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– ¿ D ónde se supone que vamos a dormir? —pregunta Daisy a los inquisidores, que se alinean a los bordes de la sala. Me sorprende que todavía piense que les importa.
La caja cobriza cobra vida en respuesta.
—Como os ha resumido el comandante Salvis, ahora hay provisiones esparcidas por el monasterio.
—Es la prelada—. Hay suficientes provisiones para alrededor de cinco suplicantes como para vivir muy desahogados hasta la próxima prueba.
O suficientes para que quince suplicantes se mantengan sin problemas.
O… si todos quisierais compartir las provisiones de manera equitativa y racionarlas bien, para que todos los suplicantes sobrevivan al menos.
—Para que todos sobrevivamos al menos —dice Lucan escéptico—. Lo dicen como si no fuera un hecho.
—Después de los últimos… —Hago una pausa para pensar—. ¿En qué día estamos? ¿Dieciocho días?
—Diecisiete, ¿creo? —me corrige Saipha, pero ella tampoco suena segura. El tiempo se volvió borroso en las profundidades del hambre.
—En cualquier caso dudo que sea suficiente para los tres o cuatro días que nos quedan.
Sobre todo con lo débiles que estamos todos.
—Se me ocurre que los restos de la despensa que conseguimos acumular siguen en la habitación de Saipha.
La cual ahora está bloqueada. Me pregunto si la encontrarán escondida en la caja fuerte.
Doy por hecho que sí…, lo que significa que van a averiguar que tenemos una forma de entrar a las cocinas, así que dudo que seamos capaces de acceder por ahí de nuevo.
Los otros suplicantes ya se están empezando a lanzar miradas recelosas y sospechosas los unos a los otros.
Una animosidad total está llenando el aire como el aroma agrio del ácido de dragón verde.
Primero, nos arrebataron nuestra seguridad al obligarnos a ganarnos las llaves de las habitaciones.
Después, nos quitaron la comida. Ahora parece que nos van a quitar las dos cosas después de una sola comida decente, y no puedo evitar preguntarme por qué se están centrando tanto en nuestros recursos.
El Credo enseña que los malditos por el dragón son aquellos más susceptibles a la Sombra de Éter y que el dragón se manifiesta cuando se acumula la suficiente Sombra de Éter en el cuerpo de alguien como para provocar la transformación.
Según su lógica, las fosas de quebranto tenían sentido: nos exponen a la Sombra de Éter para ver si alguien alcanza el punto de saturación.
Puedo encontrarle el sentido a por qué nos llevaron a la Pila, para ver si la Sombra de Éter se rebelaba y se exponía como un mecanismo protector contra la Luz de Éter.
Protector . Si piensan que la transformación puede suceder para proteger el cuerpo huésped, entonces también sucedería para salvar a alguien de la inanición o de la exposición.
Parece razonable si nos basamos en las enseñanzas del Credo.
Pero la palabra se me clava en la mente como la saeta de una ballesta en un blanco.
Soy hija de mi madre y no creo que los dragones sean seres de Sombra de Éter. Creo que son seres de Luz de Éter, y esta es la fuerza de la vida. Lo que significa que tendría sentido que protegiese .
El corazón me retumba en el pecho a medida que mi mente se acelera.
Pero, entonces, si la Luz de Éter es lo que provoca la transformación, y es un mecanismo de supervivencia, ¿por qué casi parecía que el dragón amarillo del tejado oscilaba de bestia irracional a consciente en la presencia de más Luz de Éter a medida que la extraía entre nosotros? ¿No lo haría más fuerte?
Mamá podría ayudarme a resolver esto . Voy a compartir esta teoría con ella en cuanto salga de aquí.
Aún no lo tengo del todo. Estoy pasando algo por alto…
, algo importante. Pero voy por el buen camino.
Lo sé con la misma claridad con la que puedo sentir ahora la corriente de Luz de Éter en mi interior.
Me giro hacia Lucan por instinto para decírselo, y el movimiento me alarma.
Me he girado hacia Lucan, no hacia Saipha .
Siempre he acudido a mi mejor amiga, mi única confidente, y no es que no quiera decírselo, porque quiero.
Pero, por primera vez, tengo a alguien más a quien acudir.
El número de personas en las que puedo confiar se ha duplicado.
La expresión de Lucan elimina todos los pensamientos acelerados que tengo en la mente como una tormenta. Tiene un aspecto que roza lo homicida.
—Sospechaba que iba a pasar algo, pero no esto. Esto podría haber sido un ejercicio desafiante para que encontrásemos alijos de provisiones, no una lucha por nuestras vidas, enfrentados los unos a los otros. —Lanza una mirada de odio no muy sutil a un inquisidor. Si se ha dado cuenta, no reacciona.
—Respirar en Vinguard significa luchar por tu vida —parafraseo el conocido refrán de aquellos que han sobrevivido al Tribunal. Se me retuerce el estómago dolorosamente. ¿Es eso lo que deben pensar todos para justificar lo que se les ha hecho, lo que se les hace a sus hijos?
—Deberíamos encontrar un sitio que declarar como nuestro. Un sitio seguro y cálido. —Saipha se frota los brazos—. Después podemos hallar provisiones y buscar los alijos. ¿Quizás el pequeño cobertizo del invernadero?
—Todos van a ir ahí. —El tono de Lucan sugiere que no está ni interesado en probar esa opción.
—¿Las salas de estudio, entonces? —sugiere Saipha.
—Necesitamos un sitio que no sea tan obvio. —Lucan lanza una mirada recelosa a Cindel y su grupo. Nos fulminan con la mirada antes de irse fatigosamente—. No dormiremos por la noche si sentimos que nos van a atacar en cualquier momento.
—Podemos hacer turnos igual que antes —argumenta mi amiga—. Solo necesitamos algo con lo que obstruir la puerta.
Estoy callada mientras hablan, pensando sin parar pero de una forma totalmente distinta. Seguro . La elección de palabras que ha hecho Saipha se me queda clavada. Hay un escondite seguro tras el soporte para ballestas . La primera pista de Callon fue esencial. Puede que esta también lo sea.
—Vamos a la torre del artífice —digo en voz baja para que solo me oigan Saipha y Lucan. Los otros se mueven hacia las diferentes áreas del monasterio, al tiempo que lanzan miradas recelosas a los demás suplicantes.
Hay una tensión en el ambiente, como un arco que se tensa. Todos estamos temblando, esperando para salir disparados en direcciones distintas.
Y, cuando la primera persona empieza a correr, todos lo hacemos.
Después de habernos matado de hambre poco a poco, los inquisidores han conseguido condicionarnos para esperar lo peor con éxito.
Hay gente que da codazos, a algunos los empujan por las escaleras.
Aparto a Saipha y a Lucan a un pasillo lateral con el fin de salir del flujo principal lo antes posible.
El hecho de que Cindel se haya alejado la primera y ahora no sé dónde está hace que el temor me corra por las venas.
Tomamos los pasajes posteriores que rodean los muros exteriores de las varias torres y alas que componen el monasterio. Es una ruta más larga hasta llegar allí, pero es más segura.
—¿Por qué la torre del artífice? —pregunta Lucan—. Tienes algo en mente. Lo sé.
—Es un presentimiento —le contesto con la respiración pesada al tiempo que empezamos a subir el último tramo de escaleras.
A raíz de la búsqueda del primer día, recuerdo las diferentes habitaciones de esta torre; una tenía los materiales para hacer ballestas.
Es el único sitio que se me ocurre que pueda tener un soporte para ellas.
Se me revuelve el estómago cuando entramos en la habitación.
No hay ni un arco, solo estanterías. La examino y la vuelvo a examinar.
La primera pista que me dio Callon fue precisa y correcta; aunque hubieran cambiado algo, como el color de las escaleras, las directrices fundamentales han sido útiles.
Me niego a rendirme con tanta facilidad.
Presiono los labios y me concentro, pues sé que nuestras vidas dependen de que averigüemos esto. ¿Han quitado el soporte o es que hay otro significado para lo que me dijo? Ambas opciones son posibles.
—¿Qué estamos buscando? —Lucan se pone delante de mí y me para en seco. Ni siquiera me había dado cuenta de que he estado caminando de un lado al otro entre las estanterías—. Dínoslo para que podamos ayudarte.
—Un soporte para ballestas —contesto.
—¿Un soporte para ballestas? —repite Saipha—. El único sitio que tiene suficientes armas como para necesitar un soporte es el área de entrenamiento, pero, ahora que lo pienso, todos los arcos están colgados de ganchos.
—Lo sé…, por eso he venido aquí, con la esperanza de que hubiera un soporte al lado del sitio en el que puedes construir uno.
—Sé dónde hay uno —salta Lucan.
—¿Que sí? —Me giro a la vez que Saipha y subo la voz de la emoción.
—Vi uno cuando estaba buscando un lugar tranquilo para practicar con el sello que descubrí dentro de la estatua del dragón aquella primera noche.
Por aquí. —Nos guía afuera de la habitación y de vuelta a las escaleras.
Toma otro pasillo silencioso y poco iluminado, y se para en seco ante un soporte para una sola ballesta que está instalado en la pared—. Aquí. ¿Esto es lo que estás buscando?
Se trata de una réplica de una ballesta hecha entera de acero fundido. La rodea un amplio panel de madera, adornado con grabados de dragones que vuelan atravesados por rayos. Hay una placa de acero puesta en la parte superior. En ella, se puede leer: En honor a la primera Muerte por Piedad.
—Apenas se puede decir que sea un soporte. —La decepción en mi voz es evidente.
—Pero técnicamente lo es —señala Lucan.
—¿Cómo va a servirnos esto de ayuda? —Saipha echa una mirada por encima del hombro, hacia el final del pasillo—. Alguien podría acercarse en cualquier momento y darnos una paliza. Necesitamos algo más que una ballesta de adorno; necesitamos una de verdad, por lo menos.
—No tengo intención de luchar con nadie —contesto.
—Yo lucharé si hace falta… —murmura Saipha, y su voz se va apagando.
Me centro en la ballesta plateada. El arma está firmemente soldada al panel de madera, pero el panel en sí no tiene unos ganchos visibles, clavos o tornillos que lo sujeten a la pared. Qué curioso… Lo agarro y le doy un tirón decidido. No se mueve.
—Solo es una réplica. ¿De qué nos iba a servir? —Saipha está prepotente hoy. No la culpo. La idea de pasar más días con hambre y con miedo a los demás suplicantes no es muy atractiva.
Lucan inspecciona la ballesta y la montura.
—Prueba a girarla.
La tuerzo y se balancea con suavidad sobre un eje oculto. Suena un chasquido dentro del muro. Tiro de ella y la placa entera se abre como una puerta, revelando una habitación oculta.
—Pero qué… —susurra Saipha—. ¿Cómo sabías que esto estaba aquí? —Me agarra del hombro y me gira para mirarme directa a los ojos—. Isola, ¿estás haciendo trampas ?