La Marca: Algunas deudas no pueden borrarse (Nahdir 2) No mires atrás
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No mires atrás

Durante unos segundos, nadie se movió.

La sombra del fondo no volvió a moverse, pero tampoco desapareció.

Seguía entre las columnas y las cajas viejas, en una zona donde la luz apenas llegaba.

Airen no sabía si los demás la veían igual que ella o si solo notaban el frío que llenaba el almacén.

Bajo sus costillas, la deuda seguía pulsando.

Logan fue el primero en apartar la mirada.

—Necesitamos un plan —dijo Kai.

—Ya lo tenemos —respondió Logan.

Soltó una risa breve.

—Claro. Seguro que lo tienes desde hace semanas y se te olvidó contárnoslo.

Liam miró a Kai, pero no dijo nada. Nico seguía atento al fondo del almacén, ahora un poco más cerca de Airen.

—Airen tiene que mantenerse fuera de su alcance mientras averiguamos cómo detenerlos —dijo Logan.

—¿Detenerlos? ¿A los Orath?

—Sí.

—Hace diez minutos me has dicho que consumen portadores, que son anteriores a todo lo que conocemos y que llevas semanas callándote media historia. Perdona si no me tranquiliza mucho que ahora digas que hay que detenerlos.

—No intento tranquilizarte.

—Pues menos mal.

Nico la miró un segundo y Airen creyó que estaba a punto de sonreír. Luego volvió a mirar hacia el fondo.

Kai cruzó los brazos.

—¿Y cómo se supone que se detiene algo así?

—Todavía no lo sé —dijo Logan—. Pero tienen un límite.

—¿Cuál?

Miró a Airen.

—La primera deuda. No pueden consumirla como consumen las demás.

Tardó un momento en entenderlo.

—¿Porque está asentada?

—No.

—Entonces, ¿qué la hace diferente?

—Su naturaleza.

Airen se frotó los ojos.

—Logan, no empieces con palabras que solo entiendes tú.

—Asentarla solo la dejó fija y estable. También hizo que pudieran localizarla. No es lo que impide que la consuman.

—¿Y entonces qué quieren?

—Entender cómo romperla y llegar a lo que contiene.

—O sea, que soy una especie de prueba.

—No.

—Suena bastante a eso.

—Eres lo que no pueden abrir.

Airen no sabía si Logan intentaba protegerla o la estaba tratando como una pieza más de algo que llevaba demasiado tiempo ocultando.

Nico habló sin apartar la vista de la zona oscura.

—Entonces tenemos tiempo.

Tardó un poco en contestar.

—Poco.

Kai resopló.

—Genial.

Liam, que había estado callado desde el principio, cruzó la planta baja y se acercó a una de las ventanas tapadas con tablones. Apoyó dos dedos en uno de ellos.

—¿Qué haces? —preguntó Airen.

—Escuchar.

—¿A través de una ventana tapada?

Liam no se giró.

—No escucho con los oídos.

—Cada vez me gusta más esta noche —murmuró Kai.

Antes de que Airen pudiera responder, la deuda volvió a pulsar. Esta vez la sensación fue distinta, como si un rastro desconocido acabara de pasar cerca.

Se llevó una mano al pecho.

Nico lo vio.

—¿Otra vez?

Airen asintió.

—Hay otro rastro.

Logan se volvió hacia ella.

—¿Qué has notado?

—No es tuyo, ni de Liam ni de Nico. Es otro.

Liam retiró los dedos del tablón.

—El que detecté antes —continuó Airen—. El que estaba mezclado con todo esto.

Un nombre apareció en su cabeza con una claridad que la asustó.

—Es Rael, ¿verdad?

Logan se quedó inmóvil.

—¿Cómo sabes ese nombre?

—No lo sé. Ha aparecido en mi cabeza como si ya lo conociera.

Kai la miró.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Es como si el nombre ya estuviera dentro, como si no lo hubiera oído por primera vez.

Liam miró a Logan.

—Está más despierta de lo que pensabas.

—No hables de mí como si no estuviera delante —dijo Airen.

Liam bajó la mirada.

Logan dio un paso hacia ella. Nico se interpuso entre los dos.

—Rael no es un nombre cualquiera —dijo Logan.

—Eso ya lo he entendido.

—Si lo has percibido, es porque él también te ha percibido a ti.

—¿Él?

Kai miró de Logan a Liam.

—¿Rael es uno de ellos?

Tardó en contestar.

—Rael es Orath, pero no es como los demás.

—Por supuesto —dijo Kai—. Porque esta noche todavía podía ponerse peor.

Nico levantó una mano y giró la cabeza hacia la entrada del almacén.

Airen también se giró. Al principio solo oyó el ruido lejano de la ciudad al otro lado de las paredes. Después distinguió un sonido más bajo y pesado.

Nico no apartó los ojos de la puerta.

—Está aquí.

Logan ya se estaba moviendo.

—Salid por atrás. Ahora.

—¿Quién está aquí? —preguntó Kai.

—Rael.

Airen miró hacia la puerta principal. No se abrió, pero la temperatura del almacén descendió de golpe.

Liam se apartó de la ventana y fue hacia Logan.

—No deberías quedarte.

—Sí debería.

—Logan.

Miró a Nico.

—Llévalos fuera.

Airen dio un paso hacia él.

—¿Y vosotros?

Logan no la miró al responder.

—Nos quedamos.

—No.

Kai ya tenía una mano en su brazo.

—Airen, vamos.

Ella intentó soltarse.

—No puedo dejarlos aquí.

—Sí puedes —dijo Kai—. Y vas a hacerlo.

—Kai, suéltame.

Nico se colocó a su lado, mirando de la puerta a Airen.

—Airen —dijo en voz baja—, si entra y te encuentra aquí, no podremos sacarte.

—¿Y Logan?

Logan se giró. Por primera vez aquella noche, Airen vio miedo en su cara.

—Airen. Vete.

Ella no obedeció.

La deuda pulsó dentro de ella una vez, con fuerza.

Desde la entrada llegó un único golpe contra la puerta metálica, firme y sin prisa.

Liam miró hacia el pasillo del fondo.

—Ya.

Nico señaló una abertura entre unas estanterías viejas.

—Por ahí. Hay una salida trasera.

Kai tiró de Airen con más fuerza.

—Vamos.

Airen caminó dos pasos hacia el fondo, pero volvió a mirar a Logan. Liam se había colocado a su lado, ambos frente a la entrada.

—Logan…

—No mires atrás.

—No me digas eso.

Logan pareció querer contestar, pero la puerta metálica volvió a sonar. Esta vez, el golpe resonó en toda la planta baja.

Nico entró primero en el pasillo y Kai fue detrás sin soltar a Airen. Era estrecho, con cajas apiladas a un lado, cables viejos colgando del techo y trozos de cristal junto a la pared. Avanzaron tan deprisa como pudieron.

Airen oyó a sus espaldas cómo la puerta principal se abría y el metal cedía despacio.

La deuda dio un tirón tan fuerte que se dobló hacia delante. Kai la sujetó antes de que perdiera el equilibrio.

—¿Qué pasa?

—Está entrando.

Nico se giró al instante.

—No pares.

Airen apretó los dientes y siguió. Con cada paso, el tirón hacia atrás aumentaba. No era una voz ni una orden, pero sentía una fuerza que la empujaba a detenerse y mirar atrás.

Llegaron a una puerta de metal al final del pasillo. Nico la empujó, pero no se abrió.

—Está atascada —dijo Kai.

—Lo veo.

Nico metió los dedos en el hueco del cierre, tiró hacia arriba y empujó con el hombro. La puerta cedió con un chirrido corto y entró el aire frío de la calle.

Salieron a un callejón estrecho y oscuro, con varios contenedores al fondo. Nico salió primero, miró a ambos lados y les hizo una señal.

—Ahora.

Kai no soltó a Airen hasta que los tres estuvieron fuera. Entonces echaron a correr.

Nico iba delante, marcando el camino sin separarse demasiado. Kai corría al lado de Airen. Nadie habló ni miró atrás.

Airen supo el momento exacto en que Rael entró del todo en el almacén. La deuda dio un tirón tan fuerte hacia atrás que casi la hizo tropezar.

Kai la agarró del brazo.

—Sigue.

Siguió.

Doblaron una esquina, cruzaron una calle casi vacía y continuaron hasta la siguiente manzana. Nico no se detuvo hasta que llegaron a una calle más abierta, con tráfico al fondo y una tienda veinticuatro horas encendida en la esquina.

—Aquí.

Kai se paró junto a un portal cerrado. Airen apoyó una mano en la pared para recuperar el aliento. Nico se quedó cerca de la esquina por la que habían venido, vigilando la calle.

—¿Nos ha seguido? —preguntó Kai.

Nico se pellizcó el puente de la nariz.

—No.

—¿Seguro?

—No nos está siguiendo.

Airen levantó la cabeza.

—¿Y Logan?

Nico no respondió enseguida.

—Nico.

Él abrió los ojos.

—Todavía está en el almacén.

—¿Vivo?

—Lo noto.

—Eso no es lo mismo.

Nico la miró sin intentar suavizar nada.

—No. No es lo mismo.

Kai soltó una maldición en voz baja y se pasó las manos por el pelo.

—¿Y Liam?

—También.

Airen miró hacia la calle por la que habían venido. Desde allí no se veía el almacén.

—¿Y el otro? —preguntó Kai.

Nico tragó saliva.

—Con ellos.

—¿Por qué se ha quedado Logan? —preguntó Airen.

Kai no respondió. Nico tampoco.

Airen volvió a mirar hacia donde estaba el almacén. La deuda seguía activa, aunque ya no pulsaba con fuerza.

Logan no se había quedado solo para ganar tiempo.

Se había quedado por ella.