Los Orath
—Erik está muerto.
Kai tardó un momento en apartarse de la puerta.
—Entrad.
El piso estaba en penumbra. Había una lámpara encendida en el salón y una taza medio llena sobre la mesa. No parecía que Kai hubiera estado durmiendo.
Airen se sentó en el borde del sofá. Nico permaneció de pie cerca de la ventana, con los brazos cruzados. Entre los dos le contaron lo ocurrido: el piso vacío, el rastro limpio, el cuerpo de Erik en el patio y el símbolo de su pecho, que seguía pulsando, aunque él ya no respiraba.
Cuando Airen llegó a la parte del cuerpo de Erik, tuvo que detenerse. Kai esperó hasta que pudo continuar.
—¿El símbolo seguía pulsando cuando os fuisteis? —preguntó al terminar.
—Sí —respondió Airen—. No era como una mancha normal. Seguía activo.
Kai se levantó.
—¿Dónde está Logan?
Nico separó la espalda de la pared.
—He seguido su rastro hasta un lugar concreto, pero allí queda tapado.
—¿Tapado?
—Hay algo que interfiere. No sé qué es.
Airen sintió que la deuda volvía a pulsar bajo sus costillas.
—Pero sabes dónde desaparece el rastro.
Nico asintió.
—Sí.
Kai cogió las llaves de la mesa que había junto a la entrada.
—Entonces vamos.
Bajaron deprisa. Kai iba delante y Nico dejó que Airen quedara entre los dos. Ella se dio cuenta, pero aquella noche no protestó.
El almacén estaba a unos quince minutos, más allá de una avenida ancha, en una zona donde las fachadas eran más viejas y las farolas alumbraban menos. Nico fue indicando el camino a medida que avanzaban.
Airen intentaba no pensar en Erik, pero la imagen del patio volvía cada vez que bajaba la guardia.
—¿Crees que Logan está herido? —preguntó en voz baja.
Tardó un poco en contestar.
—No lo sé.
—Esa respuesta empieza a gustarme cada vez menos.
—A mí tampoco me gusta.
Kai miró hacia atrás sin detenerse.
—Si Logan sabía algo de Erik, más le vale empezar a hablar.
El almacén apareció al final de una calle lateral. Era un edificio de tres plantas en desuso, con las ventanas tapadas por dentro, manchas de humedad en la fachada y restos de carteles arrancados.
La puerta metálica estaba cerrada, pero no bloqueada. Kai la empujó con cuidado y cedió con un chirrido.
Nico entró primero. Después Kai y, tras él, Airen.
Dentro olía a madera vieja, cemento húmedo y polvo. La planta baja era amplia, con columnas, cajas vacías y restos de estanterías metálicas. Al fondo había una luz tenue que apenas alcanzaba a iluminar dos figuras.
Logan estaba allí, con Liam a su lado.
Los dos se volvieron al oír la puerta. Logan no pareció sorprendido al verlos. Airen comprendió que ya sabía que iban a llegar.
Nadie saludó.
Airen dio un paso hacia él.
—Erik estaba investigando algo y tú lo sabías.
Logan no trató de negarlo.
—Sí. Erik me ayudaba a seguir marcas y rumores antiguos. Lo capturaron porque se acercó demasiado y porque sabían que estaba trabajando conmigo.
Kai avanzó un paso.
—¿Y Nadia?
—Su desaparición fue lo que me hizo sospechar que esas historias podían ser ciertas.
—¿Y os quedasteis esperando?
—No. Liam y yo seguimos otros rastros mientras Erik continuaba con los suyos. Todos acababan tapados o se cortaban antes de llevarnos a ningún sitio. Cuando dejó de responder, intentamos encontrarlo.
Kai soltó aire por la nariz.
—Pues llegasteis tarde.
—Sí.
—¿Sabías que iban a por él? —preguntó Airen.
—No. Si hubiera sabido que lo habían encontrado o dónde estaba, habría ido a buscarlo. Sabía que había un riesgo, no quién sería el siguiente ni cuándo iban a actuar.
—Y aun así nos dejaste fuera —dijo Kai.
—Sí. Si mis sospechas eran ciertas, Airen era el centro de todo. Quise confirmarlo antes de involucrarla en algo que la estaba buscando precisamente a ella. Me equivoqué.
—No te correspondía decidirlo.
—No.
Kai miró primero a Logan y después a Liam.
—¿Cuántos portadores más?
—No lo sabemos —respondió Logan—. Nadia y Erik son los únicos casos que podemos relacionar directamente. Hemos encontrado otros rastros, pero todavía no sabemos a quién pertenecen.
—Qué casualidad. Para lo importante nunca sabéis nada.
—Por eso no quería hablar hasta tener pruebas.
—Pues ya las tienes —dijo Airen—. ¿Por qué Erik tenía el símbolo Nahdir marcado en el pecho?
Logan tardó un momento en contestar.
—Porque lo que lo atacó utilizó ese símbolo para dejar una marca.
—Eso no explica cómo puede utilizarlo.
—No. Y no puedo explicártelo sin empezar mucho antes.
—¿Habías visto esa marca antes?
—Sí. Hace mucho tiempo, en otros portadores.
Kai lo miró con incredulidad.
—¿Y eso tampoco te pareció importante?
—No había vuelto a encontrar nada parecido. La desaparición de Nadia me hizo sospechar, pero hasta esta noche solo teníamos rumores y rastros que alguien se ocupaba de tapar. Erik es la primera confirmación.
Airen cerró los puños dentro de los bolsillos.
—Pues ya la tienes. Habla.
Logan miró un momento a Liam antes de responder.
—Se llaman Orath.
Al escuchar el nombre, Airen sintió un pulso breve e incómodo bajo las costillas.
Logan se dio cuenta.
—Su origen es anterior a los Nahdir y al sistema de deudas tal y como lo conocemos ahora.
—¿Son anteriores a las deudas? —preguntó Kai.
—No exactamente. Las deudas ya existían, pero no había reglas ni límites claros. Tampoco existían los portadores como los entendemos ahora.
—¿Qué son exactamente?
—No son como las manchas. No cargan con una deuda, no la transfieren ni la contienen.
—Entonces, ¿qué hacen?
Logan la miró directamente.
—Consumen a los portadores.
Airen tardó un momento en preguntar:
—¿Cómo?
—Primero se adhieren a lo que el portador lleva dentro: la deuda, la marca, el punto de unión. Después empiezan a ocupar su espacio y a vaciarlo.
Kai se pasó una mano por la boca.
—Joder.
—¿Y por qué seguía pulsando después de que Erik muriera? —preguntó Kai.
—Porque su muerte no detuvo lo que habían empezado —respondió Logan—. La marca seguía activa.
—¿Activa para qué?
—Para que encontráramos su cuerpo y supiéramos que habían vuelto. Lo que todavía no sé es qué más podían hacer a través de ella.
A Airen se le revolvió el estómago.
—No hables de él como si solo importara lo que llevaba.
—No era eso lo que quería decir.
—Erik era una persona. Nadia también. Y los que todavía no podéis nombrar, también.
—Lo sé. Siento no haber llegado a tiempo.
—Si llevaban tanto tiempo sin aparecer, ¿por qué han vuelto ahora? —preguntó Airen.
Logan la miró.
—Porque asentaste la primera deuda.
Sintió otro pulso.
—¿Qué tiene que ver eso?
—Al asentarla, hiciste que volviera a ocupar un lugar estable dentro del sistema.
—No sabía lo que estaba haciendo.
—No podías saberlo.
—Pero lo cuentas como si fuera culpa mía.
—No es culpa tuya.
Kai negó con la cabeza.
—No lo parece.
Logan volvió a mirar a Airen.
—La deuda que llevas es más antigua que cualquier otra marca que hayamos encontrado. Para los Orath es una llamada.
Pensó en Nadia, en Erik y en los rastros que Logan todavía no podía relacionar con ningún nombre.
—Entonces los portadores son el camino hacia mí.
No lo negó.
Airen dio un paso atrás. Nico quiso acercarse, pero ella levantó una mano y lo detuvo.
Kai caminó dos pasos hacia la puerta y se volvió hacia Logan.
—¿Desde cuándo sabías que podían volver?
—Desde que Airen asentó la primera deuda. Hasta que desapareció Nadia solo era una posibilidad. Después empezó a parecer real. Lo de Erik lo confirma.
—Y decidiste esperar —dijo Airen.
—Decidí buscar pruebas mientras intentaba mantenerte fuera de su alcance. Pensé que, si no te exponía antes de entender lo que ocurría, tendría alguna forma de protegerte.
—Erik ha muerto mientras tú buscabas pruebas.
Logan bajó la mirada un instante.
—Sí. Me equivoqué.
Kai dio un paso hacia él. Liam se adelantó lo justo para interponerse.
—Kai, no.
—No me digas lo que tengo que hacer.
Nico avanzó hasta quedar entre los dos.
—Esto no va a arreglar lo de Erik.
Kai lo miró, pero no avanzó más.
Airen seguía pendiente de Logan.
—¿Por qué no me lo dijiste cuando desapareció Nadia?
—Porque sabía que seguirías cualquier rastro hasta encontrarla, aunque te llevara directamente a ellos. No teníamos forma de protegerte y decidí por ti. No debí hacerlo.
—No vuelvas a hacerlo.
Logan no respondió de inmediato.
—No voy a prometerte que no intentaré protegerte. Sí puedo prometerte que no volveré a ocultarte una amenaza que te afecta.
Airen miró a Liam.
—¿Tú también lo sabías?
—Sabía que la desaparición de Nadia había hecho sospechar a Logan y que Erik estaba investigando. También sabía que habíamos perdido sus rastros. No sabía que lo habían encontrado ni que estaba en ese patio.
—Habéis tardado demasiado en contarlo.
—Sí —admitió Liam.
Airen volvió a mirar a Logan.
—Quiero ver todo lo que tenéis. Los nombres, los rastros y los lugares donde se cortaron.
—Te lo enseñaré. No está completo, pero no voy a ocultártelo.
Sintió otro pulso antes de que pudiera responder.
Entre las columnas del fondo distinguió una sombra más densa que las demás. No nacía de ningún objeto ni cambiaba con la luz.
Airen miró hacia allí. Nico siguió su mirada.
—¿Qué ves?
—No lo sé. Pero no es una mancha.
Logan se volvió hacia aquella oscuridad y dio un paso adelante.
—Logan, ¿qué más no nos has contado?
Él no respondió.
La sombra del fondo se replegó sobre sí misma.
Airen comprendió que no estaban solos.