La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) Rael
10%

Rael

La puerta metálica quedó abierta a su espalda durante unos segundos y después se cerró despacio. Logan no se movió. Liam tampoco.

Se detuvo cerca de la entrada. No parecía preocupado por estar frente a dos Nahdir ni tenía prisa por acercarse.

Logan lo había visto antes, aunque no muchas veces. A simple vista parecía un hombre corriente. Solo al quedarse quieto y observar se notaba que había algo extraño en él.

Miró hacia el pasillo del fondo.

—Han salido. Los he notado.

—Entonces has venido para nada —dijo Logan.

—No. He venido a hablar contigo. Además, no han llegado lejos.

Liam se colocó un poco más cerca de Logan.

—Lo bastante.

Rael recorrió el almacén con la mirada, deteniéndose en las columnas, las cajas viejas y la zona oscura donde Airen había notado la sombra.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

—Mientes.

—No he intentado engañarte.

Rael no pareció molesto. Volvió a mirar a Liam y después se centró en Logan.

—La primera deuda está asentada. Eso ha cambiado lo que Airen puede soportar.

—No vas a acercarte a ella.

—No necesito arrancarle la deuda, si eso es lo que temes. La necesito a ella viva y entera.

Logan intentó no mostrar cuánto le preocupaba aquella precisión.

—¿Para qué?

—Para algo que ninguna otra persona sobreviviría.

—Pues tendrás que buscar otra solución —dijo Liam.

Rael lo miró.

—No la hay.

Avanzó un paso y Liam hizo lo mismo para cortarle el paso.

—La estáis protegiendo —dijo Rael—. Los Nahdir vigilan a los portadores, los utilizan cuando los necesitan y los apartan cuando dejan de servir. No suelen ponerse delante de ellos.

—Sabes menos de nosotros de lo que crees —respondió Liam.

—Sé lo suficiente para entender que esto no es solo una obligación.

Logan habló antes de que Liam contestara.

—No has venido a hablar de los Nahdir.

—He venido a por Airen.

—No está aquí y no vas a encontrarla.

—Volverá.

Rael dio otro paso. La luz del almacén le alcanzó la cara, pero su expresión no cambió.

—Es mucho esfuerzo por una portadora —dijo.

—Sabes que no es una portadora cualquiera.

—Sí. Por eso la necesito a ella, no solo lo que lleva dentro.

Logan sostuvo su mirada.

—No te la voy a entregar.

—No necesito que lo hagas tú.

Liam soltó una risa breve.

—Y ella tampoco va a ir contigo.

—Todavía no.

Rael miró hacia el pasillo por donde Airen, Nico y Kai habían salido.

—¿Cuántas personas quedan entre ella y yo? Tú, Liam, el chico que sigue los rastros y el otro.

—Las suficientes —respondió Logan.

—No. Y ella acabará dándose cuenta.

—¿De qué?

—De que esconderse detrás de vosotros no salva a nadie. Seguiré llevándome portadores. Uno a uno, hasta que comprenda que cada persona que permanezca cerca de ella corre peligro.

Liam avanzó otro paso.

—Toca a uno más y la próxima vez no saldrás por esa puerta.

Rael ni siquiera miró hacia la salida.

—Ya lo estoy haciendo y he entrado sin que pudierais impedirlo.

Logan levantó una mano para que Liam no se acercara más.

—Si lo que quieres es a Airen, deja a los demás fuera.

—Los demás son la forma de hacer que escuche.

—No tienen nada que ver con ella.

—Eso no importa. Airen se sentirá responsable de todos modos.

Logan lo entendió entonces. Rael quería que Airen se sintiera responsable de cada desaparición hasta que prefiriera entregarse antes que permitir otra.

Rael lo observó.

—Te importa.

—Eso no cambia nada.

—Cambia la forma de llegar a ella. Los Nahdir habláis de equilibrio, límites y reglas, pero tú no estás pensando en ninguna de esas cosas.

—No sabes lo que estoy pensando.

—Sé que te has quedado aquí para darle tiempo. Y sé que volverías a hacerlo.

Rael avanzó un paso más. Logan sintió una presión repentina en el pecho y Liam se llevó una mano al suyo, aunque no retrocedió.

Se detuvo.

—No he venido a pelear. He venido para que entendáis lo que va a pasar si seguís apartándola de mí.

—Lo único que entiendo es que la necesitas viva —dijo Logan—. Eso también te pone un límite.

—A ella no voy a dañarla. No de la forma que temes.

—No voy a confiar en tu definición de daño.

—No te lo he pedido.

Rael volvió a mirar hacia el pasillo.

—La deuda ya me ha reconocido. Airen me sentirá cada vez que me acerque.

—Eso no significa que vaya a venir.

—No. Vendrá porque no permitirá que otros sigan muriendo por ella.

—No la conoces.

—No necesito conocerla. Me basta con saber qué hará cuando crea que otra persona está pagando el precio en su lugar.

Logan sabía que tenía razón.

Rael se dio la vuelta y caminó hacia la entrada sin ninguna prisa. Abrió la puerta y el aire de la calle entró en el almacén.

Antes de salir, miró una última vez a Logan.

—Decidle que correr no va a salvar a nadie.

Salió y la puerta metálica se cerró detrás de él.

Liam esperó unos segundos antes de hablar.

—¿Le crees?

—Sí.

—¿También lo de los portadores?

—Sobre todo eso. Va a utilizarlos para obligar a Airen a elegir.

Liam miró hacia el pasillo del fondo.

—Entonces no va a parar.

—No.

—¿Y qué quiere hacer con ella?

—No lo sé. Solo sabemos que la necesita viva y que la primera deuda le permite soportar algo que otra persona no podría.

—No es mucho.

—Es más de lo que sabíamos hace una hora.

Liam se frotó la nuca.

—Airen no puede volver a estar sola.

—No lo estará.

—¿Vas a contarle lo que ha dicho?

—Sí. Ahora.

—Todavía no sabemos a quién piensa utilizar.

—Le contaré exactamente lo que sabemos y también lo que no. Si espero hasta tener un nombre, estaré haciendo lo mismo otra vez.

Liam asintió.

—Entonces será mejor que salgamos de aquí.

Logan miró la puerta por la que Rael acababa de salir. El almacén seguía frío después de su marcha.

Necesitaban encontrar al siguiente objetivo antes de que Rael llegara hasta él.