La maldita despedida de soltero 3 Se me va la cabeza
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3 Se me va la cabeza

Apoyé las manos en la pared del baño y él subió mi faldita mostrando mis generosas y carnosas nalgas desnudas, la braguita se había metido en medio y ya ni se notaba, todo lo que él veía eran mis dos enormes cachetes firmes y bien parados que tenía a su disposición para hace lo que quisiera con ellos.

- Vaya culazo tienes. – exclamó azotándomelo con la mano –

Noté una, dos, tres nalgadas seguidas y el calor que producían en mi suave y aterciopelada piel rosada.

Yo misma sujeté la falda en mi cintura y eché a un lado la braga ofreciéndole lo que solo mi novio había tenido hasta ahora.

- Corre, date prisa. – rogué muy sofocada -

Noté el glande de Carlos deslizándose por la raja y empujando hacia dentro, abriéndome los gajos para colarse en medio.

- Ea. Ya verás como te gusta, madrileña. – dijo con un golpe de cadera que hizo que su miembro entrara como un tiro hasta lo más recóndito de mi coño -

Me embistió una, dos, tres veces, ya no recuerdo cuantas, empotrándome la verga hasta el fondo de mi útero y haciéndome sentir que me llenaba toda por dentro.

- Ufff….Dame, joder….Ummm… dame duro. – rogué sin controlar mis actos ni mis palabras – Fóllame hasta que me corra.

El novio de la despedida de soltero sujetaba mis caderas y me lanzaba contra la pared del aseo sin misericordia alguna, rebotando en mis nalgas sin parar, como si fuera un frontón donde él era el único jugador.

¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! Sonaba su pelvis al impactar contra mis nalgas recias y desnudas.

Yo me sujetaba a la pared como podía y él me la metía una vez tras otra, follando mi coño como nadie lo había hecho hasta ahora en toda mi vida.

- Aayyyy …dame, dame más…. Dame máaasss – rogué sintiendo un placer descomunal que me impedía pensar en que traicionaba a mi novio en el inmundo aseo del pub -

No era porque su polla fuera más grande ni porque follara mejor que Mariano, era porque hacía algo prohibido, algo excitante que nublaba mi mente y mi raciocinio y que era incapaz de controlar de ninguna manera.

Me había enfadado con mi novio por una tontería y ahora me estaba entregando a un desconocido, le ofrecía algo que no debía, algo que me hacia convertirme en lo que odiaba y criticaba cuando hablaba con mis amigas.

Había pasado de ser una novia fiel y honesta a una cualquiera, a una de esas que salen los sábados por la noche y follan con el primero que pillan sin importarles sus esposos o sus parejas.

Cerré los ojos y preferí no pensar en nada, ya no había remedio.

Carlos me estaba follando y lo peor de todo es que me gustaba, disfrutaba cada vez que me arremetía y me penetraba haciéndome soltar verdaderas barbaridades por la boca.

- Date prisa, cabrón. – rogué al sentir por unos segundos un poco de culpa - ¡Fóllame rápido!

Deseaba acabar cuanto antes, disfrutar de este orgasmo y marcharme a casa para decirle a mi novio que le amaba, que era el hombre de mi vida y quería pasar todo el tiempo del mundo con él, que iba a ser la mejor esposa y madre y que no iba a arrepentirse nunca de casarse conmigo.

- Máaass…dame máaaass. Joder, fóllame rápido, termina de una puta vez.

Estaba a puntito de correrme, notaba que me llegaba el orgasmo cuando oí que aporreaban la puerta y me llevé un susto tremendo.

Me pareció que decían Malena, pero entre la música tan alta, los jadeos de Carlos y los míos, y las copas que llevaba encima, no escuché bien la voz de quien fuese que estuviese afuera pidiendo que abriésemos la puerta.

Entonces me di cuenta que estaba poniendo los cuernos a mi novio, que me estaba comportando como una puta a escasos meses de mi matrimonio.

- ¡SÁCALA! - chillé despavorida – DEJA DE FOLLARME. ¡COÑO!

Empujé a Carlos hacia atrás para que sacase su verga de mi coño y me coloqué la braguita y la falda a toda prisa.

Después me miré en el espejo, tenía el rímel corrido y la pintura de labios brillaba por su ausencia. Me arreglé como pude y salí a toda prisa para que nadie notara mi ausencia.

Ya no se escuchaban los golpes, quien estuviese afuera se había marchado al ver que no abríamos la puerta.

Fui hacia la barra y pregunté a los chicos si habían visto quién era. Unos negaron con la cabeza y otros dijeron que no habían visto a nadie, que ellos solo estaban bailando.

Miré por todas partes pero no vi a ninguno de mis conocidos, nadie en el pub era amigo de Mariano ni tampoco amigo mío.

Carlos se acercó a mí y llevaba cara de enfado, seguramente porque se había quedado a medias, no había conseguido correrse en mi coño cuando estaba a punto de hacerlo.

Vi que uno de sus amigos le decía algo y él abría los ojos como si estuviese asustado, a continuación salieron a la puerta y poco después regresaron.

- Otra copa. – exclamó el amigo mirándome a los ojos – Ésta la paga el novio, es su última juerga de soltero.

Si hubiese sido sensata me hubiese ido a mi casa, hubiese salido de allí para buscar a Mariano, pero esta maldita noche iba de cagada en cagada y una vez más tomé la decisión inapropiada.

Acepté la copa y miré el móvil enseguida, vi el doble check en azul y supe que mi chico lo había leído.

¿Por qué no contestaba? Me pregunté preocupada.

Comprobé que estaba en línea y mandé otro mensaje para que lo leyera y viniera a buscarme enseguida.

“¿Dónde estás? Mi amor. Ven a buscarme al pub, te quiero muchísimo”

El doble check se puso en azul y vi que respondía.

Sonreí al ver que lo había leído y ahora me contestaba, esperé unos segundos y el mensaje que entró me dejó de piedra, me puse pálida, me dio un mareo y tuve que agarrarme a Carlos y a su amigo para no caerme al suelo.

“Sigue divirtiéndote con tus amigos nuevos, hoy no quiero verte, ya hablaré mañana contigo”

Me sentaron en una silla, me dieron agua y Carlos me estuvo abrazando con cariño hasta que me repuse del todo.

- Tengo que ir a casa, tengo que hablar con mi novio. – dije llorando y enseñado el móvil a Carlos –

Vi que miraba el mensaje y fruncía el ceño, después miró a su amigo negando con la cabeza, resopló y me dijo con tono calmo.

- No te preocupes, hoy está enfadado pero mañana se le habrá pasado. seguro.

- NO. – respondí preocupada – Tengo que verle ahora, necesito pedirle perdón por mi comportamiento.

Carlos intentó tranquilizarme, me dijo que nos tomábamos la última copa que habían pedido y a continuación me acompañaban a casa para que no fuese sola, que si era necesario ellos subían al piso para pedir disculpas a Mariano y decirle que no había pasado nada entre nosotros.

Ellos prosiguieron con la bromas vacilando a los clientes y a todas las chicas que entraban al pub, aunque a mí después de un rato ya no me parecían tan graciosas como al principio, incluso me resultaban pesadas de tanto que las repetían.

Bebí la copa que tenía y uno de los muchachos se puso a bailar conmigo, me pasaron de uno a otro bailando salsa, bachata y todo lo que pinchadiscos quiso.

Cada uno que me cogía me sobaba la espalda, las nalgas y hasta alguno llegó a tocarme las tetas sin ningún disimulo, pero yo estaba metida en la fiesta, lo estaba pasando muy bien y había olvidado el mensaje y el enfado de Mariano.

Solo quería disfrutar de la noche, hacer algo que no había hecho nunca y no valoré en su justa medida lo que podía perder con mi actitud egoísta.

Quizá las palabras de Carlos habían calado en mi mente más de lo que debían y pensé que mañana sería otro día, que con hablar con Mariano y pedirle disculpas todo se solucionaría.

Solo tendría que disculparme por el piquito que él había visto, de lo ocurrido en el taxi o en el baño no sabía nada y nunca se enteraría.

Mi chico era un amor, siempre me demostraba cariño, era muy generoso, y cuando raramente discutíamos, siempre me daba la razón para solucionar los problemas y terminar echando el polvo de reconciliación.

Sí, eso ocurriría mañana, le pediría disculpas y luego follaríamos como si se acabase le mundo. Sería un polvo perfecto, haría todo lo que me pidiese sin oponerme a nada, cualquier cosa que Mariano quisiese la haría.

Cuando iban a cerrar el pub, Carlos me dijo que si iba ahora a casa, mi novio se daría cuenta de que iba un poco bebida y eso le sentaría mal, es más, podríamos discutir y perder los papeles diciendo cosas que no debíamos, que era mejor que durmiese en otro sitio y mañana hablase con él en frío, cuando los dos estuviésemos más tranquilos.

Me pareció razonable y respondí que solo podía ir a casa de mis padres, pero que no tenía llaves y ellos estaban dormidos.

- Podemos hacer una cosa. – dijo como si elucubrase en su mente una solución perfecta – Nosotros tenemos camas de sobra en el hostal donde nos alojamos.

- SI, YA. – respondí negando con la cabeza –

- Jo, madrileña, no seas así. – contestó haciéndose el ofendido – Duermes sola en una y te prometo que te dejamos tranquila.

- Jajaja. ¿Te crees que soy tonta o qué? – pregunté con ironía –

Carlos se encogió de hombros y respondió con firmeza.

- No va a pasar nada que tú no quieras, eso te lo prometo.

Me quedé dubitativa, lo cierto es que si volvía a casa iba a tener una bronca con Mariano y podíamos decirnos cosas muy fuertes de las que luego nos arrepentiríamos.

No me gustaba la idea de ir a dormir al hostal con los chicos de la despedida, pero Carlos me había prometido que no iban a intentar nada y con eso me valía.

Ahora tenía que buscar una excusa para justificar a mi novio que había dormido fuera.

Solo se me ocurrió una cosa, decirle que me había encontrado a una amiga de la facultad, y que como estaba enfadada con él por el mensaje maleducado que me había enviado, me había ido a casa con ella.

La mejor defensa es un ataque, así que esa iba a ser mi actitud con Mariano cuando le viera, echarle la culpa por dejarme sola primero y por no querer ir a buscarme al pub cuando le pedí que lo hiciera.

- Voy con vosotros. – dije a Carlos hablándole muy seria – Pero ni se os ocurra pasaros conmigo. ¿Prometido?

- Prometido. – respondió él con una sonrisa de oreja a oreja –

Cogimos un taxi y nos montamos igual que habíamos venido, Carlos en la parte de atrás conmigo en medio y al otro lado su amigo.

El coche comenzó a circular y al igual que antes pasó el brazo por mi hombro y lo dejó caer sobre mi pecho.

- No te pases. – dije poniéndole límites claros desde el principio –

Pero entre acelerones, frenazos y giros, la mano cayó sobre mis tetas y ya no la quitó, comenzó a acariciarme muy suave por encima de la blusa, rozando mis pezones con las yemas de los dedos.

Apoyó la cara en mi hombro y comenzó a besarme en el cuello, pasando la lengua despacio y haciéndome chupetones cariñosos.

Debería haber sido sensata y apartarle con una guantada en la cara que lo sacase del coche por la ventanilla. Pero se sentía tan bien, sus caricias eran tan deliciosas y agradables, que me recliné en el asiento dejándole hacer como antes.

Su mano se metió bajo la blusa y acarició mi pecho indefenso, manoseó mis tetas a placer y desabrochó los botones sin que me diera cuenta. Tiró de la blusa a los lados y mis dos tetas emergieron al frente mostrándose firmes y erguidas ante la vista del conductor y de su amigo.

Carlos se inclinó y se metió una en la boca, lamió el contorno despacio, recreándose al hacerlo, y succionó el pezón envolviéndolo con los labios.

- Ummmm. – comencé a gemir reclinándome en el asiento -

Miré hacia delante y vi que el chofer nos miraba a través del espejo.

Quise decir a Carlos que parase, que me daba mucha vergüenza, pero era tal el placer que sentía, que me abandoné a mis deseos y permití que el conductor y el amigo viesen como lo hacía.

Se había nublado mi razón y solo quería que me tocase, me daba igual quien me viera, quien estuviera delante en ese momento, los labios de Carlos mordían mis pezones y me hacía gemir y dar pequeños saltitos en el asiento.

- Échate un poquito hacia delante. – oí que susurraban en mi oído -

Me deslicé como pedía y abrí las piernas ofreciéndole lo que pertenecía solo a mi novio y nunca debería haberle ofrecido.

Carlos metió la mano bajo la falda y la subió hasta tocar mi vulva por encima de la suave telilla de la braguita negra, di un bote en el auto y solté un fuerte gemido.

- Aaahhhh.

- Shhhh. Así, madrileña. – susurró muy quedo – Relájate y abre las piernas.

Sus dedos apartaron la pequeña braguita y exploraron mi empapado coño a conciencia, deslizándolos primero por la raja y penetrando después entre los gajos hasta hundirlos por completo.

Vi como miraba a su amigo y sonreía, pero no pude negarme, ya estaba entregada a él sin remedio.

Estaba muy excitada y no era consciente de mis actos, su amigo giró mi cara hacia su lado y se puso a morrearse conmigo.

Intenté apartarme pero no pude, él sujetaba mi cara con fuerza y su lengua se metió en mi boca al tiempo que yo hacía lo mismo con la mía.

Carlos masturbaba mi clítoris con los dedos y Roberto me follaba la boca con la lengua y ambos sobaban con saña mis tetas ante la mirada incrédula del excitado conductor.

Mi sofoco era tal, que no me di cuenta que el taxista había parado para ver en primer plano la escena.

- Ummm… queee….que siga…Ummm…que siga. – pedí con los ojos entreabiertos –

El chófer arrancó de nuevo pero transitando muy despacio para mirar lo que me hacían a través del espejo.

Iba casi tumbada, Roberto continuaba besándome y amasando mis tetas y Carlos me metía los dedos tan adentro que golpeaba mi vulva con la palma cada vez que arremetía con ellos.

- Aaaahhhh….. Despaciooo… Ummm..… despaciooo. - rogué al ver la intensidad con que lo hacían -

Debía tener la vulva roja de tantos golpes que me daban, notaba los pezones escocidos, si seguían así iban a dejar marcas que mañana no podría esconder a mi novio.

- Abre la boca. – ordenó Roberto de pronto –

Lo hice de forma automática, sin percatarme que obedecía.

El chico sacó su verga del pantalón y la acercó a mis labios sin que me diera cuenta. Me golpeó con ella y yo los abrí recibiéndola en mi boca, envolviendo su glande con los labios y lamiéndolo con la lengua.

Me puse a chupar esa polla como una posesa, moviendo la cabeza sin control para tragármela todo lo que podía.

Yo mamaba la polla de Roberto y Carlos me follaba el coño con los dedos.

- Jodeeeeeer…. jodeeeeeer. – me estremecí de repente al notar que me corría -

Carlos embutió los dedos hasta el fondo y con la otra mano masajeó mi clítoris con energía, mi orgasmo se multiplicó por cuatro y grité en el coche sin quererlo.

- AAHAHHHH….ME CORROOOO…DIOOOS…ME CORROOOO. – chillé sin importarme una mierda quien me oyera -

- Asíiii, asíiii. – susurró Carlos en mi oído – Córrete para nosotros, córrete para que veamos lo putita que es la madrileña.