2 Buscando a mi novio
Me puse a llorar como una boba, habíamos salido para una cena romántica, a charlar sobre los detalles de la boda, y yo me había comportado como una colegiala estúpida, la había cagado de la forma más tonta y mi novio me había dejado sola.
¿Por qué tenía que haber reído las gracias de esos payasos? ¿Por qué me había hecho la foto con ellos estando con mi novio? Y sobre todo. ¿Por qué había permitido que me diera un beso en los labios un extraño?
Lloraba sin parar esperando poder arreglarlo de alguna forma, al fin y al cabo solo había sido una tontería, un piquito sin importancia.
O al menos eso pensaba yo.
Seguramente a Mariano se le pasaría pronto, él me quería tanto como yo a él, no podíamos vivir el uno sin el otro porque éramos dos almas gemelas.
Si lo perdiese por esto no me lo perdonaría nunca, estaba completamente enamorada de él y era el hombre de mi vida.
En ese instante noté un brazo que me cogía por el hombro y me giré pensando que era Mariano que había dado la vuelta para buscarme y llevarme consigo.
Pero en vez de él, me encontré con el novio de la despedida que me apretaba contra su pecho.
- No pasa nada. – susurró en mi oído – Si sabes dónde ha ido tu novio te acompañamos a buscarlo.
No sé por qué pero me sentí reconfortada, no eran tan malos como Mariano decía, estaban dispuestos a ayudarme para encontrar a él y que hiciésemos las paces para no romper la relación.
Me imaginé que iría al pub donde se reúnen sus amigos, no estaba demasiado lejos pero había que coger un taxi para llegar pronto, antes de que las cosas se enquistaran y Mariano se pusiera más duro.
Además, si se lo contaba a sus amigos. ¿Qué dirían ellos? Siempre nos habíamos llevado bien, pero ahora podrían influir con sus opiniones para que no me perdonase.
Paramos un taxi y nos montamos tres adentro, el novio en un lado, un chico al otro y yo entre ellos en el centro.
El novio pasó la mano por mi hombro y así fue durante todo el trayecto, acariciando mi cuello y mi hombro y masajeándome la oreja.
Por un lado me resultaba incómodo pero por otro no, realmente no se estaba pasando conmigo, solo lo hacía por calmarme, por quitarme esa tensión que tenía.
- No llores, tonta. – susurraba a cada instante – Ya verás como se le pasa, solo ha sido un arrebato tonto motivado por los celos.
El hablaba muy despacio y acariciaba mi lóbulo de la oreja.
Debería haberle parado, pero se sentían bien esas caricias que me hacía.
Dejé de pensar en lo que había hecho y pensé que todo iba a remediarse en cuanto llegara y me encontrara con mi novio y sus amigos.
Iba a llorar un poco, a echar unas lagrimitas de cocodrilo, y Mariano caería ante mí sin dudarlo, me quería tanto que no podía verme triste y enseguida se ablandaría.
Seguíamos en el coche y el novio, que se llamaba Carlos, me giró con suavidad la cabeza enfrentándola con la suya.
- No ha sido más que un simple beso. – dijo volviendo a darme un pico – Eso no es infidelidad, es solo una tontería.
Su lengua abrió mis labios y se metió para dentro, buscando desesperadamente la mía.
No sé qué me ocurrió, pero me estremecí de los pies a la cabeza y me recliné obediente en el asiento, respondiendo a ese beso traicionero, metiendo mi lengua en su boca y devorándonos los dos como si nos fuera la vida en ello.
No era un beso de amor, era un morreo soez, uno de esos que se ven en las películas porno, él apretaba mi boca contra sus labios y metía la lengua profundamente hasta el fondo.
Y yo, tonta de mi, respondía de la misma manera, devorando su boca como si en vez de besar a un extraño estuviese besando a mi novio.
Notaba un enorme sofoco en mi pecho, no podía ver mis pezones pero debían marcarse en la tela.
Su amigo nos miraba y no decía nada, tan solo sonreía.
Estábamos llegando al pub y yo me debatía entre la fidelidad y la culpa, por un lado quería llegar cuanto antes para lanzarme a los brazos de mi novio y pedirle perdón por lo que había hecho.
Pero por otro, ese beso me estaba sofocando, notaba como crecía en mí una calentura que nunca había sentido, ni siquiera cuando Mariano me besaba haciendo el amor en nuestra cama matrimonial en los mejores momentos de pareja.
De pronto sentí unos dedos sobre mis pechos, rozando mi blusa por fuera, abriendo las solapas y desabrochando los botones uno a uno.
Miré hacia abajo y vi la mano de Carlos, era él quien los soltaba muy despacio, abriendo la blusa al mismo tiempo.
Quise parar, decirle que esa era una línea roja que no estaba dispuesta a cruzar, pero su mano se metió bajo la tela y acarició con dulzura mis pequeños pezoncitos haciéndome jadear de gusto.
- Ummmm…..nooo…no puedo. – protesté a duras penas -
- Shhhh. – musitó Carlos mordiendo suavemente mis labios con sus dientes blanquecinos – Déjate llevar, solo nos divertimos un poco y luego regresas con tu novio. Como si no hubiera pasado nada, él nunca se va a enterar de lo que hagamos si tú no se lo cuentas.
Pellizcó ligeramente mis pezones y di un salto en el interior del coche.
- Nooo….Ummm….no debemos. - jadeé deslizándome indefensa en el asiento -
Una mano se metió bajo la falda y acarició mis muslos por dentro, muy suavemente, subiendo poco a poco en dirección a la braga que notaba completamente empapada y muy pegada a la vulva.
- NOOO. – chillé retomando el control que había perdido – Nos paramos ahora mismo.
El taxista paró el coche y continuamos caminando en dirección al pub que estaba a la vuelta de la esquina.
Durante el trayecto, mil ideas se agolpaban en mi cabeza, las palabras de Carlos “Eso no es infidelidad, es solo una tontería” “Déjate llevar, solo nos divertimos un poco y luego regresas con tu novio” “Como si no hubiera pasado nada, él nunca se va a enterar de lo que hagamos sin tú no se lo cuentas”, y también las de mis amigas “Antes de casarte tienes que follar con otro para poder comparar, para saber si lo que te vas a llevar a la cama toda la vida es bueno, malo o mejor”.
Estaba sofocada, nerviosa, pero aún no queriendo, los besos de Carlos me habían excitado, sus caricias en mis pechos me habían hecho perder la razón por breves momentos y hubiese podido hacer algo no permitido.
Al final llegamos al pub donde iba siempre con Mariano, y cuando abrimos la puerta miré en todas las direcciones, le busqué a él o a sus amigos en la barra o en los asientos, pero allí no había nadie conocido.
- Nos tomamos una copa y esperamos aquí a tu novio. – propuso Carlos al ver mi cara de desconcierto -
No dije ni sí, ni no, pero su amigo pidió tres copas y él se quedó conmigo, me dijo que sentía lo que había pasado tanto en la terraza como en el taxi y que se quedaban en el pub hasta que llegara Mariano porque también ellos querían pedirle disculpas por habernos jodido la noche.
- Todo ha sido un malentendido. – dijo excusándose y pareciendo compungido – No sabíamos que fuera tu novio, pensábamos que tan solo era un amigo.
- Jo. – dije con lágrimas en los ojos – Llevamos seis años juntos y vamos a casarnos, espero que me perdone y lo arreglemos enseguida.
Carlos me estrechó entre sus brazos y volví a tener esa sensación de que me protegía, de que no era mala persona y solo buscaba consolarme hasta que llegara mi novio.
Tomamos las copas y al instante llegaron sus otros amigos, ahora ya estaba junto todo el grupo de la despedida de soltero.
Volvieron a lo mismo de antes, las bromas, las fotos, vacilar a todas las chicas que había dentro del pub, y lo cierto es que eran muy graciosos y toda la gente se reía.
Me encontraba tan a gusto entre ellos que por un momento me olvidé de mi novio, no me di cuenta que había ido allí buscando a Mariano y éste no venía.
Eran los típicos andaluces salados, graciosos, vacilones y divertidos.
Hacía mucho tiempo que no me reía tanto y eso hizo que perdiera el control de mis actos y me olvidara del motivo de mi salida.
La cena romántica, los temas de la boda y la noche que tenía planeada dar a mi novio al volver a casa, habían pasado a segundo plano, y lo único que hacía era bailar con ellos, pasaba de los brazos de uno a otro y no paraba de reírme de sus gracias y de los piropos que me decían.
- Vaya culito tiene la madrileña. – exclamó Carlos a sus amigos –
- Oléeee. – chilló uno de ellos – Vaya culito más lindo, ya me gustaría probarlo aunque solo fuera un poquillo.
Yo me reí como una tonta, y en vez de cortar por lo sano, eché el culo hacia afuera para que vieran mis nalgadas marcadas en la escasa tela de la minifalda.
Noté una mano acariciando mi nalga pero fingí que no me daba cuenta, estábamos pasándolo bien, a estas alturas ya éramos buenos amigos, di un trago a mi copa y les dije que iba un momento al servicio.
Cuando caminaba hacia el aseo me di cuenta que Mariano se había marchado dejándome sola con ellos, por un lado sentí culpa y remordimiento y por otro un fuerte cabreo.
Si era un día tan importante para nosotros, si teníamos que ultimar los detalles de la boda. ¿Por qué me había dejado tirada como si fuese un trasto viejo? Eso fue lo que pensé para mis adentros.
Y tan solo había sido por hacerme una foto con ellos.
Pero en ningún momento pensé que me había visto besándome con Carlos y decir que podía vernos mi novio, eso lo había pasado por alto y ahora le echaba la culpa por macharse con sus amigos.
Era la forma de justificarme, de liberarme del peso por besar al novio de la despedida y por dejar que me tocara las tetas y los muslos durante el trayecto.
Aún así, entré en el baño y llamé a Mariano con el móvil, quería preguntarle si iba a venir pronto para esperarle o si estaba en otro sitio. El teléfono sonó varias veces pero no respondió a la llamada y apareció el buzón de voz para que dejase un mensaje.
- Hola mi amor. – dije casi con miedo – Estoy en el pub de siempre, he venido a buscarte pero no doy contigo. ¿Vas a venir a buscarme o voy a casa y te espero?
Esperé unos segundos y entonces me llegaron los remordimientos, me di cuenta de mi error y la culpa me pesó como una losa, lo que había hecho no tenía nombre era una infidelidad en toda regla.
Si yo amaba a mi novio con locura, si llevábamos seis años juntos y nunca discutíamos, si nuestra vida sexual iba como un tiro. ¿Por qué me había dejado besar y tocar por ese desconocido?
Me puse a llorar sin consuelo y mandé un mensaje a Mariano pidiéndole disculpas.
“Lo siento mi amor, perdóname por ser tan tonta, te quiero muchísimo y necesito estar contigo”
Apareció el doble check en gris pero ni siquiera lo miró.
Esperé unos minutos sentada en el interior del baño esperando que lo leyera, que me dijese que me amaba y venía corriendo a buscarme para pasar el resto de la noche juntos.
Pero no leía el mensaje, no respondía de ninguna forma.
Tuve un arrebato de furia, si tanto me quería. ¿Por qué no contestaba a las llamadas ni leía los mensajes que yo enviaba pidiéndole disculpas?
No se preocupaba de mí, no le importaba lo más mínimo lo que estuviera haciendo ahora con los chicos de la despedida o con otros que encontrara por el pub.
Salí del aseo de señoras y me encontré en la puerta con Carlos esperando, me cogió de la mano y tiró de mí hacia dentro, metiéndome en el aseo de nuevo.
No me dio tiempo a negarme, antes de decir nada, me estaba besando otra vez con la misma intensidad que en el taxi, devorándome la boca con un ansia desmedida y penetrando con su lengua hasta lo más profundo de la mía.
Me apoyó contra la pared y dio un tirón de la blusa dejando mis dos pechitos al aire.
Me miró con cara de vicio, humedeciéndose los labios, después bajó la vista a mis pechos y los miró con deseo, se inclinó hacia delante y se metió uno en la boca, lamiendo la areola y envolviendo el pezón con los labios para chuparlo como loco.
- Vaya tetitas tienes…. Ummmm…. te la voy a comer todas.
- Ummmmm……Muérdelas, muérdelas, corre. – gemí sujetándole del pelo –
Se metió el pezón en la boca y lo mordió tensándolo hacia afuera, estirándolo tanto que parecía que iba a arrancármelo del pecho.
- Aaahhhh…. Asíiiii. – jadeé con un placer extremo -
Carlos metió la mano bajo mi falda, no se molestó en perder tiempo y palpó mi vulva por encima de la braguita mojada, esa que me había puesto con toda la ilusión del mundo para enseñársela a mi novio cuando regresáramos a casa después de la cena.
Apretó los dedos en mi coño y pasó uno de ellos por el centro abriéndome la raja, separando mis labios vaginales para prepararlos por si tenía que meter otra cosa dentro.
- AAAHHHH. – gemí ofreciéndome y arqueando las piernas para que me tocara a su antojo -
Deslizó la lengua por el contorno de mis tetas y me dio mordisquitos en los pezones cambiando de uno a otro, primero con suavidad y después con más fuerza.
- Dios…Diooooooos. - gemí cuando me temblaban tanto las piernas que creí que iba a caerme al suelo -
Empecé a estremecerme, a comportarme como una adolescente, como si fuera una aventura en el colegio o en la universidad cuando tenía diez años menos que ahora.
Me lancé sobre su boca y la devoré con pasión, Carlos ya había apartado la telilla de la braga y acariciaba mi coño con las yemas de los dedos, recorriéndolo mi rajita de lado a lado y apretando mi vulva con la palma de cuando en cuando.
¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! Oí su mano chapoteando repetidas veces en mi sexo.
- Ummmmmm…. Aaaaasíiiiii, asíiiii. – jadeé como una perra -
Mis flujos se deslizaban por mis mulos mostrando a todas luces lo caliente que estaba y Carlos ya se había dado cuenta.
Se separó un poco y me miró a los ojos tanteando el terreno, pensando si era el momento de dar el paso o si aún debería esperar un poco.
Vio mis ojos en blanco, mi lengua humedeciendo mis labios y mis pezones rosados erectos mirando hacia el techo.
Sonrió con suficiencia, era un lobo fingiendo ser cordero, una hiena que tenía un corderito en sus manos al que iba a dar el mordisco final en el cuello.
- Date la vuelta y te la meto. – susurró Carlos al tiempo que me giraba poniéndome contra la pared del sórdido y sucio aseo del Pub donde iba con mi novio a menudo a pasar el tiempo -