La maldición del dragón 45
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M e despierto en una habitación que estoy segura de que es parte del monasterio. Lo sé por la argamasa rugosa e irregular que hay entre la piedra. Este lugar ya me es dolorosamente familiar. Una sencilla túnica me cubre la ropa interior cuando me muevo bajo una manta pesada.

No es una de las habitaciones normales para suplicantes. Los acabados son un poco demasiado buenos. La cama es un poco más ancha. Hay una cómoda y un escritorio adecuado con una silla. ¿Quizás es una de las habitaciones de los inquisidores?

Giro la cabeza y me encuentro con un par de ojos dorados y marrones que conozco. Padre está sentado junto a mí, tiene los hombros encorvados, como si llevara horas encaramado ahí.

—Isola. —Suelta un suspiro de alivio y se agacha para darme un beso en la frente.

—El vicario te ha llamado de verdad. —Muestro mi estupor—. No estaba segura de si me haría caso.

—Cuando escuché lo que había pasado, quise venir de todas formas. Ser un alto coadjutor tiene sus beneficios. —Sonríe débilmente—. Me dijo que querías hablarme acerca de un arma, ¿no?

Veo que el vicario omitió la posibilidad de que necesite un sello para estabilizar el poder de mi interior.

Por extraño que parezca, ya me siento mejor.

Puede que el descanso (y no estar en la Pila) fuera suficiente.

Miro hacia la ventana. El sol está bajo en el cielo.

Debo de haber estado inconsciente unas pocas horas.

—Eso era solo una excusa. —Me incorporo y lo miro a los ojos—. Estás al tanto de las tinturas que me hacía mamá, ¿verdad? —Sube un poco las cejas. Tan poco que no lo habría notado si no le estuviera mirando directamente. No es un no, y para mi padre eso es un sí—. Necesito que me consigas una.

Se pasa la mano por el pelo, aparta la mirada y niega con la cabeza.

—No puedo.

—Conozco las reglas del Tribunal. Pero la Pila… Nunca me he sentido peor, padre. Y no creo que sobreviva si no encontramos una forma de…

—Incluso si quisiera, no puedo . —Eso me hace callar. Continúa—: Tu madre se ha ido, Isola.

—¿Se ha ido? —Una sensación enfermiza me revuelve el estómago—. ¿El vicario ha…?

—No. Está desaparecida.

Analizo su rostro, dejando que las palabras cobren sentido.

—Mamá no desaparecería. —Agarro las sábanas y los nudillos se me ponen blancos. Ella no me abandonaría—. El vicario la ha asesinado.

—No lo ha hecho.

—Deja de estar obsesionado con él por un segundo y escúchame —le grito.

—Deja de permitir que tu odio hacia él te impida ver lo que tienes justo delante. —Me agarra de los hombros y me sacude con cuidado, mirándome otra vez a los ojos. Hay una verdad en ellos que está intentando hacerme ver—. Ella. Ha. Desaparecido .

Ver lo que tengo justo delante … Está tan firmemente convencido. Padre no lo estaría, a no ser…

—Sabes algo.

—Escúchame. —Ahora habla con una voz baja y urgente.

Habla sin soltarme. Tan bajo que, incluso si hubiera alguien más en la habitación con nosotros, no podrían escucharlo—.

Cuando retomes tu puesto en el Tribunal, debes ser lo que esperan de ti como Valor Reencarnado.

Pase lo que pase. Si el vicario te exige que extraigas Éter sin un sello, debes hacerlo.

—¿Incluso si me mata? —Lo último que quiero ahora mismo es tener más Luz de Éter dentro.

—No lo hará.

—¿Cómo lo sabes? —inquiero.

—No creerás que eres la única persona con la que tu madre compartía los detalles de su investigación, ¿no? —me dice dulcemente, casi con tristeza.

Me quedo congelada en el sitio. Callada por la sorpresa.

—Ella sabe algo. ¿Qué te ha contado?

—Más de lo que nos das crédito a mí o a ella.

—Suelta una risita—. Estaba casado con ella.

¿De verdad crees que no me daba cuenta de cómo era la mujer con la que pasaba las horas y los días?

¿No crees que yo, un investigador de la Luz de Éter, no estaría fascinado con sus teorías?

—Tiene una sonrisa honesta pero triste—.

Y ambos supimos, en cuanto te atacó el dragón y te convertiste en Valor Reencarnado, que necesitarías a dos paladines: uno dentro del sistema y otro en el exterior.

Trago con dificultad. Tengo la garganta seca.

—Mamá y tú…

—Puede que hayamos tenido nuestras diferencias y problemas, pero tú, Isola, eres lo único sobre lo que siempre hemos podido llegar a un acuerdo.

—Todos estos años… ¿estabais cuidando de mí los dos?

—Todos estos años —repite de una forma que no deja lugar a dudas.

—¿Por qué no me lo dijisteis? —susurro.

—Solo eras una niña, Isola. Te contamos lo que podíamos como podíamos, guiándote a nuestra manera.

—Padre me decía que siguiera al vicario, pero nunca me presionó para que me tomara en serio las enseñanzas del Credo, a pesar de que él ascendía entre sus rangos.

Madre me enseñaba sobre su investigación en secreto para asegurar que supiera las verdades de nuestro mundo…

De pronto, todos los puntos aleatorios de mi vida se alinean y trazan una línea recta hasta este momento.

Hay tantas cosas saliendo a la luz. Pero todavía falta algo.

—Sé que seguramente no nos queda mucho más tiempo, pero hay algo que necesito saber, padre.

Aunque no me puedas conseguir una, ¿qué son las tinturas?

—Por algún motivo, siento que, si lo averiguo, todo lo demás tendrá sentido.

Y la forma en que parece tensarse ante la simple pregunta me dice que estoy en lo cierto—.

Es mi vida la que está en riesgo también, y ya no soy una niña.

Necesito saber qué está pasando si voy a mantenerme a salvo a mí misma o a cualquier otro.

—No…, ya no eres una niña. —Hay algo de melancolía en su suspiro, como si me estuviera imaginando todavía como una niña sentada en su regazo, jugando con los engranajes de las ballestas en las que estaba trabajando—.

El vicario tiene la intención de quitarte tu poder para quedárselo él una vez haya madurado por completo.

Como si fuera una especie de incubadora. Tuerzo el gesto.

—¿Acaso es posible?

—Está decidido a averiguarlo. Cree que es él quien estaba destinado a ser Valor Reencarnado y que tú fuiste… un error. — Hay un destello de rabia en su mirada que nunca he asociado con mi padre, que por lo general habla en voz baja y es sensato.

—¿Y qué le hace pensar que podría? —Sigo dándole vueltas a esa pregunta—. Incluso si soy un «error», ¿cómo podría arrebatarme el poder que me tiñó los ojos de dorado y me permite extraer de la Pila sin usar un sello?

—La cicatriz —contesta con solemnidad.

—¿Qué pasa con ella? —Me presiono la mano contra el pecho.

—No estoy seguro de cómo se curó, pero… ¿alguna vez te has parado a mirarla con detenimiento?

¿Mirarla con detenimiento? No puedo escapar de ella ni un segundo de mi vida.

—Claro. Nudosa. Retorcida. Como una telaraña. Como si fuera una especie de arcilla agrietada. Fea…

—No la mires con los ojos de la sociedad y sus ideas superficiales de la belleza. Mírala con objetividad, Isola.

Frunzo el ceño y se me juntan las cejas. ¿Qué es lo que intenta que vea?

—Padre, sé que tu instinto siempre ha sido enseñarme las cosas a través de preguntar e investigar, pero ahora no es el momento.

—Es un sello. —Inspiro bruscamente y me enderezo.

—Un sello… Es imposible. —Ahora que lo pienso bien, sí que podría parecer uno…

—Se trata de uno que no hemos visto antes. Ni siquiera yo sé lo que hace. Mi única teoría es que la Luz de Éter que reuniste fue tan potente que te quemó el sello en la piel.

—Y el vicario lo sabe. —Después de todo, fueron sus coadjutores los que me curaron las heridas. Habrían visto el contorno dentado de lo que se transformó en la cicatriz. Un sello forjado en sangre, mi sangre.

—He dedicado mi vida a intentar averiguar qué hace exactamente.

He intentado paralizar al vicario Darius y desviar su curso, pero tiene muchos medios.

Hay un límite a lo que puedo hacer, Isola.

Puede que sea el maestro artífice, pero hay otros que también son buenos.

Quizás no tanto como yo, pero lo suficiente como para avisar al vicario si se dan cuenta de que estoy siendo torpe a propósito. —Suspira con pesadez.

Es por eso… ¿Es por eso por lo que ha trabajado tan duro para convertirse en el mejor artífice de Vinguard y colocarse justo al lado del vicario como alto coadjutor?

Le rodeo con los brazos otra vez y le abrazo con fuerza. Padre deja salir un « Uy » bajo y sorprendido, pero no dice nada más. Se limita a abrazarme igual de fuerte.

—Las tinturas están diseñadas para manejar el flujo de Luz de Éter de tu interior. Aunque tu madre y yo no pudimos averiguar lo que hace el sello, sí que parece que aumenta tu capacidad de extraer de la Pila. Siempre tuviste una inclinación hacia la Luz de Éter, pero todo cambió después del ataque.

—Y si reduces el flujo de Luz de Éter en mi interior con una tintura, pospones que extraiga de la Pila sin un sello. —O eso parece, ya que no sabemos qué hace el que tengo grabado en el pecho—. Para que el vicario no consiga lo que quiere —concluyo mientras me alejo.

Las tinturas no estaban reprimiendo a un dragón desde dentro.

Estaban reprimiendo mis capacidades. Es posible que todo este tiempo haya tenido el poder de Valor, solo que no era seguro para mí que lo manifestase.

Porque en cuanto lo hiciera el vicario tendría por fin lo que deseaba y yo ya no le serviría para nada.

Me robaría este poder y se desentendería de mí.

—Padre, si todo esto es cierto, ¿por qué dices ahora que debo ceder a sus exigencias? ¿Por qué iba a extraer Luz de Éter sin un sello, incluso si puedo?

—El tiempo se está agotando. El vicario te hizo Valor Reencarnado, Isola.

Puede deshacerlo con la misma facilidad —me contesta.

Una protesta me brota en el interior, pero no me atrevo a formularla.

Los Caballeros de la Piedad me obedecieron en las fosas de quebranto porque me veían como Valor, ¿no?

Y si puedo controlar a los Caballeros de la Piedad…

, ¿quién tiene el poder de verdad aquí?—.

Tienes que ganarnos tiempo a los demás. Estamos cerca de resolver esto, Isola.

Pero tu madre y yo necesitamos un poco más de tiempo.

—Pensaba que odiabas a mamá —susurro con tono interrogador.

—Puede que no hayamos sido la mejor pareja románticamente hablando, pero eso no quiere decir que no podamos trabajar juntos de otras formas. La respeto más de lo que crees.

—¿Y nunca creíste que yo fuera Valor Reencarnado de verdad? —Voy a soltarle, pero él no me suelta, por lo que nos mantenemos así, susurrando cada palabra con prisa.

—No. Nunca creí que fueras Valor Reencarnado, pero sí que tenías que complacer al vicario para mantenerte a ti y a todos nosotros a salvo mientras averiguábamos el mejor camino.

Y debes complacerle solo un poco más, Isola.

El Tribunal casi ha terminado, y cuando lo haya hecho, cuando entres en la Piedad, todo cambiará.

Estas palabras que me dice… Es como si hubiera esperado toda una vida para escuchar estas palabras.

He soñado con este momento, sin darme cuenta nunca de que me entiende por completo.

La prueba de que estaba de mi parte, no de la del vicario.

Y, ahora que lo sé, me siento estúpida por creer otra cosa.

Mi padre es mío, no del vicario. Y es toda nuestra familia contra ese hombre horrible.

Sin previo aviso, la puerta se abre y revela al vicario, y el aire de la habitación se vuelve más frío y escaso de golpe.

—Bien, estás despierta. —Sus ojos se mueven entre mi padre y yo—. Un reencuentro conmovedor.

—Lo es, pero también he compartido con mi padre lo que descubrí en la Pila.

—Bien —me felicita—. ¿Y cómo te sientes? ¿Todavía eres capaz de extraer Luz de Éter sin un sello?

Miro a mi padre y me sostiene la mirada sin pestañear. Tomo prestada su valentía y la convicción de sus palabras. Todo esto es parte del plan. A pesar de que desconozco el alcance completo de lo que es, tengo fe en el amor de mi familia.

Extiendo la mano y encuentro la conexión con la Pila con más facilidad que nunca antes.

La Luz de Éter fluye por mi cuerpo, me revuelve el estómago y hace que la cabeza me dé vueltas.

Todavía estoy exhausta, pero sigo adelante e ignoro la sensación viscosa que me cubre la parte interna de la piel.

Me centro en la Luz de Éter que me fluye por dentro.

La magia que me ha exigido que haga salir durante años de entrenamiento.

Antes nunca podía, pero esta vez me aparece una llama diminuta en la palma vacía.

Baila ante los ojos del vicario como un fuego que podría amenazar con quemar Vinguard entero.

Respira lento, como si pudiera inspirar el poder puro que he acumulado. Como si le estuviera ofreciendo el mayor regalo que pueda imaginar.

Da unos pasos hacia adelante, sin mirar nada más que a la llama.

Cierro el puño y apago el fuego, y me mira a los ojos.

La chispa que vi antes sigue brillando en ellos.

El pecho le sube y baja lentamente, como si se estuviera forzando a respirar sin alterarse para ocultar la emoción salvaje que veo tras su fachada.

Espero que, sea lo que sea lo que mis padres han maquinado, lo que le ha dado a mi madre un motivo para desaparecer, le ponga fin a esto pronto. Ya solo queda menos de una semana en el Tribunal.

Porque no importa lo que tenga planeado el vicario para mi poder, sé que no va a detenerse ante nada para hacerse con él.