1 El maldito grupo de la despedida #2
Llegamos a una terraza en el centro, cerca de la puerta del sol, y pedimos unas cañas y unas raciones, comenzamos a charlar de la ceremonia, de las cosas que nos faltaban por pagar, de la distribución de las mesas de invitados y de algún que otro detalle.
Eran los flecos que faltaban, algunas bagatelas casi sin importancia pero en las que teníamos que ponernos de acuerdo para que no hubiera problemas el día de la ceremonia.
Así estuvimos un buen rato en el que yo no dejaba de mirar a mi chico completamente embelesada, era el amor de mi vida y daría todo por él.
Aún así, recordé las palabras que me repetían mis amigas de forma constante, antes de casarte tienes que follar con otro para poder comparar, para saber si lo que te vas a llevar a la cama toda la vida es bueno, malo o mejor.
¡Una mierda! - pensé para mí – Antes de salir de casa me había echado un polvazo de la leche, había conseguido que me corriese como una perra e incluso que me temblasen las piernas.
¿Para qué coño necesitaba probar con otro teniendo un semental como el mío?
En ese instante oímos voces y gritos y nos dimos la vuelta para mirar quienes eran los que estaban montando un escándalo tan molesto.
Eran un grupo de chicos jóvenes y se sentaron justo a nuestro lado, uno venía disfrazado y los otros le gastaban bromas vacilándole todo el rato.
Por el acento se notaba que era una despedida de soltero de un muchacho de Andalucía.
No paraban de hacer ruido, de chillar, de decir cosas a todas las chicas que pasaban por la calle, la verdad es que me parecieron graciosos y me giré varias veces para mirarlos pero sin ninguna intención.
Ellos me vieron y me lanzaron un piropo a pesar de estar sentada con mi novio justo enfrente, pero sin faltarme al respeto ni nada, solo una tontería graciosa sin la mayor importancia.
Yo me giré y sonreí la broma sin darme cuenta que a Mariano podía molestarle.
Eso debió animarles porque de vez en cuando decían cosas que sin duda iban dirigidas a mí, la bonita sonrisa que tenía, lo bien que me quedaba la falda. Vamos, chorradas que escuchaba pero ni me daba por aludida ni tampoco me molestaban.
Me hizo mucha gracia y me giré otra vez sonriéndoles, pero cuando miré a Mariano vi que apretaba los puños y tenía cara de enfado.
- No te enfades, amor. – pedí acariciándole la mejilla con el dorso de la mano – Son solo tonterías sin importancia.
Pero el rictus de su cara dejaba claro que las bromitas que estaba soltando esos chicos no le gustaban, y menos al ver que la mayoría de ellas iban dirigidas a mí.
- Estamos hablando de nuestra boda, deja de tontear con esos tíos. ¡Joder! – respondió muy enfadado – Que a ellos les importas una mierda, han venido a Madrid a pasar el rato, y si pueden, a follarse a la primera tía que vean.
Su respuesta me sentó como un tiro, no estaba haciendo lo que Mariano decía, solo me hacían gracia y los miraba como espectadora, no para provocarlos ni para seguirles el rollo como él decía.
- Eres un poco tóxico y estás poniéndote un poco pesado. – respondí con ironía – Y con este cuerpo que tengo, podría ligármelos cuando me diera la gana.
Mariano no respondió y yo me puse seria, él no quería entrar al trapo pero a mí si me apetecía, me sentía indignada por sus palabras y necesitaba molestarle de alguna manera.
Pasados unos minutos me levanté para ir al baño, y al volver, ellos silbaron al verme pasar con esa faldita tan corta y ajustada que se adaptaba como una segunda piel a mi redondeado culo.
Mariano se levantó de la silla pero yo le pedí que se calmara.
- Jo, amor. No te enfades. - rogué sujetándole del brazo con fuerza –
- Ya está bien, joder. – chilló en voz alta mirándolos a ellos –
Pero al sentarme volví a girarme de nuevo y ellos aplaudieron.
- Esa chica, esa chica. ¡Eh! – gritaron a coro desde la mesa –
No pude evitar reírme y mi novio se levantó de la silla entrando en el bar como un huracán y dejándome sola en la mesa.
Los chicos comenzaron a silbarme, a decirme un montón de tonterías, y yo no pude evitarlo y volví a reír como una tonta.
Uno de ellos se acercó y me pidió que les hiciera una foto dándome un móvil.
Me puse de pie y ellos actuaron de forma graciosa, cambiando varias veces de sitio y haciendo poses de lo más ocurrentes y divertidas.
Después se levantaron y me rodearon entre todos entregando el móvil al camarero.
- Haznos una foto con esta Madrileña tan guapa. – dijo el novio pasando la mano por mi cintura atrayéndome hacia él -
El camarero lanzó varias fotos mientras ellos se cambiaban de posición, todos menos el novio que continuaba a mi lado pegándose a mi cuerpo con insistencia.
Debería haberle apartado, decirle que Mariano era mi pareja y que eso no estaba bien, pero ellos gastaban bromas, estaban de juerga y no quería parecer una aguafiestas que quería joderles el rollo.
En un momento dado, el novio giró mi cara y me dio un pico en la boca, noté su lengua abriendo mis labios y dejé que buscase la mía, me quedé paralizada y fueron escasamente tres segundos, pero noté que me sofocaba y en mi pequeñita braguita la tela se mojaba.
- Déjame, coño. – chillé intentando apartarle de mi – Que tengo novio y nos puede ver.
Acabé la frase y me di cuenta de mi error, no lo había dicho porque estaba mal lo que hacía, no le había dado una bofetada por su atrevimiento, tan solo había dicho que Mariano podía ver como nos besábamos los dos.
En ese instante tuve una sensación extraña y miré a la puerta del bar.
Vi a Mariano allí parado, mirándome a los ojos de forma fría, observando en silencio como me besaba con aquel extraño que no conocía de nada.
Me acerqué deprisa, fui corriendo para darle una explicación, pero Mariano puso la mano delante para que no me pegara a él, manteniendo las distancias y rechazando que me lanzase a su cuello para abrazarle como yo quería.
- Puedes seguir besándole a él, por mi no te preocupes. – dijo y se dio la vuelta alejándose de mi –
- Pero, amor. – grité a la desesperada – No ha sido nada, era solo que….
- Malena, te he escuchado perfectamente. – dijo sin siquiera girarse - El problema no es que un extraño te bese, el problema es que yo pueda verte.
- Jo. Mariano, no te enfades, porfa. – pedí con lágrimas en los ojos – Ha sido solo una tontería, no quería decir eso, quería que parase, pero...
- Shhh. No te preocupes por mí. – dijo mientras se alejaba acelerando el paso y dejándome atrás - Yo ya no voy a verte, puedes quedarte con ese tonto del culo y con los payasos de sus amigos, puedes besarlos a todos si te apetece, yo me voy a otro sitio donde esté más a gusto, por ejemplo a tomar una copa con mis amigos.
- Espera, mi amor. – grité desesperada – Vuelvo a por el bolso y me voy contigo.
Fui corriendo a la mesa, cogí el bolso deprisa, y cuando me di la vuelta, Mariano ya no estaba, se había montado en un taxi y se había marchado dejándome tirada en el bar sola y entristecida.