creo que Rael va a utilizar a alguien cercano para sacarte de ahí.

Airen apretó los dedos alrededor del teléfono.

—¿Noa?

—Es la posibilidad que más me preocupa.

—Logan, ¿qué pasa con Noa?