Los cuatro
El piso no tenía nada especial, y eso era justo lo que necesitaban.
Estaba en un edificio corriente de una calle tranquila, con buzones en el portal, plantas en el rellano y vecinos que entraban y salían sin prestar atención. No había símbolos en la puerta, sombras en las ventanas ni rastros que una persona normal pudiera notar.
Los Orath no necesitaban esconderse en sitios oscuros. Les bastaba con pasar desapercibidos.
Rael subió hasta el segundo piso y abrió la puerta con una llave que no era suya. Dentro no se oía nada.
Seth, Mara y Axel ya estaban en el salón. Seth ocupaba el sillón más cercano a la puerta, con una pierna cruzada y los dedos apoyados en el reposabrazos. Mara estaba junto a la mesa, observando a los portadores. Axel permanecía de pie cerca de la ventana.
Los tres levantaron la vista cuando Rael entró.
Junto a las paredes había varios portadores.
Todos permanecían inmóviles, con los ojos abiertos y la expresión vacía.
Uno era un hombre de unos cincuenta años con la camisa arrugada.
Había también una chica muy joven con una mochila colgada de un hombro y una mujer con las manos cruzadas delante del cuerpo.
Rael cerró la puerta.
—¿Y bien? —preguntó Seth.
Avanzó hasta el centro del salón.
—Los Nahdir la están protegiendo.
Mara giró la cabeza hacia él.
—¿Todos?
—Los suficientes.
Seth sonrió apenas.
—Eso no responde a la pregunta.
—Logan está con ella en persona.
La sonrisa de Seth desapareció.
Axel se apartó de la ventana.
—Entonces lo sabía.
—Sí.
—¿Desde cuándo? —preguntó Mara.
Rael se sentó en una silla vacía.
—Desde que ella asentó la primera deuda.
Uno de los portadores parpadeó despacio antes de volver a quedarse inmóvil.
—Logan esperaba que volviéramos —dijo Mara.
—Sí, pero no estaba preparado.
Seth dejó caer la mano sobre el reposabrazos.
—Nunca lo están.
—Esta vez es distinto —dijo Axel.
Lo miró.
—¿Por Logan?
—Por ella.
Rael no lo negó.
Mara se acercó a la chica de la mochila y le levantó la barbilla con dos dedos para girarle la cara hacia la luz. La joven no opuso resistencia.
—¿Cuánto ha despertado?
—Más de lo que debería —respondió Rael.
—¿Te ha sentido?
—Sí.
Seth soltó aire por la nariz.
—Eso complica las cosas.
—También las acelera —dijo Mara.
—La deuda me reconoció antes de que Airen entendiera lo que estaba pasando —añadió Rael.
Axel frunció el ceño.
—Entonces ya existe un vínculo.
—No uno que pueda usar todavía.
—Pero existe.
—Sí.
Mara soltó a la chica, cuya cabeza volvió despacio a su posición anterior.
—¿Los portadores que tenemos bastan para llegar hasta Airen? —preguntó Seth.
—No mientras Logan siga en medio.
Seth se inclinó hacia delante.
—Entonces lo quitamos.
—No es tan fácil.
—Nunca dices eso si no hay un problema.
—Logan no solo la protege. Hay algo más.
Mara volvió junto a la mesa.
—¿Qué?
—Todavía no lo sé.
Seth alzó las cejas.
—Qué poco útil.
—Airen vuelve hacia él incluso cuando desconfía. No es una deuda ni un vínculo que podamos tocar. Es personal.
Axel miró hacia la ventana.
—¿Y Logan?
—Él sabe cuánto le importa ella.
Mara apoyó las manos sobre la mesa.
—Entonces le está ocultando hasta qué punto le importa.
—A ella y quizá también a los demás.
Seth volvió a sonreír.
—Eso sí podemos usarlo.
—Sí.
En el portal se oyeron unas voces y una puerta que se cerraba en otro piso.
—Hay que separarlos —dijo Axel.
—Eso ya lo sabemos —respondió Seth—. La pregunta es cómo.
Mara miró a Rael.
—Desde fuera será difícil. Logan no va a soltarla ahora.
—No hace falta que la suelte él.
Seth lo entendió primero.
—Tiene que apartarse ella.
Rael asintió.
—Airen no se apartará porque se lo pidamos —dijo Mara.
—No. Tendrá que pensar que no le queda otra.
Rael observó a los portadores. Podían obligarlos a moverse, hablar y parecer personas durante unos minutos. Era suficiente para algunas cosas, pero ninguno de aquellos desconocidos conseguiría que Airen abandonara la protección de los Nahdir.
—No conseguiremos que salga utilizando desconocidos.
Axel se giró hacia él.
—¿Quieres usar a alguien cercano?
—Sí.
Seth se levantó del sillón.
—Eso la obligaría a moverse.
—Y a dudar —añadió Mara—. De Logan, de Nico, de Kai. De todos.
—Eso es lo que necesitamos —dijo Rael.
Axel cruzó los brazos.
—¿A quién?
—Hay una persona.
Seth ladeó la cabeza.
—¿Quién?
—Quiero confirmarlo antes.
—No estás seguro —dijo Mara.
—Estoy casi seguro.
—Casi no sirve.
—Servirá cuando lo confirme.
Seth se acercó al hombre de la camisa arrugada. El portador levantó la cabeza, aunque no pareció verlo realmente.
—Podemos probar con varios.
—No.
Se volvió hacia Rael.
—¿No?
—Si tocamos a demasiados a la vez, Logan entenderá el patrón.
—Ya sabe que vamos a por ella.
—Pero no sabe por dónde vamos a entrar.
Mara asintió.
—Tiene razón.
Seth volvió a sentarse sin discutir.
—¿Y si Logan se adelanta? —preguntó Axel.
—No puede cubrirlo todo.
—Tiene a Nico.
—Nico sigue rastros, no pensamientos.
Mara guardó silencio unos segundos.
—Kai y Nico están protegidos. ¿Y Logan?
—No puedo llegar hasta él sin enfrentarme directamente a él —respondió Rael—. Y si lo amenazo, Airen intentará protegerlo. Volverá hacia Logan, no hacia nosotros.
—Entonces él no es una entrada —dijo Seth—. Es un obstáculo.
—Por eso utilizaremos a otra persona de su entorno. Alguien cercano, pero no tan evidente como para que Logan pueda anticiparse.
Axel miró hacia los portadores.
—¿Y si no viene?
—Vendrá.
Seth apoyó los codos en las rodillas.
—Hablas como si la conocieras.
—No necesito conocerla. Solo necesito saber qué hace con la culpa.
Mara bajó la vista hacia sus manos.
—La culpa mueve más que el miedo.
—Sí.
Uno de los portadores dejó escapar un sonido bajo. Seth chasqueó los dedos sin mirarlo y el hombre volvió a quedarse inmóvil.
Rael se levantó.
—Aceleraremos.
—¿Cuánto? —preguntó Mara.
—Nada de portadores al azar ni señales sueltas. Vamos a por alguien que la obligue a salir.
Los otros tres asintieron.
Rael caminó hasta la ventana y apartó la cortina con dos dedos. Abajo, una mujer cruzaba la calle con un niño de la mano, un repartidor dejaba una bolsa en el portal de enfrente y dos vecinos hablaban junto a un coche.
—Cuando desaparezca, Airen se moverá.
Seth se puso de pie.
—¿Y si Logan intenta detenerla?
Rael soltó la cortina.
—Entonces sabremos cuánto está dispuesto a perder por ella.
Los portadores continuaron inmóviles junto a las paredes.
Rael miró a los otros tres.
—Quiero el nombre antes de que termine la noche.
Mara asintió.
—Lo tendrás.
—¿Y después? —preguntó Axel.
Rael miró hacia la puerta.
—Después la haremos venir.