Capítulo 41 - Solo un hombre #5
—Ella tiene razón —concuerda Karasuhito—.
Los demás no van a volver a verme. Por lo que a mí respecta, puedes decirles que he muerto hoy.
En parte lo he hecho. Un karasu-tengu ha muerto en este bosque, esa es la verdad.
El demonio ha muerto, deja que el hombre viva —le ruega.
No hay respuesta—. ¿Tanto te cuesta aceptar que la amo y que solo anhelo vivir a su lado?
Ahora yo también soy humano y ya no hay nada de malo en que estemos juntos.
Entierra a tu tengu aquí, digámonos adiós y déjame ir, por favor.
Ante su silencio, las chicas vuelven a cerrar filas por delante de nosotros, por si acaso. El silencio se vuelve insoportable, casi más molesto que un enjambre de bichos zumbando sin cesar.
Un suspiro resignado le pone fin a mi sufrimiento y el frío oro de los ojos de Sõjõbõ se convierte en miel fundida.
—En vista de todo lo que ha sucedido, de los errores que yo también he cometido —al oír eso, Meredith hace una leve inclinación de agradecimiento con la cabeza— y de que ya no formas parte de mi clan; supongo que podemos dar el asunto por zanjado.
—Gracias —sollozo, y las piernas finalmente me fallan. Me habría derrumbado si Karasuhito no me llega a sostener. Él también ha roto a llorar.
—Gracias, Sõjõbõ —dice él.
—No hay de qué —responde el otro con cierta incomodidad—. Mi trabajo aquí ha concluido, así que será mejor que regrese a casa cuanto antes.
—¡De eso nada! —interviene Meredith con una voz digna de un sargento del ejército—. Que no se te olvide que nos has torturado y nos debes una. Tú no te largas de aquí hasta que nos ayudes a deshacernos del cadáver, ¿entendido?
—Sí, señora —murmura el Águila.
Al final, las cuatro chicas sin poderes ni fuerza sobrehumana han logrado resolver la situación y salvar el día gracias a nuestro ingenio, nuestras agallas y nuestra memez. Y al calentón de Jenna, que no se nos olvide esa parte.
Aunque estamos todos exhaustos y medio muertos, nos pasamos la siguiente hora ideando un plan que no acabe con nuestros culos en prisión.
Lo más sencillo sería tirar el cadáver al Estrecho de Puget. Sin embargo, si Ethan desaparece de la faz de la tierra sin más, eso levantaría sospechas. Las sospechas seguramente me salpicarían a mí y no podemos tener a la policía merodeando hasta que no arreglemos la situación de Karasuhito.
Los conocimientos de Isa sobre medicina forense y cómo deshacerse de un cuerpo sin dejar evidencias (que según ella ha aprendido en las series de la tele y, por Dios , espero que sea así) nos son de mucha utilidad.
Y que se haya hecho prácticamente de noche también ayuda para lo que tenemos que hacer a continuación.
Una vez que Isa le recoloca el hombro, el tengu busca las llaves del coche de Ethan. Según el Águila, su difunto dueño lo ha dejado aparcado en un recodo del bosque cerca de donde nos encontramos.
También nos cuenta que todo el asunto del concurso era en teoría verdad, pero fue Ethan quien usó sus conocimientos sobre hackeo para meter el nombre de Jenna en la lista de participantes y amañar el sorteo para que ella fuese la ganadora, y así sacarnos de la ciudad y emboscarnos aquí.
Una vez que Sõjõbõ está listo y que Meredith le ha repetido ochenta veces lo que tiene que hacer hasta casi hacerlo llorar de la desesperación, él alza el vuelo, llevándose el cadáver de Ethan con él.
Tiene órdenes de meter el cuerpo en el coche, dejarlo en el asiento del conductor sin cinturón y luego empujar el coche por algún risco como ha hecho con nosotras. Eso explicará todos los golpes y huesos rotos.
Y luego tiene que tirar una cerilla dentro del depósito de combustible para que el coche arda y se lleve todos los restos de nuestros pelos, piel, sangre y demás sustancias (me trago una arcada) que puedan quedar sobre Ethan después de pelearnos.
Mientras aguardamos, Isa hace lo que puede por remendarnos con el botiquín que llevábamos para el viaje, en el cual fundamentalmente hay repelente de insectos por mi culpa. Según su criterio, los que peor estamos somos Jenna, Karasuhito y yo, luego Meredith y ella.
Francamente, creo que se ha puesto en último lugar no porque sea verdad, sino para que la dejemos ir de un lado para otro atendiéndonos. Y lo creo por la inmensa mancha de color óxido que recubre todo su costado.
Cuando Sõjõbõ regresa y nos aseguramos de que ha cumplido con todas sus tareas a la perfección, toca la parte más dura de la noche. Separarnos.
No podemos pedir ayuda mientras Karasuhito siga aquí porque no tiene documentos identificativos, ni seguro médico, ni nada de nada. Por no tener, no tiene ni zapatos.
Por eso, el Águila se llevará volando a Isa y a Karasuhito hasta Verlot para que ella pueda ir a la farmacia local, y luego los dejará en la cabaña que debíamos ocupar para que mi amiga pueda tratar en condiciones las heridas de ambos.
Después de que ellos se hayan ido, nosotras llamaremos a las autoridades y diremos que nos hemos salido de la carretera.
Con la promesa de volver a encontrarnos pronto y esta vez, para no separarnos más, le doy un beso al que era mi Cuervo y que ahora es solo un hombre, y lo veo alejarse en el aire con unas alas prestadas.